paraguay1Cynthia Fernández*

Lo sucedido en los últimos meses con la furibunda campaña contra la ‘ideología de género’ no debería dejar indiferente a nadie. Esto es un signo claro de cómo estamos como sociedad y los desafíos que nos quedan para avanzar hacia los cambios que necesitamos. Hay muchos elementos que analizar en lo que se ha dado y se sigue dando alrededor de este tema. Por un lado los niveles alarmantes de ignorancia y desinformación sobre la temática que se pone en juicio, y por el otro, la campaña de desacreditación y manipulación basada en mentiras inverosímiles y ridículas, por ejemplo, es falso que la teoría de género ‘promueva alguna orientación sexual’, o que niegue la ‘existencia del sexo biológico’. Sin embargo, ante esta necesidad imperiosa de información seria y veraz para la gente que realmente puede tener un juicio crítico, la respuesta de quienes deberían informar y promover la formación de opinión sobre bases responsables, la prensa -lastimosamente con muy pocas excepciones-, aprovecha para ‘vender’ programas sensacionalistas y hacer de una discusión necesaria un circo.

Un aspecto de lo que está sucediendo que es mucho más grave, y que está en la raíz de todo el problema es el serio riesgo que corren nuestra libertad de pensar, de desarrollar ideas y teorías, de construir ciencia, en síntesis, de cambiar el mundo.

La teoría de género, que se quiere ‘prohibir’ y ‘retirar’ de todos los textos escolares, es un avance científico muy importante, a nivel histórico-antropológico, sociológico y, finalmente humano. Es el análisis de la construcción del poder patriarcal basado en estereotipos de lo que ‘deben ser’ una mujer y un hombre. Es el estudio de la opresión y la desigualdad que las mujeres han sufrido históricamente y siguen sufriendo aún hoy, el análisis serio y concienzudo de cómo estas desigualdades y esta opresión se han ido construyendo en diferentes períodos históricos y en diferentes culturas. La violencia contra las mujeres en todas sus formas, el feminicidio, la descarga de todas las tareas familiares, domésticas y de cuidados sobre los hombros de las mujeres, la inferioridad salarial y la doble y triple exigencia hacia las mujeres profesionales, la cosificación de sus cuerpos, etc. son lacras actuales contra las que la teoría de género provee herramientas efectivas de lucha, a la vez que ayuda a comprender la opresión y el poder ejercidos sobre otras desigualdades.

El ataque a estos importantes avances no es casual. No es la primera vez que esto sucede en nuestra historia, y, cada vez que ha sucedido, se ha dado de la mano de sectores de pensamiento totalitario, sectores que sostienen la ideología del ‘pensamiento único’, aquellos que sostienen que existe sólo una forma ‘correcta’ de pensar, una sola ‘verdad’: la suya. Acompañado del pensamiento maniqueo de ‘esto es blanco y esto es negro, esto es bueno y esto es malo, acá está el cielo y acá el infierno’, esta forma de pensar trae consigo la creencia y la actitud de ‘dueños de la

verdad’, y no sólo se creen mejores que los demás y con el derecho de juzgar a otros sino, y acá está lo verdaderamente terrible, con el derecho a imponer la forma de pensar, la forma de vivir y la forma de ser de los demás.

La antigüedad griega y romana, aún en el periodo esclavista, se caracterizó por la libertad creativa tanto para las expresiones artísticas como para la filosofía, de allí recibimos lo que es la raíz de nuestra cultura y desarrollo tanto político y filosófico como científico y artístico; pero esta libertad tuvo un periodo de larga pausa e incluso de retroceso durante la Edad Media.

La Edad Media (entre los siglos V y XV de la era cristiana) época conocida como el ‘oscurantismo’ fue un periodo improductivo en la historia de las ideas en la que la Iglesia Católica adquirió un inmenso poder que trascendía el ámbito religioso. Una de sus características principales fue la imposibilidad de cuestionar los dogmas religiosos, que eran considerados verdades reveladas que no permitían crítica. La búsqueda de la verdad científica no era posible ya que la única verdad posible era la revelada por Dios y aquellos que no la aceptaban eran obligados a recapacitar o eran perseguidos hasta la muerte por los tribunales de la ‘Santa Inquisición’. Y aclaremos que no estamos hablando de un puñado de personas, esto fue un genocidio. El derecho a la libre expresión fue totalmente eliminado. El arte y la filosofía debían circunscribirse al tema religioso. La Iglesia, a través de los clérigos, monopolizaba la cultura y el conocimiento.

