*Por Ale Villamayor León

Paraguay persiste en una idea de la dictadura de los fundamentalismos. Donde la diversidad de personas no es reconocida e incluso intenta ser negada, es violentada desde las esferas del poder y su discurso en contra de: “la ideología de género”- apelativo que usan para deslegitimar a la teoría de género y a los feminismos.

Hace 15 años como parte de un colectivo TLGTBI hemos habitado las calles como expresión de lucha, nos hicimos visibles, pusimos el cuerpo; testimoniamos sobre nuestra existencia, hicimos uso de la libertad y el derecho de ser quienes queramos. Nos anunciamos como seres políticxs gestantes de deseos de cambios; denunciantes de todos los crímenes impunes y la connivencia del Estado: que tanto en regímenes militares y democráticos, persiste en vivir bajo la sombra del oscurantismo.

Esta gesta política dio inicio a la historia de un movimiento que en buena parte encuentra una consonancia con la lucha feminista y que toma como antecedente la carta de un amoral publicada en un medio de prensa escrita, por los hechos que ocurrieron con los 108 en la época del régimen stronista, el secuestro y el homicidio; crímenes de relevancia que comparten el tiempo histórico de la dictadura y que tienen una caracterización muy singular en la prensa: crímenes pasionales, hasta hoy se sigue caratulando así a los feminicidios.

Este primer acto público, que coincide con las ideas de democracia y libertad; cobran una relevancia y se instalan en la sociedad, luego de la caída de la dictadura, guardan una estrecha consonancia con los ideales de la transición, un imaginario que a decir verdad es solo un ideal, porque ni hemos avanzado hacia una sociedad más justa y solidaria, ni los derechos que hemos propugnado están siquiera en la agenda; sino todo lo contrario, están estancados y encajonados, a lo que deviene una vulneración instaurada, institucional y social, también legitimada por los medios empresariales de comunicación.

Indagar sobre nuestra memoria reciente, recabando datos e informaciones es una tarea compleja, pues tanto los testimonios como las fuentes están dispersas o han sido borradas, con el propósito de negar la existencia, o casi todas han sido tejidas y construidas, e incluso asumidas desde el relato de la marginalidad, embretadas hacia la delictividad y la espectacularización como hecho fenomenológico periférico y excluidxs, que convive en la sociedad solo para un tipo determinado de trabajo sexual (izado).

Familias iban a las “zonas rojas” en camionetas a ver a las travestis del centro, muchas de ellas eran contratadas para cumpleaños y eventos “para divertir a lxs invitadxs” casi como una animadora exótica, cuya contracara es el trabajo sexual que es fuertemente reprimido y exhibido con un tenor de “amoralidad”; si esto pasaba en la dictadura hoy no dista tanto de ser diferente, con una impronta más burlesca y fetichizada.

Este hecho, da cuenta principalmente de la oposición que representaban las disidencias sexuales para el régimen, que se servía de todos los medios posibles para moralizar e instrumentalizar los cuerpos de lxs ciudadanos, aleccionando con torturas y tratos crueles a las personas que se salían del orden preestablecido y que en democracia aún tienen vigencia.

El secreto a viva voz de que uno de los hijos del dictador era homosexual y que estaba caracterizado en el mundo gay como “la coronela” da cuenta de un fenómeno que persiste en la contemporaneidad, la cuestión de clase; el puto pobre y el gay de status, o asociado a una farándula como así al mundo de las artes.

Conocer cuál era el tratamiento a las personas “amorales”, desde las instituciones estatales es un pendiente para las ciencias sociales; muchos de los testimonios de la época dan cuenta de los tratos degradantes a los que eran sometidxs. Entre ellos la obligación de pagar coimas, de realizar servicios sexuales, servicios de limpieza e incluso servicios domésticos, cuestiones que hoy persisten sobre todo con la Policía Nacional.

Las redadas y altercados en las calles, como las rutinarias revisiones, implican una más de las peligrosidades que se añade al corolario de precariedad a la que se enfrentan las personas que realizan servicios sexuales, muchos enfrentamientos en las “zonas rojas” tanto con policías y militares, que forzaban a hombres, mujeres y trans a subir a los camiones los “secuestros legales” y las operaciones encubiertas del tipo caza travestis, se dieron en esa época como también en “democracia”.

Si para ser soldado se conseguía la baja matando a un ayoreo o nivaclé, para ser hombre se debía violentar a una trabajadora sexual trans o hacerle bien puto a un maricón, el cuerpo violable vulnerabilizado era el régimen mismo.

