Por María José Muñoz

*Emancipa Colombia*

Concebimos como trabajos feminizados aquellos donde hay un mayor porcentaje de mujeres. Son labores que sin importar su nivel de especialización han sido históricamente »asignadas» a las mujeres por varias razones, dentro de las cuales destacan herencias coloniales, prácticas culturales y afirmaciones pseudocientíficas. Estos trabajos salieron de la esfera privada que supone el hogar, a una esfera pública donde, si bien hay una remuneración, también hay un alto porcentaje de informalidad y condiciones de trabajo precarias, sin contar la falta de reconocimiento que estas  labores tienen dentro de la sociedad.

Bajo este contexto y en el marco de una pandemia mundial que hace más evidentes los puntos de quiebre de nuestras sociedades, es posible ver con más claridad las fallas de los sistemas que rigen nuestros países y poner al descubierto la desigualdad estructural que se ha alimentado por  muchos años. Teniendo en cuenta lo anterior, es válido preguntarse ¿cuál es el papel de los trabajos feminizados dentro de la sociedad? ¿cuál es su importancia en el marco de la cuarentena?

30 AÑOS DE NEOLIBERALISMO Y LEY 100 EN COLOMBIA.

La ley 100 de 1993 institucionalizó y legalizó en Colombia el maltrato contra los y las trabajadoras del sector salud, pues estos tienen las peores condiciones laborales posibles a razón de una gigantesca inestabilidad laboral, 17.000 de 21.000 empleos de este sector tienen contrato por orden de prestación de servicios. Sin embargo, este no es el único reclamo, pues una de las tantas cosas que esta pandemia ha permitido observar es la falta de elementos de bioseguridad para llevar a cabo las labores más importantes en el contexto  en el que nos encontramos. Otro factor importante a considerar es que son las mujeres quienes en su gran mayoría llevan a cabo esas labores del sector salud, pues al ser trabajos que involucran el cuidado, están feminizados. Tal es el caso de la enfermería, donde las mujeres representan el 90%. Dentro de los centros médicos, somos nostras quienes estamos más expuestas al virus.

Lo más grave es que la precariedad de nuestros centros de salud y la falta de garantías del gobierno no solamente afecta al personal médico, sino también al personal de aseo de centros médicos, el cual está compuesto en más del 60% por mujeres. Ellas también deberían contar con mascarilla quirúrgica, guantes de caucho y gafas de protección, elementos que no están siendo suministrados por el gobierno pues esta responsabilidad la delega a las empresas contratistas de estos servicios, desentendiendose de quienes están en la primera línea de contagio. Como este, decenas de ejemplos: tripulantes de ambulancia sin traje completo y sin el tapabocas correspondiente, sólo una careta por ambulancia, personal médico que nunca recibió capacitaciones sobre el procedimiento para retirar su indumentaria y una posible enfermedad profesional ante la cual todos se lavaran las manos, desde las ARL hasta el gobierno.

#QuédateEnCasa

Esta pandemia ha puesto al descubierto varias cosas, entre esas la  desigualdad estructural de nuestras sociedades, las altas tasas de informalidad, así como el rostro de quienes sostienen la cuarentena y el capitalismo salvaje: las mujeres. La raíz de esta problemática está en  la división sexual del trabajo, pues hace ya tiempo las tareas del cuidado fueron asignadas a las mujeres por medio de una »distribución» que las obliga a una doble jornada y a permanecer en la esfera privada, lo cual se ve reflejado en  las 5’000.000 de mujeres que son amas de casa en Colombia. Sin embargo, hay otro gran número de mujeres que también permanecen en el hogar: las trabajadoras domésticas. Sobre estas últimas sabemos que hay 750.000 en Colombia,  el 96% son mujeres,  el 60% gana menos del salario mínimo, el 77% recibe parcial o totalmente su salario en especie y que la mayoría tiene más de 40 años. Bajo este panorama empiezan a surgir las preguntas como ¿por qué si somos las mujeres quienes sostenemos la crisis somos también quienes alimentamos los altos índices de informalidad de este país y tenemos las peores condiciones laborales?