Durante el absolutismo religioso, la represión, en sus expresiones más grotescas, fue justificada y hasta institucionalizada por la Iglesia Católica en nombre de la lucha contra la herejía a través de la ‘Santa Inquisición’, y en nombre de la unificación del cristianismo también lo fue la guerra, a través de las Cruzadas o la ‘Guerra Santa’.

Aunque la peor parte se dio en el mencionado periodo de 1000 años, el absolutismo religioso no terminó con la edad media, ya en el siglo XVII Galileo Galilei fue censurado por la Iglesia por sus estudios que confirmaban la teoría heliocéntrica copernicana, y tuvo que retractarse de sus descubrimientos… porque no quería morir.

Hoy la Iglesia Católica sigue pidiendo perdón por los crímenes cometidos en éste nefasto periodo, sin embargo, se siguen sumando otros: la ‘vista gorda’ con los crímenes contra los judíos durante la 2° Guerra Mundial y los cometidos durante la dictadura Argentina, la ‘protección’ a los curas pedófilos en EEUU, Irlanda, Argentina y otros, así como la ocultación de crímenes cometidos contra mujeres y niños en conventos de Irlanda, Sudáfrica y muchos etcéteras., y mientras mucho de esto aún sigue irresuelto, los católicos del mundo gritan al cielo las atrocidades cometidas por fanáticos islamistas… ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? (Lucas 6:41), ¿no fue también terrorismo lo que hizo el catolicismo en la edad media?, o eso cómo se llama.

Hoy vemos resurgir expresiones de la extrema derecha en diversas partes del mundo, una muestra de ello son la victoria de Trump en EEUU y el avance de los grupos Neo Nazis en Europa… y como vemos, la ofensiva contra las personas con orientación o identidad sexual diferente en diversos lugares de Latinoamérica. Éstos son los sectores que se consideran ‘mejores’, ‘lo bueno’, ‘lo que debe ser’.

En lo que se dio en nuestro país en los últimos días no se vio ‘amor’, o ‘caridad’, se vio odio, desprecio, discriminación, burla, ignorancia, mentira y manipulación, ¿cómo puede ser esto ‘mejor’?, no existe el respeto a las diferencias, ni siquiera a las personas, se ha llegado a proponer (y en algunos casos a encaminar) ‘quema de libros’, ‘prohibición de teorías’, se ha llegado a decir ‘está bien discriminar’ y ‘hay que quemarlos a todos’, como en los mejores momentos de la inquisición, qué mejor descripción que ‘caza de brujas’. ¿Algunas similitudes con lo que sucedió en la Edad Media? no son pura coincidencia. Esto no es ‘mejor’, esto es ODIO y FANATISMO sustentado por las ansias de poder sobre la vida de los otros.

Cada persona tiene derecho a vivir y educar a sus hijos en sus propios valores y principios, y esto incluye a quienes no están de acuerdo con uno. La escuela, como educación pública, debe facilitar el acceso a los avances científicos y tecnológicos, a las diversas teorías, al conocimiento humano en general, en especial, al pensamiento crítico. Cada familia ha de transmitir sus valores y principios, la escuela ha de brindar las herramientas de pensamiento necesarias para discernir y decidir.

No debemos permitir que se repitan épocas tan nefastas y ningún ministro de educación que no comprenda y no sea capaz de defender esta libertad tan básica, la libertad de pensamiento, es digno de serlo.

¿Dentro de cuantos siglos estarán estas Iglesias pidiendo perdón por los crímenes cometidos contra las mujeres, y las personas con una orientación o identidad sexual diferente a ‘su’ norma? Cada persona debe poder vivir según sus valores y principios pero nadie tiene derecho a obligar a otros a renunciar a los suyos. Antes los ‘herejes’ fueron los judíos y los islamistas, hoy, los que ponemos en riesgo su hegemonía somos quienes promovemos el respeto a la diversidad y la plena vigencia de los derechos humanos.

Negar la libertad de pensar diferente, creer diferente, vivir diferente y ser diferente es totalitarismo y esto nunca conducirá al desarrollo, a la evolución, a una sociedad mejor. Siempre ha sido, es y será la diferencia la que conduce a y produce el cambio… y aún queda mucho por cambiar.

*Cynthia Fernández. Feminista y Marxista, compañera, madre, amiga. Psicóloga de formación y rebelde por convicción.

Foto: EFE

Links de interés:

https://m.larepublica.net/noticia/educacion-sexual-inventaron-un-enemigo-falso-la-famosa-ideologia-de-genero

http://www.cde.org.py/blogdemichi/

http://www.hoy.com.py/nacionales/padre-jesuita-los-que-desprecian-a-gays-estan-fuera-del-circulo-de-jesus

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