Estimado Santiago, me tomé un tiempo para leer tu columna en El Espectador y tengo varios argumentos en contra de aquello a lo que falsamente llamas derecho a la gestación subrogada. Tengo que decirte que me sorprende la ligereza con la que te refieres a un asunto tan complejo que atraviesa de múltiples formas a centenares de mujeres en Colombia y miles en el mundo. Supongo que tal inconsciencia viene no solo de que nunca vas a atravesar por un embarazo y un parto, sino de que, por lo que parece, te preocupaste muy poco por buscar de qué se trata todo este asunto.
Ahora hablemos de lo que realmente nos compete. Pienso que esta respuesta fácilmente podría ser mucho más extensa, pero solo me referiré a un par de asuntos en los que cometes no solo imprecisiones, sino que defiendes una posición altamente perjudicial para las mujeres.
Primero, no existe un derecho a la gestación subrogada. Que una actividad se realice a través de contratos civiles y que no sea declarada como ilegal por vacíos en la normatividad no la convierte en un derecho. Hay diversas teorías sobre “cómo nace un derecho” o qué criterios lo conforman. Lo cierto es que un derecho puede surgir de la combinación de diferentes elementos, como que sea un presupuesto indispensable para garantizar la dignidad humana, como, por ejemplo, la salud; que exista un reconocimiento jurídico, es decir, que la Constitución, las leyes o la jurisprudencia lo reconozcan y que, en esa medida, se derive una exigibilidad; esto implica que el Estado lo deba garantizar. La gestación subrogada definitivamente no cumple con ninguno de los criterios antes mencionados y, por lo tanto, no es un derecho.
Segundo, mencionas la libertad como el principio que rige la gestación subrogada, es decir, que si una mujer decide alquilar su vientre, no debería tener ningún impedimento para ello, menos si no le causa un daño a un tercero. De hecho, curiosamente citas tanto a John Stuart Mill como a Marx para apoyar tu argumento. En el capitalismo ninguna decisión que tomamos que esté mediada por el dinero es verdaderamente libre; en eso compartimos visiones.
Sin embargo, para ti no es un dilema que exista un pago; de hecho, mencionas que hay trabajos que casi nadie haría si no estuvieran mediados por el dinero. Y por lo tanto el Estado no puede intervenir en cómo alguien decide salir de su vulnerabilidad. No obstante, esos trabajos (que no mencionas en concreto, pero puedo pensar en aseo general, técnico de redes cloacales, embalsamador, operario de matadero) no afectan un derecho fundamental como lo es la dignidad humana y no es por la falsa relación que haces con que existe un “tabú relacionado con la sexualidad” es porque, a diferencia de esos trabajos, la gestación subrogada cosifica a las mujeres y las reduce a simples productoras o reproductoras y a los hijos e hijas como simples objetos que pueden ser comprados y vendidos. Entonces no, aunque medie “un consentimiento”, hay derechos que son irrenunciables y, por lo tanto, el Estado debe garantizarlos así las mujeres, en este caso, estén dispuestas a cederlos a costa de algunos pesos.
Además, la libertad a la que te refieres solo operaría para la primera elección que esa mujer tuvo al alquilar su vientre. Sin embargo, ¿qué pasa con la libertad de esas mujeres si no quieren continuar con ese embarazo por las implicaciones físicas y psicológicas que tiene? ¿O si, al contrario, es la familia que realizó el contrato con ella la que decidió que ya no quiere a ese bebé? ¿Su “elección” inicial pierde legitimidad ante estas decisiones posteriores? ¿Qué opción prevalece?
Tercero, el argumento de que la prohibición no impedirá que esta actividad se traslade al mercado negro es débil. Por supuesto que una norma restrictiva no va a impedir que la actividad desaparezca, pero no por eso el Estado debe permitirla. Las prohibiciones hacen parte de las políticas públicas que puede tomar un Estado para desincentivar una práctica y estas deben ir acompañadas de otras que prevengan y eduquen, sin mencionar aquellas que busquen garantizar un sustento mínimo y digno que evite que las mujeres tengan que recurrir a estas prácticas.
Sin lugar a dudas, este va a seguir siendo un tema de debate en Colombia, porque atraviesa a las mujeres en esferas muy íntimas, sin mencionar que está profundamente ligado a visiones coloniales y otras desigualdades estructurales que habitamos desde esta parte del hemisferio. No comparto en absoluto tu artículo, pero esta ha sido una maravillosa oportunidad para cuestionar y debatir sobre la gestación subrogada, término que, por último, prefiero llamar por lo que es: explotación reproductiva de las mujeres.
Saludos,
Ángela Cruz