El Efecto Liberador

foto Rosa Posa fotografa ANDREA MAGNONI MAYO 2017

Por Rosa Posa*

La sexualidad es un territorio de placer, de conexión consigo misma, con otras personas. Es una dimensión importante en nuestras vidas. También es un lugar de opresiones, violencia e invasiones espeluznantes.

Cuando desde el feminismo se empezó a pensar en los derechos sexuales y los derechos reproductivos como herramientas de exigibilidad, se dio un paso importante para sacar a la luz tantos terrores que se imponen a nuestros cuerpos.

Sobre el reconocimiento de los derechos sexuales y los derechos reproductivos como derechos humanos quiero decir tres cosas:

  • Que los derechos sexuales y los derechos reproductivos como concepto, ayudaron a reconocer las necesidades de las personas más allá de la visión médica tradicional. No se trataba sólo de tener “salud” sino de tener derechos.
  • Aunque hoy quiera negarse, ha habido un avance histórico. Por ejemplo, en la Conferencia de DDHH de Viena en 1993, reconocieron que los derechos de las mujeres son derechos humanos; el reconocimiento de los derechos reproductivos en la Conferencia de Población y Desarrollo del Cairo en 1994, y el derecho a ejercer la sexualidad libre de discriminación y violencia en Conferencia de la Mujer en Beijing en 1995. Estos pasos pueden parecer lejanos y que nada tienen que ver con nuestros cuerpos, pero sí importan.
  • Que independientemente del reconocimiento del sistema, estos conceptos tienen un efecto liberador.

Aprender es liberarse. Salir del marco en que hemos sido educadas en sexualidad no puede ser otra cosa que liberador. Pero es difícil liberarse en un mundo machista donde los depredadores te esperan en la puerta. Por eso, es necesario conocer, afirmarse, re-adueñarse de una misma, porque la educación que recibimos en sexualidad (hablo de las personas que tienen ahora 13 años hasta las que tienen 100 años), nos enseña a someternos a la heterosexualidad obligatoria y a resignarnos a una sola práctica sexual: pene-vagina.

Entender los derechos sexuales como derechos es darse cuenta de que podemos luchar por un contexto favorable. Liberarse no es sacarse la ropa interior y salir a la calle, es sabernos dueñas de nuestro cuerpo, sin obligaciones que cumplir en el territorio de la sexualidad (la única obligación en el no dañar a nadie), solo escucharnos porque bastante hemos sido escuchadoras.

Tener derecho al placer significa que la educación deje de estar enfocada al placer de los cis[1] hombres y a la reproducción de las cis mujeres. Todavía hay textos educativos que hablan de eyaculación por un lado y menstruación por otro ¿Cómo así? ¿Por qué no se habla del flujo vaginal?  ¿Por qué nunca se habla en educación de adolescentes del clítoris, del poder, del placer? Así se puede llegar a ser madre 5 veces sin saber lo que es el placer.

El efecto liberador, es el efecto aterrador para las mentes fundamentalistas, conservadoras y anti-derechos. Las palabras “autonomía”, “género”, “placer” les provocan convulsiones. Me aburre un poco seguir diciendo esto en 2017. Sí quiero recordar que hace unos 10 años, vi a una fundamentalista católica sacudir su cuerpo gritando “Cairo no, Beijing no”. No se refería a que no quería visitar esas ciudades, sino que rechazaba con todo su ser los avances que significaron en la conceptualización de los derechos sexuales y los derechos reproductivos.

A lo largo de los cientos de talleres que di sobre este tema en la región, a muchas cis mujeres heteros, lesbianas, bi o pansexuales, a muchas personas trans heteros o gays o lesbianas o pansexuales he visto como desaprender los prejuicios sobre sexualidad hace que las mujeres tomemos el poder de nuestros cuerpos de cis mujeres de mujeres trans, de trans masculinos, de no binarios, de gays no hegemónicos.

Cuanto más poder tengamos sobre nuestros cuerpos, más van a convulsionar los fundamentalismos. Ya lo decía aquel grafiti: “Nuestros sueños son sus pesadillas”.

*Paraguaya y española, feminista y activista por los derechos de las lesbianas. Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación, post-grado en género y desarrollo, diplomada en políticas públicas y género. Trabajó en el Centro de Información de los Derechos de la Mujer en la ciudad de Cahors (Francia), fue asesora en género del PNUD Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Paraguay durante 4 años. Desde 2005 hasta 2011 fue la responsable de los institutos de capacitación de activistas de América Latina y Caribe de la Comisión Internacional de Derechos Humanos para Gays y Lesbianas. Actualmente es consultora independiente. Es fundadora y activa en AIREANA, grupo por los derechos de las lesbianas en Asunción, Paraguay. También forma parte de AKAHATA, equipo latinoamericano de trabajo en sexualidades y géneros, donde realiza capacitaciones en Latinoamérica.

Foto: Andrea Magnoni

[1] término que se utiliza para describir personas cuya identidad de género y género biológico “coinciden”, es decir, que no se identifican como transgénero.

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