DSC00001

Por Solana López*

¿Cómo es representar políticamente desde una perspectiva feminista?

En el largo camino recorrido por el movimiento de mujeres en el mundo y en particular el feminismo, hemos dado pasos en materia de conquista de derechos, entre los que se encuentran el cupo de género en instancias electorales e institucionales.

Ahora que contamos con años de experiencia en roles de  representación, aunque vale aclarar que sigue siendo insuficiente, podemos hacer un balance para pensarnos como afianzar nuestra praxis desde el conflicto con la heteronormatividad.

Estamos ante una revolución ejercida desde las sujetas protagonistas de su historia que transforma en los cimientes más profundos, no solo a nivel filosófico sino antropológico, donde las mujeres asumimos nuestra identidad también en su carácter político.

¿Cómo atravesamos este proceso de identidad muda a identidad política?

Primero a través del registro corporal, subjetivo e intersubjetivo del ser mujeres, luego apropiarse de eso que develamos para finalmente deconstruirlo con otras sujetas, colectivamente en la naciente de una nueva cultura.

¿Ante que nos enfrentamos en ese recorrido?

Hay ideales y mandatos que funcionan como organizadores subyacentes, normativos pre morales porque constituyen las bases de la moral patriarcal y desde ahí operan, por ejemplo, cuando atacan al Yo en los actos aberrantes de una  “violencia correctiva” para quienes osan correrse de la heteronormativa. Esto es la colonización.

Toda normativización se establece en un momento muy temprano de la subjetivización de niñxs en el período de crianza y es resultado de los vínculos atravesados por las relaciones de poder. Será entonces esta normativización la que regulará las relaciones que establezcamos como sujetas, al igual que los modos de construcción colectiva y la posibilidad de síntesis, o no, en las representaciones políticas que asumamos.

Es importante recordar que las mujeres nos incorporamos al debate de leyes y normas muy recientemente porque antes no se nos incluían ni siquiera en el lugar de sujetas de derechos y sólo se nos imponía. Luego empezamos a incluirnos participando del universo ciudadano pero nuevamente tuteladas como reproductoras de lo establecido por el orden patriarcal.

¿Cómo deconstruir esa normatividad que regula nuestra construcción política y el rol de representación que asumimos?

Lo primero es poder interpretar esta deriva del género que proviene de la identidad misma y no del orden externo, que nos hace sentir que el “ser” se nos desarma si no actuamos como está previsto, deriva que actúa como imperativo categórico.

Al develar las “capas arqueológicas” constitutivas de la moral que nos rige, podemos observar que la más primaria y arcaica es la provista por el género, llegar a ella implica poner en cuestión los modos en que actuamos como sujetas políticas tuteladas en el orden patriarcal.

Estos modos se basan en el rol maternal estereotipado, indiscriminación del deseo sobre lo impuesto, represión del placer y la agresividad y actuar desde lo implantado.

La ruptura es dialéctica, es personal y colectiva, no hay construcción política feminista posible sin pasar por la lectura de nuestro propio Yo y no hay transformación personal posible con perspectiva feminista sin atravesar el orden resubjetivante de lo intersubjetivo.

Se trata de reestructurar las formas de relación con una misma para la trasformación de las prácticas políticas y la asunción de roles.

Solo así podremos dar batalla integral al colonialismo de género y clase que hoy el imperialismo impone con cada vez más crudeza y barbarie.

*Solana López es Psicóloga Social, referente de la Corriente Nacional Lohana Berkins.

Deja un comentario