*Por Emilia Yugovich
@emily_yugovich
Hoy se cumplen 15 días de la asunción al mando de Santiago Peña, de aquel primer discurso en el que el nuevo mandatario, se dirigió al pueblo paraguayo evocando el poema “Mi patria soñada” del poeta pilarense Carlos Miguel Jiménez; continuó con agradecimientos varios y, finalmente, expuso la hoja de ruta para los siguientes años: implementar una visión estratégica para “guiar al país hacia el desarrollo”; aprovechar las potencialidades del Paraguay a partir de tres factores fundamentales: acceso al agua, producción de alimentos y producción de energía; trabajar en coordinación con el sector privado para la creación de 500.000 puestos de trabajo; generar un buen clima para la radicación de inversiones y garantizar incentivos para las industrias, como claves para dar el gran y prometido salto. Unos cuantos firuletes sobre la construcción de una sociedad “inclusiva, equitativa y unida”; una gobernanza participativa con la ciudadanía; preocupación sobre el cambio climático; innovación en educación y promesas sobre salud, sirvieron para decorar el resto. Ni una sola palabra al pueblo campesino, ni una sola palabra a los pueblos originarios, a las mujeres, y las infancias del Paraguay. Fuera de su agenda, fuera de su patria.
En su patria, como dijo, se persigue la radicación de inversiones. La baja presión tributaria es clave para eso, así que aquí no habrá redistribución de nada, salvo de deudas, claro; y a no olvidar que, la gente que habitamos su patria junto con el medio ambiente, somos “el capital más valioso”, porque somos mayoritariamente jóvenes, nos pagan poco y las cargas sociales son bajas.
Para el orden interno cuenta con uno de los pioneros en la lucha contra el enfoque de género, aquel ex ministro de educación que, en pleno ejercicio del cargo amenazó con quemar libros (vaya paradoja), y más tarde sumó su voz a la de otros parlamentarios y parlamentarias afines al cartismo que, como recurso electoral, desinformaron sistemáticamente a la ciudadanía, generando pánico con ideas retrógradas, vinculadas al “adoctrinamiento homosexual” en espacios educativos. Todo muy alejado de aquella “patria sin murallas para el pensamiento, libre como el viento, sin miedo a metrallas,”.
En la otra patria, en la no mencionada, reside el costo de esa capacidad de producir mecanizadamente alimentos para millones de personas alrededor del mundo, poblaciones campesinas e indígenas expulsadas e intoxicadas por ese modelo productivo y sus 7 millones de hectáreas de tierras malhabidas. Allí, resuenan los gritos de dirigentes apresados cuando no asesinados en su lucha por la tierra, pero que, en la patria de Santi no se escuchan.
En esta otra patria, la brecha entre hombres y mujeres para el acceso a derechos tales como salud, educación, participación política, remuneración laboral justa, es una realidad que se forja con violencia; y aquí estamos hartas de llorar a víctimas como Katia, asesinada por la violencia machista y por un sistema de protección que no protege. Katia, como muchas otras denunció. El Ministerio Público y la Policía fallaron. La fiscalía dictó una prisión domiciliaria que no se cumplió; Katia volvió a denunciar otra agresión (aún con la medida de prisión vigente y no cumplida) y aún así nadie la protegió, sólo quedó registrado en los archivos de la comisaría lambareña que, tipeada la denuncia, no volvió a mover un dedo.
Los casos de abuso sexual en niñas, niños y adolescentes y las cifras de niñas madres más altas de la región, exigen urgente la socialización de herramientas que les permitan marcar límites y conocer situaciones de riesgo, para así evitar los casos de abusos, pero el sector aliado a Santiago Peña, considera que este tipo de enseñanzas es contraria a las costumbres y valores nacionales (¿el abuso sistemático hacia las infancias?).
La ausencia, sin embargo, es la presencia de algo más; de un modelo que tiene como presupuesto estas realidades, que se erige sobre ellas. No es un acaso, que incluso antes de la asunción del gobierno, ya se haya anunciado la creación del Ministerio de la Familia, que absorberá a los Ministerios de la Mujer y de la Niñez y la Adolescencia. La patria soñada por Santi no da lugar para nada más, se alzará por sobre la nuestra, la que también soñamos, y así que a defenderla vamos.