Hoy se conmemora el centenario de la Revolución Bolchevique, una fecha que cambió la historia de la humanidad. Cuando se piensa en los soviets o en los bolches, generalmente se piensa en masculino. Pero hay que correr el velo que impide ver a esas mujeres protagonistas de este gran hecho histórico y político. Ellas son pilar esencial del camino emancipatorio que emprendimos en el siglo XX.

russianwoman

Por Solana Lopez*

Nos toca, como generación de revolucionarixs, conmemorar el centenario de la revolución en el marco de un escenario mundial que atestigua un clima de época, una barbarie imperialista, propia de un capitalismo que deposita su crisis en los pueblos del mundo y conjuga con el heteropatriarcado los modos crueles del orden social.

Aún así, los pueblos nos hemos dado la posibilidad de dar pasos emancipatorios del que no pensamos volver. Conquistas en la existencia material de nuestras vidas y que serán la riqueza histórica de los desafíos por venir. En ello la lucha cultural juega un papel central. Este aprendizaje lo tomamos desde aquella gesta revolucionaria de lxs bolcheviques que, como decía Lenin, había que construir un proyecto cuya base valorativa fuese  identificable con el socialismo como contraparte a la deshumanización impuesta: Dignidad, Igualdad, Cooperación, Creatividad, Unidad y Etica.

En esta confrontación total con el proyecto dominante de la Rusia Zarista y del Imperialismo, toma cuerpo no solo el Partido que conduce ese proceso sino también el pensamiento y la acción revolucionaria de mujeres que en las experiencias antecesoras, como la Revolución Francesa, habían sido perseguidas hasta su decapitación como el caso de Olympe de Gouge.

Pues aquí entonces, en esta experiencia superadora y heredera creativa de todas las luchas de los pueblos del mundo, las mujeres entrarían en un camino dialéctico con las transformaciones que emprendieron y que nos dejo el saldo más rico, el de la praxis.

Quien sería la figura más destacada por su participación en los colectivos de dirección de aquel proceso y del feminismo revolucionario en gestación, es Alejandra Kollontai, que junto a otras mujeres como Rosa Luxemburgo, Clara Zatkin, Nadezhda Krúpskaya e Inessa Armand, serán los nombres de las rosas rojas que le darán sentido integral a la lucha revolucionaria de la época.

Alejandra desplego el enorme potencial, vital, transformador y dialéctico que posee la combinación de la lucha de género y clase en todos los terrenos: estructural, superestructural, tanto en lo institucional y global como en el orden de lo cotidiano y particular.

Se abrió un abanico inmenso de nuevas justicias y reconocimiento de injusticias a resolver que tenían como protagonistas a las mujeres y el valor estratégico que tiene contar con una herramienta política que contenga la igualdad de géneros. Para esto último dio profundos y sostenidos debates en el Partido Bolchevique, en relación a la necesidad de organizaciones específicas para las mujeres tanto del partido como de masas, que a su vez estas tuviesen formación de cuadro como los varones y ocupasen cargos de dirección. Estas acciones permitieron que la revolución incluya la agenda que encaminó a transformaciones concretas de la calidad de vida de las mujeres y su emancipación, tales como el divorcio, la legalización del aborto y las condiciones materiales para la independencia económica entre otras conquistas.

El combate al régimen zarista significo consecuencias iguales para las mujeres de las que padecieron los varones, cárcel, exilio y persecuciones ya que fue visible para el enemigo el rol que desempeñaban las militantes y dirigentes revolucionarias. A su vez se enfrentaban a las condiciones de extrema carencia de derechos para las miles de mujeres trabajadoras que en Rusia, como en el resto del mundo, se hallaban en un período cuya incorporación a la producción significó un estado de semi esclavitud con casi 18hs de trabajo para ellas, generando como consecuencia que sus promedios de vida  no superaran los 30 años.

Alejandra paso por la transformación que toda feminista atraviesa, desde lo personal, lo interpersonal y colectivo. Los desafíos de romper con lo establecido desde la heteronormatividad. Decía en sus reflexiones: “Seguía amando aún a mi esposo, pero la dichosa existencia de ama de casa y esposa se convirtió en una especie de jaula”.

Pudo vivenciar la necesaria experiencia transformadora que remite a pensarse y reinventarse sostenida, a su vez, en un colectivo de sujetas protagonistas de los cambios. Diariamente realizaban reuniones y encuentros de mujeres ya que veían la contradicción del avance en discursos y leyes pero no así en la cultura y sobre todo en lo ideológico, esto iba a producir otras tensiones, algunas de las cuales no pudieron resolverlas favorablemente y significó el estancamiento.

Aún a pesar que ella avizoraba un período sombrío, producto del detenimiento en los procesos de cambio, sabía que los pasos dados refundaban una nueva corriente que se anclaba en la huella de la praxis misma de la liberación y la experiencia de una vida cotidiana más digna y con conciencia de sus beneficios para una sociedad más justa. Alejandra sabía que estaban sembrando futuro para una nueva humanidad.

Su aporte fue integral, pensó y actuó para la sociedad toda, no fragmento ni se fragmento, sino que unió las dos potencias transformadoras que actúan tanto en lo ideológico, político como cultural y son centrales para nuestra humanidad, su continuidad y vitalidad; ellas son el marxismo y el feminismo por ello decía en el Comunismo y la familia:

“Esta es la consigna de la Sociedad Comunista. En nombre de la igualdad, de la libertad y del amor, hacemos un llamamiento a todas las mujeres trabajadoras, a todos los hombres trabajadores, mujeres campesinas y campesinos para que resueltamente y llenos de fe se entreguen al trabajo de reconstrucción de la sociedad humana para hacerla más perfecta, más justa y más capaz de asegurar al individuo la felicidad a la que tiene derecho”.

kollontai

El reencuentro con la revolución bolchevique y su germen de feminismo marxista en tiempos de resistencia ante la ofensiva imperialista en el mundo, nos nutre de esperanza como un pincel que vuelve a dibujar la línea del horizonte.

Es sentirnos parte de un acumulado histórico de un aprendizaje crítico y creativo, de un torrente que se retroalimenta en cada hazaña contra el enemigo y nos deja como saldo cada vez, una marca imborrable de justicia que será plataforma de nuevas luchas y conquistas.

Estamos aquí las mujeres del mundo con voz propia enfrentando a diario el patriarcado que en sus distintas formas lo asumen los sistemas políticos y las culturas por momentos más consciente y brutal y otras veces más en contradicción. Estamos aquí en este punto de inflexión de contradicción flagrante con la opresión de clase y de género, porque antes de nosotras hubo miles y miles que sus cuerpos y vidas sembraron luchas.

La Revolución de Octubre nos entrega hoy el legado de la experiencia hecha bandera, pensamiento, deseo y proyecto. Se trata de alimentar la cultura popular con su aprendizaje, criticas y las tareas inconclusas una de ellas sofocar el patriarcado hasta su desaparición, empezando por superar las violencias políticas en nuestras propias herramientas partidarias, como así también la constitución de nuevos modos de acción y conducción política desde el feminismo que nos haga crecer en hermandad y humanismo.

Parecernos cada día más a la sociedad que aspiramos construir para que como decía Lenin se produzca la relación dialéctica que identifica nuestra praxis y proyecto con el socialismo.

*Solana López es Psicóloga Social, referente de la Corriente Nacional Lohana Berkins Argentina.

Deja un comentario