La comunidad que transformó el dolor en esperanza

Tras más de una década de lucha, las familias de San Oscar Romero – ex Marina Kué – celebran el inicio de la titulación de sus tierras. un territorio de resistencia, siembra y sueños construidos con esfuerzo colectivo. La historia de una conquista que es de todas y todos.

 

*Por: Noelia Díaz Esquivel – Edición: Mónica Bareiro.

 

«Nosotros sabíamos que Marina Kué no era de los Riquelme, que no tenían los títulos de propiedad. Siempre tuvimos la esperanza de que estas tierras serían de las y los campesinos. Nunca dejamos de luchar”, dice Cristina Ozuna, la primera persona en pagar por su título de propiedad en San Oscar Romero, Curuguaty. 

 

«En su momento hubo divisiones, tuvimos miedo por nuestras vidas. Hubo tiempos en que las reuniones las sostuvimos apenas entre cuatro personas. A pesar de todo, la meta siempre fue llegar a la titulación», recuerda la dirigente y secretaria de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué.

 

Cristina Ozuna, dirigente y secretaria de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.

 

Cristina, agricultora y ama de casa, pagó por el título de propiedad de un lote de 9 hectáreas ubicado en el corazón de la comunidad. Tiene 39 años y es madre de dos hijas, Yamili y Estrella. La primera, de 19 años, hace unos meses migró a la Argentina en busca de nuevos horizontes, quiere ser policía.

 

Con la venta de gallinas y cosechando mandioca y sésamo, Cristina logró, a duras penas, que estudie y se reciba de peluquera y maquilladora profesional, pero el rubro no tiene mucha salida en pueblos pequeños del interior del país. Su madre sueña con que Yamili vuelva a su lado, a su tierra.

 

«No me alegro de que se haya ido, como mamá estoy muy preocupada, pero no puedo todo sola», dice con impotencia Cristina. Está segura de que, de haber tenido un hogar y su propia tierra antes, hubiera podido generar mayores ingresos para que sus hijas accedieran a una mejor educación y a un proyecto de vida en su propio país.

 

Estrella, de 15 años, todavía no terminó la secundaria, y es uno de los motivos por los cuales no pueden asentarse definitivamente en San Oscar Romero. La escuela del asentamiento, Niños Mártires de Marina Kué, ofrece educación solo hasta la primaria. Esta realidad la obliga a trasladarse sin descanso entre los 35 km que separan a Yvypytá y el asentamiento. 

 

Ninguna de estas dificultades logró hacer que Cristina pierda la certeza de que esas tierras, algún día, pertenecerían oficialmente a las y los campesinos.

 

En el lote número 4 se asienta, rebosante de dignidad, su casa de madera, levantada con la ayuda de su padre, don Ramón Ozuna, de 79 años, y la solidaridad de sus compañeros. Está ubicada sobre el camino principal del asentamiento. La vivienda de dos dormitorios, una sala y una cocina, se erige bajo la cobija de árboles nativos y frutales. Este hogar es para ella sinónimo de victoria.

 

Cristina en su casa, ubicada en el lote número 4. Fotografía: Leo De Blas.

 

«Él siempre luchó —dice Cristina al referirse a su padre—, fue uno de los primeros en entrar, una de las 37 personas que ingresaron en 2012. Siempre luchó en Marina Kué. Hace un año tuvo que volver a Yvypytá, porque tiene problemas respiratorios y acá todavía no hay atención sanitaria, además ya está viejo».

 

Detrás de la casa, varios metros adentro del monte, está el kokue (chacra). Hasta hace poco, todo lo que cosechaban era para el autoconsumo. Sin embargo, el último año Cristina sembró mandioca, maíz y poroto. Logró cosechar y vender una hectárea de mandioca.

 

«No fue el mejor precio, pero gané ocho millones. Antes solo era para consumo porque no había camino. Ahora que ya tenemos, puede entrar el camión para transportar la producción», dice con una emoción difícil de ocultar. 

 

Concentración de la tierra

 

Según datos del Censo Agropecuario Nacional 2022 del Instituto Nacional de Estadística (INE), la estructura de la tenencia de la tierra en Paraguay continúa mostrando una marcada concentración: de las 291.497 fincas agropecuarias registradas, el 55% (160.273 fincas) cuenta con título definitivo, el 29% (84.965 fincas) posee documentos provisorios, y el 22% (64.352 fincas) se encuentra en situación de alquiler, aparcería, ocupación u otras formas de tenencia.

