10 años de vida y sin poder decidir: la necesidad de un debate postergado

 

Macky Pareira*

Cuando aparece el “caso de una niña de 10 años, embarazada de su padrastro”, algunos medios de comunicación lo muestran como un hecho más, sin contextualizarlo, y muchas personas en la redes sociales, simplemente se limitan a reproducir las noticias, ignorarla o incluso, aprovechan la oportunidad para realizar juicios de valor y lanzar ideas desde la comodidad de sus hogares, sin preguntarse más allá de lo que ven o escuchan, como sucede por lo general, con aquellos temas que están vinculados a los derechos humanos de las niñas y mujeres.

¿Cuánto nos falta como sociedad para respetar la vida de las personas sin tantas asimetrías? Suena como una pregunta obvia, cuya respuesta se refleja en la realidad injusta de miles de niñas y mujeres que no cuentan con las mínimas condiciones para decidir una maternidad, sin imposiciones. El caso, a su vez, evidencia las opciones punitivas del Estado y su nula protección social, además del peso de la doble moral imperante en nuestro país, que condena cualquier decisión autónoma de las mujeres, en todas las situaciones.

Hoy, en Paraguay, una niña de 10 años, embarazada a raíz de una violación por su propio padrastro, NO puede continuar su vida de niñay no sólo eso, corre peligro en ese proceso. ¿Qué elementos más son necesarios para evitar un embarazo no deseado en estos casos? ¿Cuál es la vida que se protege finalmente? ¿Algunas valen más, otras menos? ¿Qué pasaría si esa niña es alguien más cercana? ¿Pensarías igual?

A los 10 años recuerdo estar rodeada de amor, mi prioridad era sólo jugar y disfrutar de mi vida de barrio, con amigos y amigas, ir a la escuela, leer mis primeros libros, bailar y cantar seguido frente al espejo o en el patio, en cualquier momento. Cuando mis hermanitos pasaron por los 10 años, también jugábamos juntos, preparábamos nuestros juguetes propios, sus primeros días de escuela eran los mejores, disfrutaba verlos crecer felices y les inventaba sus cuentos para dormir cada noche. Son sólo algunas cosas que se experimentan a los 10 años. ¿Por qué no realizar el mismo ejercicio personal antes de emitir una posición sobre el caso? ¿Qué estuviste haciendo a los 10 años? ¿Qué hicieron tus hermanas/os, tus hijas, tus sobrinas/os, etc.? ¿Pueden las niñas de este país tener garantías para seguir siendo niñas?

Muchas veces manifestamos nuestras posiciones de forma tan simple, sin reflexionar lo suficiente, debido a que los “casos no nos afectan directamente”, sobre todo, porque no dimensionamos que nos podría tocar de cerca alguna vez. Seguimos en un lugar tan cómodo, que nos impide ser conscientes de la realidad que vivimos como país, en el cual, todos los días hay casos como este, silenciados o denunciados, sin respuestas ni justicia real, en especial para personas con menos recursos.

Necesitamos de una sociedad que deje de naturalizar la falta evidente de humanidad, en hechos tan alevosos como éste. Cualquier niña, con 10 años de edad, debería continuar su vida de niña, porque es su derecho, algo tan básico que aún no está garantizado en Paraguay.

Ninguna está exenta de pasar por lo mismo y nos urge poder generar más herramientas para decidir libremente el momento y la forma de ejercer una maternidad libre, con las mejores condiciones, como niñas y mujeres que somos.  ¿Es tan difícil comprenderlo?

*Feminista/Socióloga (aterrizada en potencia)experiencia de trabajo en proyectos sociales e investigaciones sobre género, juventudes, educación y no discriminación/ aficionada a la música/ catadora de brownies/ soñadora incansable de un mundo sin patriarcado.
*Fotografía Jose Nico para Manifiesta

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