Por Danae Prado C. 

En el Día Internacional del Trabajo Doméstico, que cada 22 de julio pretende visibilizar los aportes del trabajo doméstico que realizan de manera mayoritaria las mujeres, tanto remunerado como no remunerado; conversamos con la artista chilena Virginia Ramírez, escultora feminista que ha desarrollado su trabajo artístico en la visibilización de lo doméstico.

¿Cómo inicias este trabajo de visibilizar lo doméstico desde el arte?

El 2015, en tercer año de la carrera nos dieron un encargo en el Taller de Escultura: realizar una traducción a partir de un concepto. En ese rato andaba trabajando a partir de objetos y fotos que encontré en la casa de mis abuelos. Mas allá del afecto que podía tener con esas cosas y el espacio que los albergaba, me llamaba mucho la atención la suerte de aura que habían adquirido las cosas con el pasar de los años, como si hubieran adquirido memoria o cierta personalidad, y a su vez dieran cuenta de la personalidad de las presencias y ausencias que coexistían (o habían coexistido) junto a esas cosas. Esa fue de las primeras aproximaciones conscientes que tuve, a lo que posteriormente denominé el territorio de lo doméstico. Digo conscientes, porque ahora con distancia, veo que estuvo presente siempre, incluso en encargos del primer año.

Ya en mi último año de universidad y los años siguientes no sólo identifiqué el territorio de lo doméstico, sino también los elementos, gestos, situaciones, relaciones y acciones que lo traman. Y me di cuenta que el imaginario que intento visibilizar está cruzado principalmente por el género, pero también por la clase.

Creo profundamente que el arte es una herramienta de reproducción y transformación cultural, con un gran potencial social. Darle cabida en espacios/campos propios de las artes a imaginarios más “populares” por nombrarlos de una forma (o marginados, periféricos, locales, propios de una clase con características similares) es también acortar las brechas existentes entre las instancias e instituciones artísticas y todas esas personas, que no casualmente, han carecido de educación formal artística.

Es una decisión política que en Chile, la educación con respecto a las artes sea escasa y superficial, que los museos/galerías y espacios que albergan las artes visuales estén ubicados en el centro de la ciudad, o en los barrios más altos, lejos de la gente común, de las, los y les trabajadores. Nos han hecho creer que el arte es algo propio de la élite, de las clases más acomodadas, y es mentira.

En los barrios que he conocido, en las casas que he habitado/visitado, y principalmente en las personas que forman parte de esos lugares hay una estética particular, un gusto y una forma de habitar el mundo que es muy bella. Han sabido encontrar un modo de embellecer o ennoblecer la pobreza, pa’ que no duela tanto, pa’ que pese menos y pa’ la vida se vuelva más llevadera también.

Mi producción visual, y el trabajo de educación, difusión, gestión de las artes visuales que he realizado apunta principalmente, a visibilizar esas maneras. A poner en valor esos imaginarios, estéticas y formas de habitar los espacios que tienen les habitantes de este chile marginado.

El territorio de lo doméstico tiene mucho de la geografía humana, de la intimidad con que las, les y los sujetos se relacionan entre sí, con sus objetos preciados, con los lugares que habitan. Y quiénes más le ponen de su cosecha a dichos espacios somos las mujeres, porque generalmente somos las que pasamos mayor tiempo en la casa.

La distribución sexual de las tareas, nos relegó a ese lugar, nos asignó el trabajo doméstico y de cuidados, inclusive si decidíamos salir a trabajar remuneradamente afuera.


¿Por qué lo doméstico es activismo y poesía?

Creo que lo doméstico tiene mucho de poesía, en tanto tiene de invisible. Es un trabajo y territorio que es sutil y delicado, porque está todo el tiempo rearmándose. Tiene mucho de insistencia también, y sobretodo de paciencia. Se limpia, se ensucia y se vuelve a ensuciar. Todos los días hay que rehacer las camas, sacudir el mantel, barrer las migas, lavar la loza.

Y de activismo lo tiene todo: en un mundo que pone el ojo en la competencia y la destrucción, el cuidado es revolucionario. Lo han mencionado varías compañeras feministas antes que yo: el trabajo doméstico y de cuidados no sólo sostiene la vida de quienes reciben el cuidado; sino que es ese trabajo invisibilizado el que permite que los otros trabajos asalariados existan y funcionen.

Quien cuida y mantiene el hogar, le está entregando a los otros integrantes del mismo las condiciones mínimas para desenvolverse afuera, le está solucionando la vida doméstica, que es algo que pareciera nunca acabar. Le está entregando la tranquilidad de que llegando a casa hay un lugar aseado, comida calentita y ropa limpia para al otro día ir a trabajar.

Creo que la poesía y el activismo son condiciones propias del territorio de lo doméstico, pero también son dimensiones que ha ido tomando mi propia producción visual. El activismo cobró mayor fuerza cuando la vida me cruzo a mis compañeras de organización, las Autoconvocadas de Macul. Cuando hubieron más manos para visibilizar, no sólo en las instancias artísticas, sino también en las calles la importancia del trabajo doméstico, y lo trascendente que resulta para el funcionamiento de la sociedad.

¿Por qué es importante salir a las calles con el mensaje de lo doméstico como activismo feminista?

Por todo lo que ya dije, pero principalmente porque el trabajo doméstico y de cuidados sigue siendo invisibilizado y ninguneado. Difícilmente va a cambiar el orden social y los roles de género, si no se pone en valor el trabajo gratuito que realizan a diario las mujeres al interior de sus hogares. Y tenemos dos opciones: lo equiparamos a los trabajos asalariados y le asignamos un valor monetario a todos los quehaceres domésticos, o redistribuimos los quehaceres de forma equitativa entre todos los miembros del hogar, para que las mujeres dejen de ser esclavas de la casa y recuperen la autonomía.

Y mientras eso no pase, es deber feminista insistir en la valoración y visibilización del trabajo doméstico. En todos los ámbitos, creo que en estos tiempos resulta urgente pensar y aplicar políticas públicas que apunten a resolver este asunto. No puede ser que hoy en día sigan habiendo mujeres a las que se les pasa la vida, insistiendo y rehaciendo quehaceres del hogar sin que se reconozca la monumentalidad de dichos actos.

Puedes seguir el arte y activismo de Virginia en su cuenta en Instagram @lodomestico

 

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