 

La concentración de la tierra en Paraguay es una de las más altas del mundo, con un índice de Gini (medida estadística empleada para cuantificar la distribución de la riqueza) de 0,93, lo que indica una extremada desigualdad de la propiedad.

 

Según la organización Base-IS, Horacio Cartes, empresario y expresidente de Paraguay, es considerado uno de los mayores propietarios de tierras del país. Además, durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), aproximadamente 8 millones de hectáreas destinadas a la reforma agraria fueron asignadas irregularmente a aliados del régimen. Estas tierras, conocidas como «malhabidas», siguen en manos de particulares y empresas, sin que se haya logrado una redistribución efectiva según refleja la investigación del medio paraguayo El Surti, que desarrolló una herramienta para identificar a los «Invasores VIP del Paraguay».

 

Estos datos reflejan una persistente concentración de la tierra, con una distribución desigual que afecta especialmente a pequeños productores y comunidades rurales.

 

Que hoy Cristina sea propietaria de su propio lote es un paso importante hacia la justicia social y la resolución de conflictos históricos relacionados con la tenencia de la tierra en Paraguay.

 

Victoria

 

«Me emocioné, lloré, porque es un logro muy importante. Imaginate, después de 12 años de lucha. Para mí fue una enorme alegría. Como mujer siempre luché, ni un momento abandoné, incluso cuando todos nos decían que no íbamos a ganar, cuando aseguraban que nos vendimos. Ahora llegamos a la conquista de nuestro sueño», relata Cristina.

 

El 24 de febrero de 2025, fecha en que se conmemora el Día de la Mujer Paraguaya, Cristina entregó un millón de guaraníes, la primera cuota por el título de propiedad del lote número 4. Fue la pionera en materializar la tenencia de tierra propia, además con este acto, honró la lucha de todas las mujeres que nunca dejaron de creer, que al igual que los varones, también tienen derecho a ser propietarias de su tierra y su destino. Cristina ya tiene un lugar donde planificar su presente y su futuro. 

 

Cristina recibió el título de su propiedad el 24 de febrero de 2025, fecha en que se conmemora el Día de la Mujer Paraguaya. Fotografía: Leo De Blas.

 

Así como ella, hoy ya suman 15 pobladores que realizaron la primera entrega por sus títulos de propiedad. En total, deben invertir G.  17 millones un plazo de 10 años. Para las mujeres el plazo puede extenderse hasta 15 años.

 

Cristina explica que actualmente más pobladores se están anotando para realizar la primera entrega, pero aguardan juntar cierta cantidad de pagadores para convocar nuevamente a los cobradores del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT). Los traslados a Curuguaty u otras localidades representan un costo que por el momento no pueden asumir. Hasta ahora, han sido censadas 211 familias, pero se estima que podrían llegar a 250.

 

El presidente Santiago Peña oficializó la transferencia de las tierras de Marina Kué al Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT) el 25 de octubre de 2024. El presidente del INDERT, Francisco Ruíz Díaz, anunció que en diciembre de 2024 se iniciaría la entrega de los títulos de propiedad a los ocupantes.

Todavía queda un largo camino por recorrer, porque si bien hoy el asentamiento pertenece oficialmente a las y los campesinos, aún falta garantizar el acceso a servicios que les permitan vivir dignamente. Falta mejorar el camino de acceso, como así también un puente de madera maltrecho que se encuentra a mitad del acceso principal. De momento, se está avanzando en la electrificación, con líneas de distribución y conexiones trifásicas que están a punto de ser inauguradas.

 

Parte del camino que forma parte del acceso principal de San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.

«Obras Públicas responde muy poco, hay que insistir mucho para que vengan y se limitan a limpiar, mal que mal, las malezas que crecen a la vera del camino. Cuando el puente necesita reparación, nos encargamos nosotros los pobladores», reclama Cristina.

 

El acceso al agua también sigue siendo un problema sin resolver. La mayoría de los pobladores tiene pozos, pero no todos pueden costear un motor que permita el uso de agua corriente, a lo que se suma el déficit de energía eléctrica, que muchas veces no da abasto para mantener encendida y funcionando la bomba. Los habitantes indicaron que Itaipú Binacional se comprometió a la construcción de pozos artesianos, pero que esperan los documentos de tenencia de tierra para poder iniciar los trabajos.

 

Mientras tanto, recibir atención médica resulta todo un desafío. San Oscar Romero cuenta con un pequeño dispensario y medicamentos recibidos en donación por parte de un benefactor. Luis Olmedo —ex preso durante el injusto juicio tras la masacre de Curuguaty— aprendió sobre primeros auxilios durante su reclusión en la cárcel de Tacumbú, pero no es suficiente.

