Gorda, Negra, Reaccionaria

YO

Belencha Rodríguez*

Cada vez que publico una foto de mi cuerpo gordo, cada vez que me siento una mujer bonita, cada vez que visto un atuendo que me empodera o simplemente sonrío, recibo un tipo premium gratuito de feedback diciendo: “¿Cómo podés ser feliz así? No hay manera posible en la que goces de buena salud” o “Si vos sos feliz así, ¡yo te apoyo!”. La idea de que alguien tiene que probar su estado de salud y su felicidad a la sociedad es inherentemente violenta, no hay otro enunciado más real: es violento pedir justificaciones de caracterizaciones antropo y sociológicamente históricas.

¿Qué carajos significa eso? Si estoy feliz, ¿cómo afecta eso a nadie más que a mí o, en todo caso, a las personas más cercanas a mi coyuntura? Estxs son literalmente extrañxs o personas cercanas (cosa que no implica un libre juzgar) comentando sobre mi cuerpo y mi camino personal en la vida. Existe un voyerismo alrededor de ciertas desviaciones dentro de los estándares de belleza y humanidad, un voyerismo auto-permisivo en cuanto a medir con la propia vara la vida de los demás, como un egótico actuar individualista.

Los cuerpos negros, latinos, gruesos-femeninos están constantemente bajo escrutinio e interrogatorio porque se nos ve como indignxs o incapaces de ser amadxs, como la parte fea de la humanidad, pero al mismo tiempo, contradictoriamente con una accesibilidad y un punto de comparación referente a la belleza de todxs lxs demás. Las latinas tradicionales no influenciadas por la estética euro-centrista somos a la vez feas pero lindas, porque desde la misma perspectiva las versiones mejoradas son consideradas como exóticas. Sin embargo, entender lo que nos hace funcionar, cuan “grotescos” son nuestros estilos de vida, o incluso el cuestionamiento de por qué o cómo alguien puede llegar a amarnos, es una inversión de aquellos que participan en nuestra miseria y fealdad para construir su logro de no ser o terminar como nosotras en la vida.

El simple hecho de que yo me sienta bien con mi gordo y negro cuerpo ya es una rebelión, porque así se cuestiona y se reacciona ante todo lo que estamos entrenadas para creer en cuanto a la belleza y la salud. La felicidad se vende y se empaqueta como algo obtenible cuando estás delgada, hegemónicamente hermosa y saludable. Pero cuando estás gorda, tu cuerpo no es visto como la representación de la salud de por sí, y por lo tanto, dicha felicidad o estado de amor propio no existe ante los ojos de la sociedad, enferma de principios discriminativos y autodestructivos.

Primero debemos entender que la salud y la felicidad no siempre van de la mano. Luego, que una persona gorda puede poseer una salud relativamente estándar comparándola con una delgada. Luego, que el/la serx humanx -gordx o flacx-, en la constante búsqueda de la felicidad, está realmente en una constante búsqueda de identidad y la paz que conlleva el saber quiénes somos objetivamente para poder vivir con eso armónicamente. El objetivo es desafiar y politizar la salud y la felicidad como logros pináculos de la vida que se cuelgan delante de nosotras como objetivos por los que luchar. El capitalismo de la eterna y sublime supremacía blanca cultiva un entorno en el que estamos entrenadas para luchar a muerte en todo momento, ya se trate de poder, felicidad, salud o supervivencia, y nuestra cotidianidad se vuelve un mundo creado para que podamos existir y estar centradas en un accionar competitivo. Nada de humanidad. Nada de empatía. Nada de paciencia ni mucho menos amor.

Estamos entrenadxs para creer que solo podemos acceder a estas cosas únicamente si lo hacemos antes de que alguien más lo haga, a expensas de otra persona o privando a otrxs de conseguirlas. Aunque la supervivencia no debería ser ni es una constante lucha para co-existir, sentimos la necesidad de disminuir alx otrx al mismo tiempo. La norma común es que no puedo poner una foto de mi rollizo cuerpo y estar orgullosa de lo que creo con eso (sin que me importe la felicidad, la salud o cualquier motivo) sin ningún tipo de comentario sobre si mi orgullo y mi cuerpo valen ser visibles o directamente existir, porque otra persona no ve mi valor y mi humanidad es violenta, es impuesta y es totalmente anti-humana.

Ser una gorda negra y reaccionaria significa reconocer que mi cuerpo, mi identidad, mi herencia y mi existencia están siempre bajo interrogatorio porque todx aquellx que es aparentemente más poderosx o que tiene mayor acceso al poder que yo NECESITA que yo sea infeliz, grotesca y enferma para sostener que su proyecto de felicidad y salud quede intacto (y que valga la pena el trabajo). Cuestión de turbia agenda, si una se pone a indagar sobre la imagen saludable y su relación directa con las farmacéuticas e industrias de lucha contra la vida obesa de próxima muerte. Las multinacionales que te venden comida chatarra te enferman, pero te quieren flaca.

El empoderamiento de las gordas tiene el costo del trabajo que estxs desgraciadxs han puesto en sostener un pensamiento capitalista de supremacía delgada y blanca con sus acciones personales. La felicidad gorda no puede ser igual a su felicidad ni debe; no es un requisito que sea una lucha de/por poder y un juego en el que el/la ganadorx se lleva todo y lo comparte. Sin individualismos, sin competencias, sin reducciones cuantitativas ni cualitativas. Así que… váyanse a la mierda con sus constantes preguntas penosas de si soy feliz o soy saludable. Soy gorda, negra, y existo, mi cuerpo es mío, compartimos identidad, herencia, cultura, pero mi cuerpo es mío. Y yo pongo las reglas sobre el mismo, no necesito explicarme ni justificarme ante nadie.

* Gordactivista, Blogger feminista, 29 años de Encarnación – Paraguay.

Foto: Mayeli Villalba

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