La nueva IA de Google podría estar presentando procedimientos quirúrgicos de alto riesgo como si fueran tratamientos estéticos simples.

*Por Ana María Portilla y Patricia Polanía


En países como Colombia, donde existe un mercado clandestino que vive precisamente de bajar la percepción de peligro, eso puede convertirse en un problema serio de salud pública.

Cuando una mujer busca el término “lipólisis láser” en Google, la interfaz de inteligencia artificial le muestra una cirugía de riesgo como si fuera un procedimiento cosmético sencillo. El sistema recopila información de páginas comerciales sobre cirugías estéticas y la devuelve al público con la apariencia de un dictamen médico neutral. Al centralizar la respuesta bajo este modelo, la tecnología de Google podría estar eliminando alertas básicas de peligro alrededor de intervenciones invasivas, provocando que muchas mujeres reciban, en primera instancia, publicidad disfrazada de información médica.

Pantallazo búsqueda AI Google

 

La “lipólisis láser” sí existe como procedimiento médico formal. El problema real no es catalogar la intervención como falsa, sino que no se trata de un tratamiento superficial ni “suave”: es una cirugía mayor invasiva que requiere incisiones, anestesia y personal altamente calificado. El núcleo de la controversia radica en cómo AI Overviews, la herramienta integrada al buscador de Google, y otras IA de acceso masivo estarían construyendo la explicación sobre este procedimiento, omitiendo su verdadera complejidad técnica. 

Si hoy una persona realiza esta consulta, estos sistemas entregan resúmenes cortos, tranquilizadores y alineados con el lenguaje comercial hablan de “mínima invasión”, “grasa localizada”, “rápida recuperación” y beneficios cosméticos. Sin embargo, dejan en segundo plano los riesgos anestésicos, cardiovasculares e infecciosos reales, una omisión que modifica directamente la percepción de riesgo de quien busca información en internet.

Este sesgo en los resultados es grave porque el lenguaje que suaviza la cirugía es, precisamente, la estrategia central que utiliza el mercado clandestino para la captación de mujeres. Las redes informales de estética estética necesitan neutralizar el miedo natural a entrar a un quirófano para poder atraer a sus pacientes; por ello, transforman términos médicos complejos en promesas de soluciones rápidas, indoloras y económicas. Al revisar fuentes médicas especializadas o clínicas que sí cumplen con los protocolos normativos, aparecen advertencias explícitas sobre el uso de anestesia general o regional, la necesidad absoluta de quirófanos formalmente habilitados por las autoridades sanitarias y el requerimiento de un monitoreo permanente. Al borrar esta complejidad, la IA de Google y otros modelos como la inteligencia artificial de Meta o Chat GPT, estarían validando de manera indirecta la misma narrativa de seducción comercial con la que operan las redes de cirugía ilegal.

Pantallazo búsqueda Meta AI

En el contexto colombiano, esta distorsión intersecta con una economía clandestina que ha prosperado bajo eufemismos como “mini-lipo”, “moldeamiento”, “lipólisis” o “suave brisa”. El impacto de este mecanismo de captación se evidencia en el caso de Yulixa Toloza, una mujer de 52 años que falleció tras someterse a una lipólisis láser en un centro clandestino que operaba sin autorización sanitaria en el sur de Bogotá. Atraída por la promesa de un procedimiento rápido y supuestamente menor, sufrió complicaciones críticas de salud durante la intervención, tras lo cual los responsables intentaron ocultar lo sucedido y desaparecieron a la mujer. El caso, que ya cuenta con personas arrestadas por las autoridades de Colombia y Venezuela en medio de una investigación penal por la muerte y el ocultamiento de pruebas, nos muestra cómo las pacientes ingresan a lugares inseguros bajo la creencia de que se someterán a un tratamiento cosmético, cuando en realidad están siendo introducidas a cirugías realizadas sin condiciones básicas de supervivencia. La encrucijada actual surge cuando ese mismo discurso utilizado para captar víctimas ya no proviene únicamente de la publicidad en redes sociales o de volantes dudosos, sino del buscador y las herramientas tecnológicas más usadas del mundo.

 

Pantallazo búsqueda Chat GPT

 

El origen de las fuentes agrava el escenario. Gran parte de la información que procesan estos sistemas de IA proviene directamente de las páginas comerciales de las propias clínicas estéticas que mejor pagan por su posicionamiento digital. Mientras tanto, las alertas sanitarias, los reportes de mala praxis, las investigaciones de Medicina Legal y las advertencias de las sociedades científicas prácticamente desaparecen del resultado principal. El algoritmo toma el contenido de marketing, lo reorganiza y lo devuelve con apariencia de verdad neutral.

Este fenómeno se intensifica con el modelo de “cero clic”. Antes del 2023, cuando esta tecnología es introducida,, una persona tenía que abrir varias páginas web y contrastar la información; en ese recorrido digital era habitual encontrarse con denuncias, noticias de muertes o testimonios de víctimas. Ahora, la IA entrega una respuesta cerrada, resumida y aparentemente suficiente, provocando que mucha gente ya ni siquiera acceda a otros enlaces. Esto cambia de raíz la forma en que las personas evalúan el peligro.

Si una mujer ya experimenta una presión estética estructural, recibe publicidad agresiva y consume discursos que minimizan los riesgos corporales, y luego Google y otras inteligencias artificiales le confirman exactamente la misma narrativa, las herramientas tecnológicas dejan de ser intermediarios neutrales y podrían convertirse en amplificadores de desinformación médica.

Aquí ya no se trata solamente de tecnología, sino de responsabilidad estructural. Cuando una persona toma decisiones sobre su propio cuerpo basándose en información incompleta o irresponsablemente simplificada por una inteligencia artificial, las implicaciones son críticas. ¿Quién responde cuando un algoritmo baja las alarmas de riesgo frente a procedimientos que pueden terminar en perforaciones, necrosis o paros cardiorrespiratorios? Las plataformas tecnológicas no pueden tratar las búsquedas sobre cirugías y modificaciones corporales como si fueran consultas cotidianas de consumo. 

Si una IA va a intervenir en las decisiones de salud de las personas, tiene que operar bajo estándares muchísimo más estrictos de seguridad y verificación. El algoritmo hoy no solo organiza información, también moldea decisiones; y cuando esas decisiones atraviesan mercados clandestinos, presión estética y procedimientos invasivos, una respuesta irresponsable podría terminar teniendo consecuencias reales sobre la vida y los cuerpos de las mujeres.

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