Por Solana Lopez*

 

Sobre cómo se cristaliza la “matriz opresora” en tiempos de pandemia. 

Nos encontramos en un momento único en la historia de la humanidad. Una pandemia cuyas características de contagio exige cuidados que implican aislamiento, entre otras medidas.

En los países con gobiernos neoliberales y pro imperialistas no son posible estos modos de cuidado por que exigen a sus habitantes seguir sosteniendo la maquinaria productiva, obligándoles a exponerse al virus con tal de que trabajen. Por otro lado, si los afectados son de la franja etaria o social que corre riesgos de vida desaconsejan el uso de recursos para sus cuidados, es decir, convierten a una cantidad de millones de seres humanos como desechables para el mundo, como seres generadores de gastos y obstáculos para el gran capital e también instrumentan medidas de abandono ellxs.

Estamos frente al rostro de la barbarie imperialista y eso significa que todos los modos estructurales de dominación son implementados para garantizar su poder opresor. Al mismo tiempo queda al desnudo la cruel realidad de lo que el neoliberalismo ha hecho con los Estados dirigidos por los intereses del mercado, dejando a la intemperie al mundo, una intemperie dominada por la barbarie, con ribetes fascistas y colonialistas a la vez que altamente tecnificados para el control social y la eficiencia productiva.

Surge una contracara que tiene como principal exponente a los gobiernos de Cuba y China que desde el paradigma del socialismo proponen medidas humanitarias, resuelven los problemas graves de salud de sus pueblos y llegan a todos los rincones del mundo a brindar su solidaridad. También nos encontramos con resistencias activas en los países neoliberales y contradicciones en el mismo seno de sus gobiernos.

En nuestro país, con el gobierno actual de Alberto Fernández, se tomó la medida responsable del aislamiento preventivo y obligatorio a pesar de que esta medida pueda ser un golpe fuerte para una Argentina destruida por la derecha. Tenemos serios problemas de vivienda, comida y agua potable en vastos sectores de nuestro pueblo, sumado a la convivencia con una parte de las fuerzas del orden representadas en especial por policías locales que mantienen sus negociados con las mafias, su impunidad y privilegios y utilizan la represión como mecanismo de control.

En este sentido, son muy importantes  las redes solidarias que surgen de los movimientos sociales y fuerzas políticas con presencia territorial. Hoy estas cumplen un rol fundamental en llevar adelante la distribución de comida y elementos de necesidades básicas para la supervivencia.

Hay una faceta del poder opresor que continúa como elemento estructural y naturalizado en la vida cotidiana y es la violencia patriarcal que se expresa, como siempre, en todos los ámbitos de interacción humana y aumenta su riesgo en la convivencia bajo el sistema de aislamiento preventivo. Estos componentes son una bomba de tiempo que explota en situaciones de violencia y están fogoneados por la tensión que produce el hecho del encierro. El propio discurso normativo del gobierno que intenta generar responsabilidad resuena en algunas subjetividades  como discurso disciplinador y  entonces en la esfera de lo privado ingresa y se potencia lo que las masculinidades hegemónicas desarrollan en lo público, el engranaje moralizante del sistema de status en la vida social “cumplir la ley y «hacerla cumplir” acrecentando la imagen proverbial del jefe de familia. Al mismo tiempo, ante la presencia de un enemigo invisible, como es el virus COVID 19, la materialización del contrincante y la guerra se desplaza a sujetxs supuestos de responsabilidad en el contagio y de violación a la norma, como así también al interior de los núcleos humanos convivientes ante quienes les es asignado históricamente el lugar.

Esta suma de situaciones irruptivas en la vida cotidiana y desconocidas para nuestra experiencia, con un contexto de muertes que se contabilizan en el mundo día a día, dificulta las redes pre existentes, aísla a las personas que son víctimas de violencias. Además, nos encontramos ante un Estado vaciado por el macrismo y colapsado por la crisis sanitaria con consecuencias sociales y económicas incalculables por esto es que las acciones que se prevén son insuficientes para la prevención y asistencia ante demandas por violencia de géneros.

La participación de las organizaciones feministas, sociales y políticas en la construcción de nuevas redes que permitan visibilizar la situación se vuelve vital. Trabajar la desnaturalización de las violencias y circular toda la información necesaria para la intervención del Estado resulta de mucha importancia. La presencia de los ministerios, secretarías y direcciones con incumbencias en la temática es de gran ayuda, pero no está alcanzando. Es necesario y urgente trabajar en nuevas redes comunitarias que sean sostén efectivo. El Gobierno debe hacer una Campaña Nacional de visibilización y lucha por la erradicación de las violencias de géneros que sea prioridad dentro de las políticas públicas e instrumente presupuesto y las herramientas necesarias para garantizar la vida de las mujeres y colectivos LGTBIQ+ que hoy están siendo vulneradas. No puede ser más tarde, ahora es cuando!! Así como tambien es urgente atender todas las situaciones generadas por desigualdades sociales y que ponen hoy en riesgo la vida humana.

El mundo está cambiando frente a un despiadado y voraz imperialismo que hace uso de una pandemia para querer sacarse de encima a millones de personas que no le son útiles a su acumulación de riquezas y poder y pretende hacer de nosotres una sociedad estallada en crisis y fragmentada en individualismos como una serie autómata y funcional. Ante ello la humanidad se resiste a las estructuras históricas de dominación para liberarnos. Liberarnos de las fauces del virus, de la depredación capitalista, de la barbarie imperialista y del genocidio patriarcal.

Basta ya!!!

 

*Solana es referenta nacional de la Corriente Lohana Berkins

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