Ilustracion de David Martiashvili

 

Por Gabriela Gelber y Daniela Poblete ibañez*

 

La realidad siempre supera la ficción y allí nos encontramos hoy, en una realidad inimaginada a la que tratamos de entender días tras día.

En tiempos de pandemia y aislamiento social,  vuelve a tomar cuerpo la pregunta por la educación. ¿Qué es lo que la escuela debe enseñar? ¿Cómo seguir teniendo presencia en la ausencia corpórea que genera el aislamiento? ¿Qué significa hoy garantizar la educación a todes?

No es sencillo encontrar respuestas rápidas a tales interrogantes, porque esta ficcionalidad de la realidad genera asombro, miedo, parálisis e incertidumbre. ¿Cómo pensar intervenciones pedagógicas si no comprendemos lo que nos pasa?

Si hacemos un rápido repaso de las respuestas que el sistema educativo ha venido generando, podemos observar que; en poco tiempo se ha puesto a disposición de les docentes, estudiantes y familias, una serie de recursos para la “continuidad pedagógica” mediada por “planes de contingencia”.   Plataformas, programas de TV, programas de radio, etc. fueron ofrecidos para continuar “enseñando” y “aprendiendo” lo que habitualmente veníamos haciendo. Lo importante es que las, los y les pibes tenga “tarea para hacer” y les docentes “sigan trabajando” en pos de garantizar la escolaridad. 

La perplejidad que genera esta realidad necesita ser puesta en palabras, necesita ser comprendida, ser explicada. Los seres humanos nos constituimos como sujetos con otros, en la interacción cotidiana con las familias, con las, los y les compañeres de la escuela,  con las, los y les compañeres de trabajo. En este sentido, hay algo de la constitución de nosotres mismos que está en jaque y eso genera angustia.

La escuela, en este contexto, tiene un papel fundamental y, tal vez, sea ayudar a brindar a niñas, niños y niñes, jóvenes y adultos los saberes necesarios para que en comunidad, de modo colectivo, con otres, podamos arribar a  comprender, entender y explicar lo que nos pasa, lo que hoy nos atraviesa a todes como sujetos colectivos. Sostener la continuidad pedagógica en estos tiempos puede significar restituir lazos, solidaridad y confianza, puede significar preguntarle (se) al amigo o colega ¿Como estas?, ¿Cómo te sentís? ¿Cómo está tu familia? ¿Necesitas algo? ¿Qué nos está pasando?.

Entre estos y otras interrogantes vuelve a tomar sentido la pregunta por la enseñanza y por la escuela, por los saberes que debe transmitir a las generaciones futuras en este pasar la posta que les adultos hacemos para con las generaciones más jóvenes . Tal vez, un punto de partida sea volver a considerar algunos principios que pensamos irrenunciables al trabajo de enseñar, en cada escuela, en cada comunidad, en cada barrio.

  1.  La educación es un derecho humano que se encuentra consagrado en la convención de los derechos del niños y niñas y en otras marcos internacionales y es el estado el que lo debe garantizar.
  2.  En el contexto contemporáneo que transitamos la escuela debe poner énfasis en el fortalecimiento de los lazos, en la solidaridad, en los modos de cohabitar un espacio común, un espacio público. 
  3.  Educar es un acto ético y político, razón por la cual el trabajo de enseñar se orienta al bien común y, en ese sentido, lo que hacemos o no hacemos en la escuela, está relacionado con ello, con hacer efectiva la igualdad, con acercar a todes el conocimiento, entendiendo al mismo como un bien social. 

La escuela tal como lo conocemos, hasta ahora, está conformada por ciertas condiciones materiales y simbólicas que hoy parecerían desdibujarse. Habitar la escuela como escuela implicaba un espacio y tiempo que incluía la corporalidad, ciertos rituales, sonidos, paisajes. Enseñar en la virtualidad implica otros tiempos, otros espacios, otro no se que… que tal vez no sea la escuela, o no como la estuvimos haciendo hasta ahora.  En este sentido, debemos repensar cómo promover desde la “distancia” la constitución de esos lazos necesarios para la relación pedagógica, para la afectividad necesaria en todo vínculo humano. El mayor desafío lo constituye poder llegar a todes les pibes, poder sostenerlos en estas condiciones de aislamiento social donde la desigualdad queda espejada en las condiciones de vida.

