*Emilia Yugovich
@emily_yugovich
Bajo el lema “Con las mujeres el cambio ya llega”, el pasado 23 de abril, se llevó a cabo en Asunción el cierre de campaña de candidatas que apoyan a la Concertación Nacional, agrupación que nuclea a más de 40 partidos políticos de la oposición y que, para el próximo 30 de abril se apresta para disputar, en las urnas, la titularidad del Poder Ejecutivo a la Asociación Nacional Republicana, partido que gobierna hace más de 70 años.

El evento se llevó a cabo en la Plaza de la Democracia, ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de Asunción y contó con la asistencia de candidatas de las distintas agrupaciones que forman parte de la Concertación Nacional, que también pugnarán por una banca dentro del Poder Legislativo el próximo 30 de abril, así como con la presencia de mujeres simpatizantes o afines a la oferta electoral de la oposición. Entre presentaciones artísticas, discursos políticos y la proyección de un material audiovisual que permitió que cada una de las candidatas haga llegar su mensaje sobre por qué votar a las mujeres, se vivió un clima de alegría y compañerismo; y fue realmente emotivo ver a las candidatas celebrar juntas el mensaje de cada una. La sororidad se hizo presente una vez más en aquella plaza durante ese encuentro histórico para nuestra joven democracia.

En Paraguay, las mujeres tenemos derecho a elegir y ser elegidas desde 1961, año en que se promulgó la Ley 704 que dispuso el reconocimiento de derechos y obligaciones políticas para las mujeres y, fue así como un 10 de febrero de 1963 las mujeres votaron por primera vez en unas elecciones generales. Para ser elegidas costó un poco más, porque hasta la caída de la dictadura en 1989 no se realizaban en nuestro país elecciones verdaderamente competitivas que pudieran abrir las puertas de la participación en general, menos aún para las mujeres.
Llegada la democracia, las posibilidades de participación fueron aumentando progresivamente y, aunque sabemos que factores culturales y económicos siguen hasta el día hoy constituyéndose en barreras de acceso para las mujeres, desde aquel 5,6% de mujeres electas para el Congreso Nacional en el año 1993, hemos escalado al 16% en las últimas elecciones del 2018 y en cinco días, nos tocará conocer el porcentaje de mujeres electas que formarán parte del Congreso Nacional para los próximos cinco años.
La presencia de las mujeres en política, aunque todavía en muy bajo porcentaje, ya se hace sentir en el debate público. Durante esta campaña electoral, no faltaron propuestas de políticas públicas tales como la del Sistema Nacional de Cuidados, el fortalecimiento del Sistema de Protección Integral o el empoderamiento de las mujeres a través de transferencias condicionadas, temas que sin duda formarán parte de la futura agenda legislativa. Sin embargo, llevar a cabo estos debates requerirá de mucho trabajo.

Otro tema también presente, dado que nos acompaña desde el momento en que incursionamos en política, es el de la violencia ejercida hacia las mujeres que hacen política. Los ninguneos, la relegación exclusiva a tareas operativas o logísticas, los acosos sexuales, abusos de poder o las opiniones sobre nuestros cuerpos y vida privada, son algunas de las formas en las que se manifiesta. Todas pasamos por esto; absolutamente todas. Esto no se trata de una cuestión personal que ocasionalmente le toca a una u otra. Es una cuestión sistémica, porque la política o la administración de los temas públicos ha sido construida y reforzada culturalmente por la idea de que es un espacio de hombres y que nosotras por elegir ese espacio, debemos pagar un costo, ese costo que la sociedad machista se cree con derecho a cobrarnos. La violencia política, funciona entonces como un disciplinador de género que, aunque se ejerza contra una sola mujer, en realidad se ejerce contra todas, porque el metamensaje es que no pertenecemos a ese mundo.
Pese a todo ello, aquí estamos haciendo política y lo seguiremos haciendo, con la conciencia de que nos espera un desafío aún más grande, en palabras de Rita Segato “no podemos replicar el estilo de la política patriarcal. Debemos poner en práctica una alternativa a su cultura política”. Así nos tocará contribuir a desarticular los códigos masculinos que corren por las venas de las instituciones, encontrar nuevas formas, más solidarias, más sororas y liberadoras, menos competitivas, verticales y extractivistas. Así efectivamente todas vamos a poder lograrlo y como humanidad daremos pasos decididos hacia adelante.
* ¡Si puede una, podemos todas![1]
[1] Extraído de discurso de la senadora y presidenta de la Concertación Nacional Esperanza Martínez, durante el cierre campaña de las candidatas que apoyan a la Concertación Nacional.
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