Una redada de un organismo vinculado a un programa de salud, que realizó análisis en la comisaría en la época democrática, como así el escándalo mediático que devino en una audiencia pública con autoridades marca el comienzo de luchas de organizaciones que se aglutinan para reivindicar derechos, sobre todo al Ministerio de Salud, gays, travestis y personas sensibilizadas con la causa y en contra de los malos tratos, forman parte de lxs actores claves que se manifiestan en contra de la arremetida institucional. Luego un acto público del Grupo de Acción Gay Lésbico, en la plaza italia hoy plaza de mujeres, marca el inicio de una lucha que hasta hoy persiste, por lo cual los miembros que se coalisionan en la Red contra toda forma de discriminación, realizan su acto central el último sábado de setiembre en conmemoración a la aparición de la carta de un amoral en el diario El País, decolonizando incluso nuestras manifestaciones que en el mundo tiene un tratamiento más comercial (PRIDE, etc.)

Ninguno de estos embates que golpea a las personas LGTBI, y que se manifiestan en sus reivindicaciones y gestas de lucha en búsqueda de sociedad inclusiva, tendrían sentido si no fueran fundamentadas en teorías sólidas y críticas, que enfrentan a las robbisonadas como punto de análisis muy elocuentes del patriarcado, representada en la estrechez de mentes que dan sustento a los conservadurismos estatales, tributario de la iglesia y consonante a su vez con el neoliberalismo; que reproducen las autoridades, este acervo de constelaciones epistemológicas cuyas praxiología en relación a sus manifestaciones, es uno de los mayores aportes que ha hecho a los movimientos sociales y principalmente al movimiento LGTBI, la lucha feminista.

Reconocerse dentro de nuevas epistemologías y campos más amigables, fuera de la heteronormativa, implica un re reconocimiento de que otro mundo es posible, que otras formas de relacionamiento fuera de la objetividad del cuerpo, son posibles y necesarias para combatir la hegemonía faloegocentrica machista que reproducimos y que dista del bien común y el tekopora de la tierra sin mal, que discursivamente decimos buscar con la democracia, pero que en realidad es solamente políticamente correcto.

La dinámica societal se ve afectada por el cúmulo de teorías feministas que reverberan en nuestros cuerpos, que cobran vida ahí, de las más diversas formas y que plantean desde el reconocimiento a los aportes que desde diferentes espacios han realizado desde siempre las mujeres, hasta la defensa contra todo tipo de violencias y discriminación, que se hermanan con la lucha TLGTBI y encuentran sororidad.

El patriarcado y sus expresiones machistas cobran fuerza en su impronta paraguayensis, condensando un sin número de frases en el ñe’enga, que tienen una connotación peyorativa hacia la mujer, a la vez que para las personas disidentes sexuales, cuyo cuerpo es burlado y objetivado hasta alcanzar la significancia tal, de ser un cuerpo violable y que se materializa en las violencias y crímenes de odio cometidos hacia personas TLGTBI.

El trabajo es la matriz de análisis por excelencia para determinar cuán inclusiva es o no, una sociedad; interpelando la formación socio histórica para entender minuciosamente aspectos que nos develen datos significativos, que se interrelacionan sustancial y concatenadamente con esa mediación a la vez que con las dimensiones económicas, social, política y cultural.

En ese sentido Paraguay es uno de los países más discriminativo, sin políticas inclusivas y dónde la caracterización que se hace de personas TLGTBI en redes sociales, desde el discurso oficial de las autoridades y las instituciones que deberían velar por el respeto irrestricto de los derechos humanos, da cuenta de cuán equivocados estamos como sociedad, y que de seguir al ritmo que avanzamos, retrocederemos aún más en la consecución de una vida dónde todxs seamos iguales en dignidad y derecho.

La declaración del Parlamento Nacional como pro vida, la promulgación de una edicto prohibitivo de una marcha LGTBI en Encarnación, la resolución del Ministerio de Educación y Ciencia que prohibía el uso de un material didáctico para la Educación Sexual Integral, el despido de un joven de una empresa por ser gay, los malos tratos que sufren las personas por su opción sexual por parte de efectivos de la policía, la declaración de parlamentarios haciendo alusión al lesbianismo de una referente política son manifestaciones concretas de odio, que se cobran vidas y que generan violencia, tanto que cabe la expresión de barbarie medieval paraguaya.

Hoy resistir poniendo cuerpo, confluyendo en un lucha internacional, como es la lucha feminista, que con su grito estentóreo de se va a caer, nos da la esperanza de un futuro mejor, que es ahora, que nos urge y que nos habita, por lxs que fueron, por lxs que están y por lxs que vendrán.

Ale Villamayor León es investigador de teatro físico; cientista social y docente. Es activista de derechos humanos y educador popular, actualmente se encuentra realizando actividades socio educativas sobre EIS con jóvenes, adolescente y niñxs. Realiza estudios en la Facso y es estudiante de la escuela de psicología social.

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