Clemarch

Foto: Mila Amarilla Marichal

*Por Clemen Bareiro Gaona

Escribir sobre lo que significó el 8 de marzo en Paraguay no fue tarea fácil, porque no pude detenerme únicamente en lo que fue el jueves, no podía escribir solo de la gran movilización, sino que de todo el trabajo que se vino haciendo desde hace años con las feministas que nos abrieron el camino y con este proceso -en las calles- que tiene poco más de un año.

Mencionar que este 8 de marzo, a raíz de mucha discusión y debate, nuestra voz política estuvo fuertemente marcada por reivindicaciones que abordan la urgencia de mejorar las condiciones laborales de todas las mujeres, las trans, las campesinas, indígenas, estudiantes, niñas, trabajadoras, lesbianas, todas.

La marcha convocó a 7000 personas que recibieron el mensaje y se sintieron parte de esa multitud que exigió mejores condiciones de vida para las mujeres: que no se nos mate por ser mujeres, que dejen de expulsarnos de nuestras tierras y gritar entre todas que el patriarcado va a caer. Tuvo la fuerza de las mujeres que están cansadas de los abusos, de los acosos y de las que ya no están. Dicha convocatoria fue incluso sorpresiva para quienes trabajamos la organización y preparativos del #8M, ya que nos encontramos en pleno año electoral y el candidato a presidente del partido de gobierno es abiertamente anti derecho y desde sectores vinculados a éste se instaló una campaña que comenzó el 8M pasado contra la “ideología de género” y por supuesto contra las feministas. Es por eso que para nosotras el hecho de que tanta gente haya recibido el mensaje y se haya sentido convocada fue una hermosa prueba de que otro país es posible.

Además, diferentes acciones por grupos autoconvocados y autónomos se vivieron en Encarnación, Pilar y Ciudad del Este. Lo que nos demostró una vez más que la agenda feminista no es solo asuncena.

Nos encontramos en un momento clave. Somos mujeres de diferentes sectores que empezamos a construir una nueva forma de organización. A un año de la primera marcha sabemos que no todas somos amigas, no todas somos geniales y por suerte somos bien diversas, con nuestros feminismos variados que nos identifican. Sin embargo, tenemos en común la lucha contra el heteropatriarcado capitalista, en sus formas más crudas, y las más sutiles, en sus expresiones colonialistas, racistas y cis sexistas, que intervienen en nuestras vidas/cuerpos cotidianamente

Una de las reivindicaciones, presentes en el manifiesto de la articulación del #8M, que leímos en una plaza llena de mujeres expresa: “Las mujeres campesinas denunciamos la persecución y la criminalización del Estado en la lucha por nuestros derechos. Nos expulsan de nuestras tierras con violencia y nos juzgan y condenan por buscar un lugar donde vivir y producir. No somos reconocidas como agricultoras aunque seamos quienes sembramos, cosechamos y resguardamos las semillas nativas. Exigimos justicia por Guahory y Marina Kue.

Las mujeres indígenas exigimos el fin del desarraigo, el abuso y la explotación en las estancias. Exigimos el reconocimiento y devolución de nuestras tierras ancestrales, el respeto a nuestros saberes y nuestras capacidades de cuidar la tierra.”

Dos días después de ese momento político donde las mujeres reivindicamos la igualdad de derechos laborales, sociales, políticos y económicos; unos sicarios asesinaron a una mujer campesina parte del comité de mujeres que lucha por la tierra en puente Kyha – Canindeyú. Ellas reclaman tierras que son ocupadas por no sujetos de la reforma agraria y que son utilizadas para el cultivo de la soja. Reflexionar sobre lo que nos queda por hacer y cómo avanzar es el desafío en Paraguay. Ampliar las miradas, vivir la interseccionalidad, ampliar los límites de la empatía y sororidad, e identificar las muchas cabezas de nuestra opresión, son algunos de estos desafíos.

El movimiento feminista en Paraguay, así como en la región y en el mundo tiene una larga historia. Sin embargo, podemos decir que esta explosión que ocupó el espacio público, que construyó propuestas asamblearias abiertas, donde asistían de forma autoconvocada organizaciones sociales y políticas de lo más diversas, y muchísimas chicas jóvenes, es un fenómeno nuevo que de alguna forma tiene como antecedente las marchas que se hicieron en la Argentina con el movimiento NI UNA MENOS en contra de los feminicidios. Hoy en Paraguay hablar de feminismos en plural, es mucho más visible.

Percibimos que estamos empezando a construir un nuevo movimiento que toma las calles y desafía a la construcción impuesta, que asume el arte como lenguaje, y no para de multiplicarse en propuestas y respuestas, desde el teatro, el video, la música, desde muchos rostros y voces, y también desde el deporte, el ciber activismo y la llegada territorial, todo esto en una sociedad que todavía se enoja al escuchar nuestras consignas, sobre todo las que tienen que ver con la soberanía de nuestros cuerpos, nuestras vidas y nuestros territorios.

Es así que nuestro mayor compromiso es que el manifiesto del #8MPy no se quede en la lectura emotiva de ese jueves en la plaza de la Democracia frente a 7000 personas. Sino que juntemos nuestras fuerzas para combatir todas las injusticias de este capitalismo salvaje sostenido por el heteropatriarcado.

Es un momento que exige reflexión y acción. Pensarnos desde nuestras diversidades y desde nuestras diferencias no es tarea fácil, sin embargo, es tarea urgente. Debemos asumir como feministas y como movimiento que estamos generando un cambio cultural y esto molesta a los que sostienen el statu quo. No fue azaroso que post #8M no hayamos tenido la misma cobertura de prensa que el año pasado o que cuando hablamos de violencia hacia las mujeres.

Durante todo el mes previo al #8M, en los medios de prensa, donde tuvimos presencia, así como en todas nuestras acciones y performans, se remarcó que nuestras reivindicaciones tenían que ver con el fin de la explotación laboral hacia las mujeres. Que se reconozca el trabajo invisibilizado de las mujeres, que se deje de discriminar por ley a las trabajadoras domésticas, que las mujeres campesinas e indígenas no sean expulsadas de sus tierras y se respeten las semillas originarias. Que las trabajadoras trans, lesbianas, bisexuales no sigan sufriendo discriminaciones ni que sean excluidas de los espacios laborales. Que las mujeres accedamos a igual salario que los hombres por igual trabajo. Por supuesto exigimos el cumplimiento de las leyes que protegen a las mujeres en sus entornos de trabajo y que el estado se haga cargo de pensar y generar políticas de cuidado.

Todas estas reivindicaciones marcan nuestra línea de lucha contra el patriarcado y el capitalismo. Así, una vez más la realidad convoca a las mujeres a pararse de frente al enemigo y cantar:

¡Abajo el patriarcado que va a caer que va a caer!

Y

¡Arriba el feminismo que va a vencer que va a vencer!


Este artículo es parte de nuestro Dossier Marzo 2918 Mes de las Mujeres. Lee más aquí 👇

NOSOTRAS PARAMOS 8 marzo 2018

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