 

Escuela Niños Mártires de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.

 

«Tenemos que salir hasta el Km 21 o llegar a Curuguaty ante casos graves. Sin embargo, siempre hay gente solidaria que nos ayuda, como la enfermera Gladys Vera, que tiene muy buena voluntad», cuenta Cristina.

 

Asentamiento modelo

 

San Oscar Romero es una comunidad rural ubicada en el distrito de Curuguaty, en el departamento de Amambay, al noreste del Paraguay, muy cerca de la frontera con Brasil. El territorio forma parte de una zona de transición entre el bosque atlántico y el Chaco húmedo, con una rica biodiversidad y numerosos cursos de agua, como el río Aguara’y Guazú, que cruza la región.

 

Este territorio, conocido históricamente como Marina Kue, fue escenario de una de las más graves masacres en democracia en el año 2012. Desde entonces, y tras años de lucha por la tierra, la comunidad fue rebautizada por sus pobladores como San Oscar Romero, en honor al obispo salvadoreño canonizado, símbolo de justicia social y defensa de los derechos humanos.

 

San Oscar Romero es un emblema de organización campesina, gestión territorial sostenible y lucha por la justicia agraria en Paraguay. La consecución del pago de sus lotes, más que un trámite, significó el reconocimiento legal de un derecho largamente postergado. Pero no se quedaron ahí: con el acompañamiento de diversas instancias del Estado, desarrollaron un plan de habilitación territorial que incluye la protección de áreas boscosas, la identificación de fuentes de agua y la delimitación de espacios comunitarios como huertas, viveros y zonas de asamblea.

 

La comunidad cuenta además con un plano original registrado, que contempla 270 hectáreas como reserva forestal, tal como lo establece una ley nacional específica para Marina Kue. Esta ley también promueve su integración a las fincas como parte de un modelo productivo sostenible.

 

La Ley N.º 7122/2023, promulgada el 22 de junio de 2023 por el entonces presidente Mario Abdo Benítez, representa un hito en la lucha por la tierra en Paraguay. La ley autoriza una permuta de tierras entre el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) y el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT).

 

En este intercambio, el MADES transfiere al INDERT un inmueble de 1.748 hectáreas, identificado como Finca Nº 30, Padrón Nº 61; a cambio, el INDERT transfiere al MADES un inmueble en Karapa’i, departamento de Amambay, identificado como Matrícula Nº N05/733, Padrón Nº 736, que fue destinado a la creación del Parque Nacional Pájaro Campana.

 

La comunidad también se embarcó en un ambicioso proyecto de rescate de semillas nativas, recuperando variedades originales traídas del departamento de Itapúa. Estas semillas se distribuyen sin costo como práctica de la economía solidaria, con la meta de conservarlas en las fincas familiares y garantizar su transmisión de generación en generación.

 

Producción fruto de la agricultura familiar campesina de San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.

 

Desde 2023, se impulsa también una huerta comunitaria basada en técnicas agroecológicas. Esta experiencia busca replicarse en otros sectores del asentamiento, ampliando su alcance y utilidad para más familias.

 

Pobladoras de San Oscar Romero, preparando el almuerzo para la celebración del día de la tierra. Fotografía: Leo De Blas.

 

Según explica Óscar Rodas, director de cambio climático de WWF-Paraguay, otro de los recursos con gran potencial es la yerba mate silvestre que crece en la zona y posee un alto valor nutricional. Rodas recomienda que «la comunidad se embarque en el desafío de crear un vivero de alta calidad genética, que podría convertir a la región en un polo de producción de semillas de yerba mate».

 

Desafíos

 

«Las mujeres organizadas fuimos las protagonistas de esta lucha por la tierra. Fuimos nosotras quienes pusimos el cuerpo por dos años en la carpa de la resistencia, acompañadas por Margarita Durán, Guillermina Kanonikoff. Hoy queremos seguir fortaleciendo la organización, aprender más y algún día llegar a tener una cooperativa. Anhelamos seguir creciendo para tener una vida digna», cuenta Martina Paredes, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué.

 

Martina Paredes, dirigenta de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué. Fotografía: Leo De Blas.

 

La organización fue lo que siempre sostuvo a esta comunidad, por eso uno de sus principales desafíos es seguir trabajando y desarrollándose unidas y unidos.

