Instrucciones para ir a la playa: 1. Ten un cuerpo; 2. Ve a la playa.-

*Por Belencha

A las mujeres nos pasa mucho que sentimos vergüenza de mostrar nuestro cuerpo en tiempos veraniegos. Nos sentimos expuestas, más que nada, a las diversas críticas pasivo-agresivas y/o violentas que toda la vida recibimos desde los diversos círculos sociales. El feminismo latinoamericano, en toda su amplitud, también busca reivindicar las raíces mestizas y acabar con la presión estética impuesta por el capitalismo patriarcal que celebra una belleza euro centrista. Nosotras decimos que ya no nos pueden callar, ni mucho menos exigir el no celebrar la diversidad de nuestros cuerpos, sea en tallas, colores, cabellos, lunares, pecas, etc.

Un grafiti muy interesante dice que los que no tienen que llegar al verano son los ideales de belleza, invitándonos a replantear los patrones impuestos en su mayoría por las marcas de ropa, los suplementos alimenticios, la industria farmacéuticas (te enfermo ahora, te curo mañana) y por la dominación del hombre sobre las mujeres objetificando el cuerpo femenino como mayor arma, y por ende, convirtiéndolo en su mayor vulnerabilidad. Si nos ponemos a analizar cuántas de nuestras inseguridades nacen de lo estético, tendríamos una extensa lista que a la par de unos nombres de algún modo ejercieron presión estética por la salud, por la moral y las buenas costumbres dañándonos y creando inseguridad extrema respecto a nuestro aspecto físico.

En la región latinoamericana tropical y de climas exageradamente calurosos caracterizada por la pluralidad corporal por las ricas y varias raíces antropológicas, contradictoriamente se tiende a rechazar la belleza que no está direccionada específicamente al consumo pero al mismo tiempo se acepta y promociona lo diferente como exótico, dejándonos a las mujeres confundidas y con dudas sobre nuestras formas, nuestras estrías, nuestros cabellos ensortijados, nuestros aros nasales o nuestras tierras hechas carne. Somos bellas y exóticas hasta cierto punto. Cruzamos unas medidas imaginarias y nos convertimos en gordas y negras de cabellos de virulana estéticamente “sudacas”.

Como feministas debemos luchar con todas las herramientas posibles y apropiarnos de los patrones estéticos, re-escribirlos y re-interpretarlos desde nuestras realidades; aunque la verdadera batalla está en las playas y en las tiendas que venden trajes de baño. Debemos celebrar la diversidad y empoderarnos de la idea de que nuestros cuerpos son espacios de creaciones, revelaciones, de felicidad y de reafirmación de la identidad femenina latina. Nuestros cuerpos no son meros paquetes de venta de consumo (generalmente) masculino, sino que representan una historia, derrotas, luchas y conquistas.

El activismo feminista latinoamericano está pisando fuerte y quebrando muchas estructuras, pero debemos aumentar potencia y empoderarnos de nuestra arma mayor: el cuerpo. La lucha por el espacio y la aceptación de la diversidad corporal deben interpelarnos hasta lograr sentir la frase “mi cuerpo es mío” y a la par, combatir la confusión emocional, la baja autoestima y las ganas de modificarnos a nosotras mismas por culpa de lo que el mercado demanda.

No somos objetos de consumo ajeno, somos mujeres diversas y diferentes tratando de construir un gentil espacio en un violento transitar represor de belleza diversa y asesino de nuestro amor propio. Por eso, cuando vayamos a las tiendas a adquirir trajes de baño busquemos lo que nos gustaría vestir, no lo que nos taparía más ni sería visualmente menos chocante. Cuando vayamos a las playas que nuestro espíritu sea fiero como el agua, que nuestro cuerpo sea libre como el viento y el único fin sea disfrutar del solcito que nos acaricia y darnos un chapuzón que alivia el alma.

*Gordactivista, Blogger Feminista, 29 años de Encarnación – Paraguay. BLOG

Este artículo es parte de nuestro Dossier Febrero 2018 “Verano sin estereotipos”. Lee más aquí 👇

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