*Este es un homenaje realizado a dos manos, por mi y mi madre Liliana Carmona.

Cuando era chica por estas fechas la pared del fondo de la Calle 12 de la Población Salvador Cruz Gana en Ñuñoa(Chile) aparecía un rayado. “Toño vive” versaba ese rayado anónimo, hecho en la rapidez de la noche dictatorial y cuyo autor o autora nunca conocí. El Toño del que habla el muro es mi papá.

Yo imagino quienes pueden haber realizado ese rayado, año a años, paciente y amorosamente. Pueden ser sus compañeros jotosos de clandestinidad, que hasta el día de hoy lo recuerdan y me abrazan con emoción cuando saben que soy su hija. También podrían ser sus amigos de la población, que lo admiraron cuando decidió abandonar las esquinas para embarcarse en el sueño grande de Allende, Gladys y cuantos más.

De hecho, cuando hace varios años atrás fui candidata a concejala por Ñuñoa recorrí cada pasaje de las poblaciones que lo vieron crecer y pude ver cómo muchos aún recuerdan y reconocen su historia. Pude ver incluso que muchos aún sentían miedo de reconocer que conocieron a un comunista que murió víctima de la dictadura.

Asimismo, como cuando hace unos meses atrás, trabajando en Arica, se acercó a mí una bella mujer afrodescendiente, que me dijo que ella había estado con mi papá en Francia.

Hace unos años me encontré con un texto doloroso: “Encontraron sus manos pero no sus dedos” decía un diario nacional de mi padre. Así, pequeñito lo encontraron, pero no sabían toda la grandeza de esa pequeña palma calcinada.

Por eso todos los días salgo de mi casa a trabajar, para continuar a la tarea alegre y revolucionaria, de construir un mejor y más justo Chile para todos y todas.

No encontraron sus dedos porque los tengo yo y a diario son los que
escriben palabras que intentan ser un aporte a las emancipaciones nuestras de cada día, que son las que tejen vida, que son las que acarician, que son las que brindan, que son las que se empuñan en alto.

Ese 15 de septiembre del 83 mi papá se hizo eterno en el muro de la esquina de
su casa y en todos y todas las que aún lo tienen en su memoria, porque como dijo Neruda, no terminó en sí mismo, pues se hizo indestructibles, eterno, maravilloso. …ejemplar.

“Alba, surco y semilla”, así llamaba mi papá a mi madre y a mí, a nosotros tres. Y ese nombre se ha marcado a fuego en mi vida, escuchando desde distintas voces la figura del Toño, de mi padre.

Mi papá murió un 15 de septiembre de 1983. Salió con el corazón rojo lleno de esperanza, a cumplir una misión, con ansias de que Chile volviera a ver la luz y de que yo y mis primos se criaran en una sociedad libre, principalmente libre. Mi padre ese día dejó de existir y pasó a la eternidad, sus acciones y su historia lo han hecho ser eterno, que aún hoy muchos de sus compañeros al verme en alguna actividad se emocionen de ver a la hija del Toño, de que en Salvador siga reviviendo, como dijo mi tía, mi re-Toño; de que mis hermanos, que no son sus hijos biológicos, hablen del papá Toño, y que mi padre de vida se sienta orgulloso también de haber sido su compañero de base.

Mi papá hoy sigue marchando, con su sonrisa de lado y su cuerpo grande, está presente en las pancartas que exigen derechos y demandan ser escuchados, está presente en la sonrisa de Salvador, en la mano de Nicolás que aprieta la mía, en el abrazo de mis hermanos, en la poesía de mi madre, en el recuerdo de tantos que lo conocieron y en la memoria de quienes lo han conocido ahora.

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Toño Vive

Por Liliana Carmona Soto

Han pasado 34 años desde el vuelo de Toño(literalmente) el 15 de septiembre de 1983.

Él, mi esposo y padre de mi hija Danae, miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, colocó un aparato explosivo en la Radio Agricultura, por esa época de Dictadura, un Cuartel de la CNI.

Toño, un joven audaz, amante de la paz e igualdad de los hombres, luchó en contra de la nefasta y cruel dictadura, desde el mismo 11 de septiembre.

El poeta creía fervorosamente en la repartición del pan.

Desde su ida, tuve que negar el amor que nos sostenía, para que no cayeran otros importantes compañeros.

Caracterice su imagen, cuando en los interrogatorios me preguntaban por él…con la luz reflectando en mi cara: el era raro, le gustaban las películas de terror, estábamos separados y un gran etcétera.

Este año, dignifico a mi amado, el que voló por los aires en busca de la liberación de nuestro Chile encadenado.

Hoy, sostengo: soy su viuda y Toño Vive y vivirá siempr en mi corazón.

Le amé y el amaré por siempre.

Viva el compañero, cómplice, amante y amigo.

Viva por siempre

Hugo Antonio Prado Arancibia

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