 

Actualmente, 40 mujeres forman parte de una recién nacida asociación bautizada como Mujeres del Alba. Ya iniciaron los trámites para conseguir la personería jurídica, pero mientras tanto, ya empezaron a trabajar.

 

Cristina Ozuna compartió con sus compañeras sus conocimientos para la elaboración de productos de limpieza. A partir de ello, iniciaron la producción de suavizante para ropa, detergente y jabón casero. «Ya hicimos dos veces y nos repartimos dos litros cada una», cuenta.

 

Durante las celebraciones en torno al Día de la Tierra, la fecha más importante para la comunidad, el grupo puso a la venta 100 litros de suavizante y 50 litros de detergente para juntar fondos que les permitan financiar sus viajes hasta Asunción y proseguir con los trámites legales de la asociación. Por otro lado, comenzaron a participar en ferias de productos de la agricultura familiar, como la realizada durante la misa central de Caacupé el 8 de diciembre de 2024.

 

Parte de la producción de detergentes de las “Mujeres del Alba”. Fotografía: Leo De Blas.

 

Lo que comenzó como una lucha por la tierra hoy florece como un proyecto colectivo de vida, producción y dignidad. «La tierra nos da el sustento; su protección y conservación son nuestra lucha diaria. Estos valores los transmitimos a las y los niños como pilares de la vida campesina», añade Martina.

 

Solidaridad

 

«Piel de gallina, estoy re bien, re contento. La satisfacción más grande de un dirigente es la conquista. Y fue la unidad lo que nos llevó a la conquista: solos no íbamos a poder. Agradezco a toda la gente de buena voluntad, a las organizaciones de la sociedad civil, por su solidaridad. La unión hace la fuerza es un dicho real y por eso esta victoria también la celebramos de forma conjunta. Hoy más que nunca: ‘Vencer y vivir’, como dijo el padre Oliva», expresa Darío Acosta, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kue.

 

Darío Acosta, dirigente de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kue. Fotografía: Leo De Blas.

 

Don Darío Acosta es otro de los grandes protagonistas de esta historia de dolor transformado en lucha. Fue uno de los que nunca se rindió, entendiendo que la alianza con diferentes sectores era indispensable para conseguir el objetivo: ser los únicos y legítimos dueños de San Óscar Romero.

 

Con esa estrategia política, hizo todo lo posible por abrir espacios de diálogo con el Estado. Pero también supo administrar la solidaridad de benefactores, respondiendo con responsabilidad y compromiso al apoyo de diferentes organizaciones de la sociedad civil.

 

El proyecto Voces para la Acción Climática Justa (VAC) acompañó con fondos para que las y los dirigentes de la Asociación de Víctimas y Familiares de Marina Kué puedan movilizarse y hacer gestiones de incidencia.

 

Emma Timmerman, coordinadora de VAC desde WWF Paraguay, explica que «el apoyo consistió en fondos para la coordinación y logística de viajes de los voceros representantes de la asociación, y su participación en reuniones y mesas de diálogo interinstitucionales e intersectoriales con entidades gubernamentales como INFONA, INDERT, la Escribanía Mayor del Gobierno, la Dirección General de los Registros Públicos, y con otras organizaciones de fines sociales».

 

Don Darío admite que muchas y muchos campesinos desconocen sus derechos, y en ese sentido el acompañamiento de VAC fue crucial para brindar asesoría técnica para el avance de la regularización de las tierras. Paralelamente, recibieron apoyo para el desarrollo sostenible de sus fincas con técnicos apoyados por VAC, para poder mejorar el rendimiento de sus cultivos.

 

Vivienda familiar ubicada en San Oscar Romero. Fotografía: Leo De Blas.

 

La solidaridad de la iglesia, a través de la Pastoral Social y del Comité de Iglesias, también fue fundamental, no solo como soporte espiritual sino también con capacitaciones en oficios.

 

«En mayo, la CONFEPAR (Conferencia de Religiosos y Religiosas de Paraguay) nos va a apoyar con cursos de peluquería, confitería, corte y confección. Todo esto a través de la hermana Raquel y para el fortalecimiento de la Asociación ‘Mujeres del Alba’. Realmente nos encontramos con mucha gente solidaria, recibimos ayuda de todas partes y gracias a eso pudimos sostener esta pesada lucha, ya van a ser 13 años», culmina diciendo Cristina.

 

Hoy, donde antes hubo desaliento, brotan frutos de esperanza. Cada semilla cosechada guarda la memoria de la lucha. La tierra, al fin, responde al amor de quienes la cuidaron. 

 

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