Por Emancipa Chile
Bandas criminales de Lo Espejo ofrecieron $100 millones para asesinar a la alcaldesa. Embarazada de ocho meses, ella no retrocede. La solidaridad fue masiva e inmediata.
Javiera Reyes tiene 36 años, ocho meses de embarazo y es alcaldesa de una comuna en la que el narcotráfico convive con sus habitantes. Desde que asumió como alcaldesa de Lo Espejo el 2021, esta ingeniera comercial y militante del Partido Comunista, decidió enfrentar de frente a las bandas criminales que habían copado el territorio: demolió “narcomausoleos” instalados en plazas, clausuró búnkers de venta de droga, retiró cámaras de vigilancia clandestinas y recuperó espacios para que vecinas, vecines y vecinos, de una de las comunas más vulneradas del país, pudieran volver a habitarlos.
El crimen organizado respondió con lo que sabe hacer: amenazas de muerte.
El miércoles 11 de febrero, Javiera Reyes, reveló públicamente que bandas de narcotraficantes de la comuna, habían reunido $100 millones de pesos para contratar a un sicario extranjero y asesinarla. La información, verificada mediante testimonios vecinales y ya en manos de la Fiscalía, surgió principalmente tras la demolición de la sede del Club Deportivo Varsovia, que había dejado de ser un espacio deportivo para convertirse en un centro de operaciones del crimen organizado. “Me transmitieron que le pusieron valor a mi muerte. Ofrecieron, entre varias bandas de narcotraficantes, $100 millones de pesos por mi cabeza”, declaró.
Las amenazas no se detuvieron ahí. El 12 de febrero, mientras se reunía con el ministro de Seguridad Pública Luis Cordero, la propia alcaldesa denunció haber recibido ese mismo día nuevas amenazas escritas, enviadas a sus cuentas personales. Los mensajes fueron derivados a la Brigada del Cibercrimen de la PDI y a la Fiscalía. Un patrón sostenido de hostigamiento que lleva años: episodios en redes sociales, presiones territoriales y una balacera mientras se desarrollaba un bingo comunitario.
Cuando el blanco es una mujer el análisis no puede ser neutro al género
Las amenazas contra Javiera Reyes son violencia política. Pero leerlas solo como una disputa territorial entre una autoridad y el crimen organizado, sería un análisis incompleto, porque deja fuera una variable que no es menor: ella es mujer. Y la violencia, como nos ha enseñado el feminismo, no se ejerce de la misma manera sobre todos los cuerpos.
La academia latinoamericana, ha documentado con creciente solidez, que las mujeres en política enfrentan formas de hostilidad que no son equivalentes a las que enfrentan sus pares masculinos. Investigadoras como Mona Lena Krook y Juliana Restrepo Sanín, en un artículo publicado en la revista Política y Gobierno del CIDE —Centro de Investigación y Docencia Económicas, una de las instituciones académicas de ciencias sociales más prestigiosas de América Latina— argumentan que los actos de violencia contra las mujeres en política buscan, entre otras cosas, reforzar los roles de género y restaurar la división que históricamente ha reservado la esfera pública para los hombres. No es sólo, que las mujeres que incomoden por lo que hacen: incomodan también por lo que representan.
Esto, no significa que las bandas narcotraficantes de Lo Espejo hayan redactado un manifiesto patriarcal antes de poner precio a la cabeza de Javiera Reyes. Significa que la violencia tiene contextos y que esos contextos están atravesados por el género. El crimen organizado es una estructura profundamente masculina y masculina: sus jerarquías, sus códigos de honor, su control territorial y su ejercicio de la intimidación, están construidos sobre lógicas patriarcales. Cuando esa estructura se enfrenta a una mujer, que le disputa el territorio con legitimidad democrática, con apoyo vecinal y sin miedo visible, la respuesta no puede leerse como si el género fuera un dato irrelevante.
A esto se suma la dimensión simbólica que IDEA Internacional —organismo intergubernamental especializado en democracia y derechos políticos, con sede en Estocolmo y presencia regional en América Latina— ha documentado en su estudio sobre violencia política digital en la región. Usando la figura de una “pirámide de violencia”, el estudio describe cómo el hostigamiento en redes sociales puede escalar progresivamente hasta la amenaza física. No son fenómenos separados: son eslabones de la misma cadena. Y cada amenaza contra una mujer que gobierna es, también, un mensaje dirigido a todas las que podrían hacerlo.
Aplicar el filtro feminista no es forzar una lectura ideológica sobre los hechos: es recordar que en nuestras vidas y cotidianidad la violencia y discriminación de género sí existe, sí opera y sí importa.
Una solidaridad masiva y transversal
La respuesta ante las amenazas fue inmediata y provino de todos los ámbitos. Jeannette Jara, excandidata presidencial y compañera de militancia, escribió: “Fuerza alcaldesa, compañera y amiga”. La Asociación Chilena de Municipalidades (ACHM) condenó energéticamente los hechos y activó un protocolo de solidaridad institucional. Su presidente, Gustavo Alessandri, fue categórico: “Cuando amenazan a un alcalde o alcaldesa, nos atacan a todos. Estas amenazas no son solo contra una persona: son un ataque directo al Estado en el territorio, a la institucionalidad democrática y a la posibilidad de gobernar con dignidad y seguridad”.
Karina Delfino, alcaldesa de Quinta Normal y vicepresidenta de la ACHM, llamó las amenazas “absolutamente inaceptables y condenables”. Por otro lado, el Concejo Municipal de Lo Espejo, emitió un comunicado formal de respaldo, donde señaló que; “estas amenazas no solo atentan contra la alcaldesa, sino contra la voluntad democrática de toda una comuna que ha decidido poner fin al control del espacio público por parte del crimen organizado”.
La solidaridad no vino sólo desde las instituciones. Las voces vecinales se han hecho notar y son respaldos que no aparece en los comunicados pero que es, quizás, la más significativa.
No hay vuelta atrás
Javiera Reyes lo dijo con claridad: “No vamos a echar pie atrás. Lo que nos mueve es la seguridad y la calidad de vida de nuestras vecinas y vecinos”. Y agregó algo que debería resonar más allá de Lo Espejo: “las amenazas son, paradójicamente, la prueba de que la gestión está funcionando. De alguna forma, las amenazas frente a las acciones que estamos haciendo, dan cuenta que hemos tomado decisiones y acciones acertadas”.
En un país donde se suele acusar a la izquierda de no saber enfrentar la delincuencia, Lo Espejo está respondiendo con hechos. Y la respuesta del narco es la confirmación más elocuente de ello.
Desde Revista Emancipa nos solidarizamos con Javiera Reyes y exigimos garantías necesarias para que las mujeres que ejercen el poder en los territorios más golpeados por la desigualdad puedan hacerlo sin poner en riesgo sus vidas, ni la de sus familias. La violencia contra una mujer que gobierna no es sólo un delito: es un intento de restaurar el orden patriarcal que dice que ese espacio no les pertenece. No lo vamos a permitir.