
*Por Noelia Díaz Esquivel
“Hola profe, yo soy la mamá de Bianca, quería avisarte nomas que yo me voy a retirar, ya mismo, para mi luego me fuerza estas cosas, y no le voy a poder ayudar a mi hija, voy a esperar nomas que empiece otra vez las clases, es muy jodido. La vez pasada estaba estudiando con su papá, le copió su papá unos cuantos y primero luego es muy largo y yo luego no entiendo la letra de su papá y menos ella va a entender y todo esto es todo un dolor de cabeza y voy a esperar bien nomás que empiece las clases otra vez y después le voy a meter otra vez a mi hija a la escuela porque esto es muy, demasiado ya para nosotros nos enferma más que la enfermedad. Te quería avisar nomás que nosotros nos retiramos de esta situación”.
Este es el audio de una madre paraguaya, de clase trabajadora, que corrió por redes sociales. Para muchas personas fue motivo de burla, pero ¿quién se atrevería a negar que es la verdad verdadera?
“Corazones de melones estoy un poco frustrada porque mis hijos y el nuevo sistema de aprendizaje por internet es un poco complicado para mí y tengo que imprimir muchos papeles para los niños y de pronto la computadora o el teléfono móvil con el print no hace conexión, no se conecta de pronto la print al wifi, de pronto se desconecta y luego no quiere imprimir y luego imprime y luego no, y yo ya no puedo más porque se me está friendo el fucking cerebro y todos los padres y las madres que están pasando por la misma situación en la que yo me encuentro va ¡este beso gigante! Y si podemos maestros/maestras ustedes lo son todo, ¡los amamos maestros!
Y por aquí lo que dijo Thalía con todo su glamour y ternura, quien también hizo catarsis en redes sociales respecto a lo frustrante que es apoyar a los/las hijas en sus deberes escolares de cuarentena.
¡Esto están viviendo las madres alrededor del mundo! Los grupos de whatsApp de madres de estudiantes se han convertido en un espacio de catarsis colectiva, donde se comparte la enorme frustración que significa no sólo acompañar las tareas de los y las hijas sumado a que deben cocinar, limpiar, lavar la ropa, teletrabajar, sin mencionar que deben manejar el estrés que significa la incertidumbre sanitaria, económica y social.
Por otro lado hay muchos hogares en donde no cuentan con acceso a internet, es decir, los/las madres tienen un Smartphone y que frecuentemente no está sujeto a ningún plan de datos y contar con ello requiere de la recarga según disponibilidad de dinero en efectivo, y ahora circulante de dinero es justamente lo que no hay. Ni hablar de acceso a computadoras. En algunas casas hay un ordenador, pero ¿qué pasa si hay más de un hijo/hija que debe cumplir con algún deber escolar?
Ahora hablando de capacidad pedagógica, ¿están los/las madres con capacidad de enseñar física, química, matemáticas, castellano o materias técnicas? Y la verdad es que no, en realidad se están asfixiando de estrés intentándolo. Las y los docentes también se encuentran encerradas en una olla a presión a punto de estallar. Muchos/chas no saben manejar la tecnología y además no cuentan con capacitación para desarrollar clases online. El desafío es enorme y en este caso no basta con el popular dicho “querer es poder”.
Desde el Ministerio de Educación no definen qué rumbo seguir y Eduardo Petta dice que lo único seguro es que la clases presenciales, este año, ¡no se reanudarán! Reuniones aquí y allá pero todo muy lento y nuevamente sin consultar a las madres y estudiantes qué es lo que es lo que hace falta para llevar a cabo este enorme reto sin olvidar que si no habrá clases presenciales, dónde, con quién y por cuánto dinero se dejarán a los niños/ñas en casa, cuando la mayoría vuelva a salir para trabajar.
Por último, hay demasiadas instituciones educativas privadas que aún no han definido bajar el costo de las cuotas a pesar de que los colegios permanecen cerrados y si bien se envían tareas la realidad es que no se desarrollan clases online porque no se explica nada, no se reflexiona, no se incentiva el pensamiento crítico de los/las estudiantes. Es entendible que se deban pagar salarios, pero también es innegable que una institución cerrada también significa mucho menos gastos administrativos.
Tal cómo dice el audio: Esto, “enferma más que la enfermedad”
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