En este contexto, garantizar el derecho a la educación es, en muchos, casos un enunciado. La situación que estamos viviendo plantea un conflicto de derechos: proteger el derecho a la salud frente a garantizar el derecho a la educación de niñas, niños y adolescentes.

Es cierto que hoy lo primordial es proteger la integridad física de todas las personas y ante la superposición de estos derechos, si nos preguntan cuál es el que debemos proteger más, la respuesta que seguramente nos saldría es; garantizar nuestra vida. Sin embargo, se ha instalado un debate sobre la necesidad de cumplir las cuarentenas sin vulnerar el derecho a la educación. Pero, cabe preguntar ¿De verdad estamos exigiendo el cumplimiento de un derecho? o ¿Escondemos bajo ese discurso el miedo a retrasar el desarrollo meritocrático al que nos somete un sistema basado en la competencia por éxitos, que en general, se vinculan con lo económico exclusivamente?

Reprogramar el calendario escolar, pensar en nuevos objetivos para el vínculo entre la escuela, docentes y alumnas, alumnes y alumnos, detener la máquina académica que entrega contenidos escolares y pensar en el desarrollo de otros conocimientos necesarios para este contexto de pandemia, etc, no debería pensarse como vulneración de un derecho, más bien debería pensarse como el ejercicio de ese derecho según las necesidades de estos tiempos.

Proteger la salud no es solamente encerrarse en las casas para que el COVID19 no nos encuentre. Proteger la salud es también cuidar la salud mental de todo lo que este proceso trae consigo como la ansiedad por el miedo a contagiarse, la ansiedad por encierro, la reconfiguración de los vínculos familiares por estar 24 horas y 7 días de la semana juntes, la lejanía de pares, amigas, amigues y amigos, etc. Todo aquello le ocurre a adultos, adolescentes niños, niñas y niñes ¿Que nos hace pensar que someterse al cumplimientos de objetivos escolares descontextualizados no genera más ansiedad, más stress? 

Los derechos no se pueden garantizar sin pensarlos en combinación con otros derechos. Tampoco pueden pensarse a través de una sola forma de ejercicio y mucho menos, en este momento, pueden pensarse como pasivos o pétreos. En todo el mundo expertas y expertos nos anuncian que el el COVID19 no se irá y que más bien tendremos que aprender a convivir con él, por lo menos hasta que se encuentre una vacuna. Esto supone reconfigurar la cotidianidad y el ejercicio de los derechos incluye esta reconfiguración. Es rol de los Estados es pensar una forma segura para que el derecho a la educación no sea vulnerado. Pero también es necesario pensar que en esta reconfiguración se necesita respetar tiempos y sobre todo, que la ansiedad por no perder el año escolar, no se traduzca en generar desigualdades. 

No existen condiciones materiales para que niñas, niñes, niños y adolescentes puedan recibir educación virtual todes por igual. No existen las condiciones para adecuar la planificación escolar presencial a una educación virtual en días o semanas. Es necesario preguntarse sobre los derechos laborales de docentes en estas nuevas condiciones, sobre el sentido mismo de la escuela, como también es necesario preguntarse sobre una nueva sobrecarga de las tareas de cuidado que recae sobre las mujeres producto de la división sexual del trabajo. Sin estos cuestionamientos, entre otros, no se está garantizando un derecho. Lo que se está haciendo es ignorar que hace unas semanas las vidas de los habitantes de Latinoamerica cambiaron y eso incluye a niñas, niñes, niños y adolescentes, sujetos de derecho que deben ser escuchados en todo este proceso, como deben ser escuchados todes quienes intervienen en la educación de las, les y los estudiantes.

* Gabriela es Licenciada y Prof. en Ciencias de la Educación (UBA), Docente en Institutos de Educación Superior y Plenarista en el Consejo de niños, niñas y adolescentes (CABA)
*Daniela es editora en Argentina de Revista Emancipa. Integrante de la Red de Abogadas  Feministas y del Observatorio Contra el Acoso

 

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