
Por Cecilia Gonzalez Gerardi*
Supiste quien eras
y lo gritaste.
Un aullido de luz arañó tu garganta.
Como raspan las espinas sobre la intemperie,
así tu voz se hizo lugar entre las cuerdas.
Y las palabras te nacieron fieras
y rasgaron tu lengua con la fuerza de un abismo.
Así
escribo esas letras sobre el papel vacío
por ver si entre tanto gruñido
podrán nacer
mariposas.