Emprender nuestro futuro, empoderadas y sin límites

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Por Vane Mari*

Este 8M se colmaron las calles, la consigna “Nosotras Paramos” estuvo a flor de piel; se nos inflo el pecho de orgullo para gritar nuestros logros pero más fuerte se escucharon los reclamos por todo lo que aún nos falta. La lista es larga. La inclusión en el mundo del trabajo y resistir en él es, sin dudas, una deuda que parece difícil de saldar.

Resulta complejo que las mujeres de hoy podamos conjugar y compatibilizarla carrera profesional con las tareas del hogar, la maternidad, los estudios y la vida laboral. Sin embargo, existen otros grupos de mujeres que también encuentran limitaciones al momento de salir a buscar trabajo, y es el grupo de quienes están expuestas a situaciones de vulnerabilidad.

Quizás sea este el punto de partida para buscar alternativas posibles y afrontar las complicaciones del trabajo: una opción es el universo de los emprendimientos. Algunos son motivados por necesidad, es decir, la falta de empleo, otros ven oportunidades para incrementar sus ingresos o están en busca de la independencia económica. Cualquiera sea la motivación, sabemos que emprender no es tarea fácil, combinar saberes y habilidades para dar inicio a un proyecto productivo es todo un desafío y esto vale  tanto para quien lo hace de manera individual o asociada. Sin embargo, en este mundo del emprendedurismo, las mujeres también nos enfrentamos a grandes barreras, por ejemplo, en Argentina no hay un estado que estimule políticas y programas de apoyo para la actividad emprendedora, existe un acceso limitado a créditos y una lista extensa de normas y procedimientos que se hace engorroso cumplimentar. Si el grupo de mujeres que son profesionales, con amplia trayectoria y con “trabajo formal” no logran equiparar las circunstancias laborales respecto de los hombres, más difícil es para quienes en la Argentina de hoy son rehenes de un contexto socio económico que acentúa la exclusión.

Parte de esa población vulnerable son las mujeres víctimas de violencia, por lo cual es importante no perder de vista las diferentes formas de violencia que viven estas mujeres ya que eso facilitaría detectar los límites del desarrollo personal y laboral, como así también  desarrollar políticas públicas y proporcionarles herramientas, como capacitación y formación continua que contribuyan a la ruptura de la dependencia económica y cualquier situación de inequidad y exclusión. Gran parte de estas mujeres enfrentan una multiplicidad de adversidades para lograr ser mujeres económicamente independientes ya que en su mayoría, son el único sostén familiar y a pesar de enfrentar condiciones desfavorables hacen el ejercicio permanente para recuperar la autoestima, descubrir fortalezas, destrezas y estar convencidas de lo que hacen y de lo que son capaces de hacer.Muchas veces encuentran su fuente de trabajo en sus saberes previos, sus habilidades, que ineludiblemente están ligadas a sus tareas del hogar; sin embargo, no podemos dejar de destacar que esos saberes domésticos son parte de su trayecto histórico, son repeticiones culturales que se dan en una sociedad patriarcal donde se naturaliza el rol de la mujer vinculado al cuidado de la casa y los hijos.

Volver a reconstruir lazos sociales, reconocerse como sujetos de derechos y ocupar espacios perdidos es parte de los reclamos que estuvieron en la lista del reciente 8M. Esta lucha se debe a que la socialización tradicionalmente recibida incide en que algunas mujeres tengan un concepto de sí mismas como personas incompletas y de menor valor en relación a los hombres, por lo que es necesario adquirir habilidades para construir la confianza en sí mismas y reconocer sus capacidades y potencialidades. Es decir, elementos que permitan el empoderamiento personal, confiar en su propio juicio y la convicción de que pueden superar sus limitaciones con el apoyo de redes. Asimismo, es  importante el fortalecimiento del liderazgo femenino para que haya un reconocimiento de la participación más activa y protagónica en el medio en el que habita y que sus acciones contribuyen al desarrollo personal, familiar y comunitario o local.

Por todo esto, necesitamos crear y desarrollar estrategias que nos hagan soñar, que nuestro futuro se vea con más claridad, donde las esperanzas nunca se pierdan, donde seamos protagonistas de nuestras propias historias, con todo lo bueno y lo malo, donde el brillo de nuestros ojos nunca se apaguen, que sin miedo podamos construir y emprender el camino de la emancipación para ser indiscutidamente sujetos de derechos con voz y con voto.

  *Licenciada en Comunicación Social Universidad Nacional de Quilmes, Argentina.
Fotografía: Daniela Poblete Ibañez

Este artículo es parte de nuestro Dossier Marzo 2918 Mes de las Mujeres. Lee más aquí 👇

 

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