Por Rocío Galdames

El hashtag #JusticiaparaAnnaCook resuena desde hace tres años en todas las redes sociales, tras la muerte de la joven ariqueña Anna Villaroel González (26), más conocida como Anna Cook, diseñadora gráfica, soñadora y lesbiana, quien vivía de las mezclas de su música electrónica.

La historia de Anna Cook se ha sumado  a los lesbicidios irresueltos en Latinoamérica, junto a los asesinatos de odio de Mónica Briones, María Pía Castro y Nicole Saavedra en Chile y el caso de Higui en Argentina, por nombrar otros que se acumulan en búsqueda de justicia.

“Las mujeres lesbianas de la zona tienen el justo temor de verse afectadas por situaciones parecidas, por el estado de impunidad en que el Estado ha puesto su situación, es decir, cómo la vida de ellas está en peligro constante porque hay sujetos que son capaces de realizar este tipo de actos de odio en contra de ellas”, ha planteado Silvana del Valle, integrante de la Coordinación Nacional de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, en el reportaje “Quién mató a Anna Cook” de la revista feminista Es Mi Fiesta Mag.

La muerte de Anna ocurrió en la madrugada del 1 de agosto de 2017. Raúl, su compañero de casa, la llevó a Urgencias del Hospital del Salvador (ubicado en la capital de Santiago), y dijo no recordar su apellido, por lo que la ingresaron como NN. Pero hay aspectos en sus declaraciones que resultan inconsistentes, pues posteriormente dijo que “eran amigos y que le arrendaba una pieza”, que “no recuerda si estaba solo esa noche”, y que “la habría encontrado fallecida”. En una primera instancia, se cree que Ana habría muerto por un paro cardiorespiratorio, o una sobredosis, pero la tesis de que habría terceros involucrados parece más plausible.

Según la declaración del médico de turno, “llamó la atención de que la paciente llegó con lesiones en el cuello, una equimosis cervical derecha, que debe haber sido de unos 15×5 centímetros”. Una equimosis cervical es un hematoma, que en este caso, estaba entre el oído y la clavícula.

Posteriormente, el primer informe de autopsia del Servicio Médico Legal (SML), demostró que Anna no se encontraba en estado de ebriedad. Además, que tenía múltiples fracturas en las costillas -pero no dejó claro si fueron producidas al momento de la reanimación o antes- y que había presencia de espermatozoides y fluido seminal en su boca.

Seis meses más tarde, se realizó una comparación de perfiles genéticos de las muestras de tres de los hombres que prestaron declaraciones, pero menos de Matías Troncoso, quien se encontraba con Raúl la madrugada que murió Anna. Los resultados del análisis no arrojaron coincidencias. Fue así como se dio a conocer tras la muestra de contenido bucal, que sólo se observó un perfil genético de sexo femenino, que puede corresponder al perfil de la víctima. En esta evidencia no se detectó otro perfil genético y por tanto, no coincidieron con los perfiles genéticos tomados de tres muestras, menos con la de Matías. Aún no se explica por qué no existe peritaje forense de muestras de ADN de Matías Troncoso.

Al momento de conocerse esta información, una ex pareja de Matías hizo pública una denuncia por violencia intrafamiliar en su contra, por violencia sicológica, física y sexual.

Meses después, el perito criminalístico Jaime Brieba, contactó a Kattia González, madre de Anna, para ayudar a aclarar el caso y revisó los antecedentes. El experto elaboró un informe y destacó las incongruencias en el relato de Raúl, además de algunas negligencias del sistema de salud público en Chile, como que la autopsia del SML ignorara el hematoma en su cuello y que únicamente se analizara el lado izquierdo del cuerpo de Anna.

Entre los datos de las publicaciones de Instagram, se demuestra que durante la investigación, la fiscal a cargo del caso, Mitzy Henríquez , le entregó una copia de la carpeta de la causa a Raúl, pese a que solo figuraba como testigo, no como imputado.

En febrero de 2020, la misma fiscal llamó a Kattia a una reunión, argumentando que no existirían pruebas de la participación de terceros, descartando por completo la declaración del médico y el informe que demuestra que había líquido seminal en su boca, obviando el hecho de que Anna era lesbiana. 

Sobredosis de heteronorma

Frente a estos argumentos, peritos forenses y a la insistencia de la Fiscalía respecto a su muerte por sobredosis, se deben tensionar estos discursos en la visibilizazión de este lesbicidio, porque se está incurriendo en una práctica de violencia judicial sistemática y estructural.

La Doctora en filosofía Miranda Fricker ha hablado de situaciones como estas, llamandolas “injusticias hermenéuticas”, describiendo esta realidad como “la injusta ventaja que tienen los grupos privilegiados en la “estructuración” de nuestro entendimiento del mundo social”.

Entonces, se evidencia la “injusticia hermenéutica” en el caso de la muerte de Anna, por la negación del sistema penal chileno a comprender la experiencia del otro, cuando se trata de un cuerpo negado por sobredosis, ¿pero por qué no es posible en el peritaje forense preguntarse, si fue el agresor quien generó el efecto de una sobredosis? ¿Por qué no se toma en cuenta que Anna era lesbiana, lo que evidencia signos de abuso sexual correctivo en su cuerpo? Es allí donde el pie forzado de romper los sesgos epistemológicos al interior del sistema procesal penal chileno es imprescindible.

La muerte de Anna no pasará al olvido por los informes fosilizados sin resolución a “falta de pruebas”, porque pensar que estamos frente a un lesbicidio de carácter heteropatriacal, es decir el doble castigo por no someterse a una heterosexualidad obligatoria y desafiar estereotipos de género, es una posibilidad certera en una sociedad que ya inició un proceso irreversible de reconfiguración sociopolítica.

Es momento de tensionar el feminismo para revisar y reconocer si caemos en discursos racistas, homofóbicos, transfóbicos y clasistas que están introyectados en el imaginario social. Ignorarlos, es caer en las mismas prácticas opresivas que decimos combatir.

No queremos esperar un próximo 2 de agosto, día del lesbicidio de Anna, para que se haga justicia y se visibilice su crimen de odio. El suicidio femicida de Antonia Barra ya  el movimiento tiene la potencia suficiente para no sólo visibilizar la injusticia hermenéutica patriarcal procesal penal, también lo es para revertirla y que no es solo pancarta de marcha. Se trata de praxis política y el caso de Anna Cook no es excepcional como lesbicidio, mereciendo aún más atención, porque se genera una doble discriminación insostenible en el Chile.

Fuente detalles del caso: http://esmifiestamag.com/2020/07/27/caso-anna-cook-detalles/

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