La precariedad de los trabajos feminizados es una problemática tan presente en nuestra sociedad que es posible verla todos los días en nuestra cotidianidad. Al aterrizar a un contexto distrital y muy cercano para la mayoría de personas que habitamos Bogotá (Colombia) y hemos tomado transporte público, es posible ver  el caso de las trabajadoras de Recaudo Bogotá, la empresa encargada de administrar el control de flota, las taquillas y el sistema de Información al usuario, que hace parte del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) de Bogotá. Ellas durante años han reclamado condiciones de trabajo dignas y a razón de la pandemia, están en una posición aún más vulnerable, donde no encuentran rutas de buses al terminar su jornada de trabajo, no tienen acceso a baños (muchas de ellas han desarrollado infecciones urinarias), son obligadas a transportarse de una estación a otra y no contaron con implementos de bioseguridad hasta el 7 de abril, cuando por medio de un decreto la empresa se vio obligada a suministrarlos.

Estas situaciones nos demuestran lo que las cifras ya nos han dicho. Las mujeres representan el 51% de la población en edad de trabajar, pero de ese porcentaje sólo el 45,9% están ocupadas y la mayoría, como se ha expuesto, están empleadas en sectores informales de la economía, los más afectados en esta coyuntura, lo cual se ve reflejado en que solo el 38% de estas cotizan pensión. Varias  empleadas domésticas contaron su experiencia para una crónica de la Escuela Nacional Sindical de Colombia (ENS) sobre el mismo tema:  “ «A todas nos mandaron para la casa, sin plata, defiéndase como pueda. Si ahorraron bien, o sino de  malas» dice Rosa, haciendo extensiva la amargura a sus compañeras de oficio con quienes permanentemente se comunica por WhatsApp (…) Tiene un millón de pesos ahorrado, que quién sabe hasta cuándo le dure, lo tendrá que hacer durar. También cuenta con la pensión de jubilación de su papá, quien vive con ella bajo su entero cuidado. Y cuenta con lo que tiene ahorrado en el sistema BEPs, al que cotiza desde hace dos años. Ese es todo su capital para enfrentar el vendaval.’’

¿LAS MUJERES SOSTENEMOS EN NUESTROS HOMBROS ESTA PANDEMIA?

Si bien recientemente la ciencia ha revelado que son los hombres quienes están más predispuestos biológicamente al virus por razones como el tabaquismo y su permanencia en la esfera pública, no se debe invisibilizar las predisposiciones culturales y sociales que tienen las mujeres frente al contagio del Covid-19. En Colombia, las mujeres son más del 60% del personal de las farmacias, limpieza, supermercados y servicios comunales y sociales y son el 50, 8% del personal de comercio, hoteles y restaurantes. Estos últimos cuentan con la tasa de informalidad más alta en Colombia, 43,2% y 78,3% respectivamente. Ese es el panorama dentro de los trabajos  remunerados. En el otro extremo están las trabajadoras familiares sin ningún tipo de remuneración, allí representan el 64% . Las mujeres, quienes desempeñan un papel clave en la lucha contra el COVID – 19 y a su vez están en la primera línea de contagio, son las más vulnerables física, económica y emocionalmente.

Las mujeres dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a los trabajos exentos de la cuarentena, somos las trabajadoras más expuestas a este virus, las peor remuneradas y quienes desarrollan labores con los peores contratos laborales y sociales. Los trabajos feminizados, su precariedad laboral, la informalidad en la que estamos sumergidas , la brecha salarial y que seamos quienes sostienen esta crisis y por consecuencia, las más expuestas, son problemas con una raíz común: la reproducción y fortalecimiento del sistema económico neoliberal. Este es un modelo que desconoce labores cruciales tales como el  cuidado, que a su vez, imposibilita que el gobierno atienda y financie políticas públicas integrales y la negociación de un nuevo contrato social más justo, que pueda atender la crisis con más efectividad y no condene a su gente a sostener el peso de sus decisiones. Los países que más profundizaron en estas prácticas serán los más afectados con esta crisis. Para  la muestra un botón: el pasado 23 de marzo, decenas de vendedores informales (quienes en su mayoría también son mujeres) se aglutinaron en la Plaza de Bolívar exigiendo al gobierno un verdadero estado social.

¿Hasta cuándo?

 

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BIBLIOGRAFÍA.
Agencia de Información Laboral – AIL. (2020). En tiempos de Coronavirus ¿Quién cuida a las trabajadoras domésticas? ENS (Escuela Nacional Sindical).
Agencia de Información Laboral – AIL. (2020). En tiempos de crisis, cuidemos a quienes han dedicado su vida a cuidarnos. ENS (Escuela Nacional Sindical).
Aricapa Ardila, R. (2020). El drama de las trabajadoras domésticas en cuarentena. ENS (Escuela Nacional Sindical).
Osorio Perez, V. (2014). La situación laboral de las mujeres: entre lo invisible, lo precario y lo desigual. ENS (Escuela Nacional Sindical).

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