*Por Rocio Alorda Zelada

La lucha contra la violencia de género actualmente en Chile moviliza a miles de personas y la constante movilización de mujeres y feminista logró instalar en la agenda pública el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia. Porque cambiar la violencia patriarcal no es solo un problema que hoy nos preocupa a las feministas, sino que es un problema social que año tras años afecta a una cantidad incuantificable de mujeres, ya que si bien hoy la ley contabilizan las mujeres asesinadas por sus parejas en contexto de relaciones, es imposible cuantificar cuántas mujeres son agredidas psicológica, económica y simbólicamente en nuestro país.

Así como ya existe un reconocimiento ciudadano respecto de que la violencia se expresa en diversos ámbitos, también se ha instalado cada vez más desde el movimiento feministas, la responsabilidad que tienen los medios de comunicación, la publicidad y la industria cultural en la reproducción de discursos y prácticas sexistas. Desde distintos espacios académicas, activistas, comunicadoras han denunciado la necesidad de acabar con prácticas de violencia simbólica en los medios de comunicación, como una estrategia para erradicar fecundos discursos que se instalan por sobre todo en las generaciones más jóvenes.

Concentración de los medios en Chile y la nula representación de las mujeres en los medios

Desde la vuelta a la democrática, el sistema medial chileno ha funcionado bajo las condiciones del mercado de la información y la entretención, quien regula la producción de contenidos informativos y culturales que circulan masivamente.

En Chile la concentración en la propiedad de los medios de comunicación alcanza índices de hasta un 80% y 90%, los más altos de América Latina, y supera un promedio de 50% del mercado entre los cuatro mayores operadores y un 75% por parte de los primeros 8 operadores (Becerrra-Mastrini, 2009). Más del 80% de la circulación de diarios está en manos de dos empresas: la sociedad anónima El mercurio (de la familia Edwards) y el grupo Copesa, de Saieh, mientras que en Radio difusión el 45% de la participación de mercado está en manos del holding Ibero Americana Radio Chile.

La concentración de los medios de comunicación se relaciona directamente con la falta de pluralidad que se expresa en presa escrita, televisión, radios y sitios web, lo que radica en que los discursos que se reproducen no son diversos menos aún cuestionadores a este orden hegemónico que los medios presentan. Por eso, es difícil que nuevos discursos o que cuestionamientos a las prácticas periodísticas abunden en estos espacios, y sobre todo se abran a otras formas de visibilizar a las mujeres, entendiendo que esta concentración de medios beneficia a sectores económicos, muchos de ellos conservadores.

Sin embargo, esa concentración en la propiedad de los medios y la baja pluralidad en los contenidos se complementan con la casi nula de presencia de mujeres en los contenidos mediáticos. Así lo expresa el Proyecto de Monitoreo Global de Medios (2015), que realizó un seguimiento simultáneo a 1,281 diarios, canales de televisión y estaciones de radio de 108 países. El estudio mostró que sólo el 24% de las personas que figuraban en las noticias eran mujeres, en contraste con el 76% de noticias protagonizadas por hombres; además, las mujeres son invisibles como participantes activas del trabajo fuera del hogar y a diferencia de los hombres no aparecían calidad de fuentes “expertas” como los hombres. La investigación indicó que, el 46% de las notas reforzaban los estereotipos de género, y solo un 6% cuestionaban dichos estereotipos. En cuanto a la producción y contenidos, las notas de los hombres reporteros eran un 67% en temas de política/gobierno, 65% de notas sobre crimen/violencia y 60% de notas sobre economía.

Si miramos la televisión nacional vemos que los resultados de esa investigación son coincidentes con lo que ocurre en los noticieros donde las coberturas más destacadas están referidas a política, economía, deportes, todos ellos ámbitos donde las mujeres están mayoritariamente ausentes. En contraste a eso, las mujeres aparecen de manera destacadas en crónicas de violencia, donde participan de manera directa como víctimas de robos, asaltos, violaciones, o de forma indirecta como madres de hijos detenidos por asaltos o familiares de personas vinculadas a hechos delictuales. En síntesis, “las mujeres están drásticamente subrepresentadas en las noticias”, ya que ellas no aparecen en los temas que dominan la agenda noticiosa menos aún como autoridades y expertas.

Medios de Comunicación: de socializadores del género a reproductores de prácticas sexistas

¿Por qué nos preocupa esta baja visibilización de las mujeres en los medios y la continua reproducción de estereotipos y prejuicios de género? Porque  los medios al igual que la familia, la religión y la escuela actúan como socializadores y reproductores de las relaciones de género, cuyo objetivo es transmitir los ideales deseables socialmente sobre los modos adecuados de ser y comportarse como hombres y mujeres.

Lo peligroso de esto, es que como el género se afina en la división sexual del trabajo – mujeres en la casa/hombres en lo público- los medios de comunicación aportan a construir una realidad donde las mujeres son sujetos  “naturales” asociados el espacio invisible de lo doméstico y de lo no remunerado donde la violencia es intrínseca a ese mundo, bajo el marco “tramposo” de la supuesta neutralidad u objetividad en que los medios desarrollan su trabajo.

Loreto Rebolledo[1], periodista y académica de la Universidad de Chile, señala que “el proceso de socialización de niños/as y jóvenes en el pasado se daba centralmente en la familia, sin embargo, con el peso del Estado a través de la educación obligatoria a inicios del siglo XX, la ampliación de la cobertura de los medios de comunicación masiva a partir del último tercio de este siglo y las modificaciones que se han producido en la vida cotidiana por la incorporación de las mujeres al trabajo fuera del hogar, la familia ha perdido su exclusividad en tanto agente socializador y ha visto disminuida su importancia en la trasmisión cultural. En ese contexto, los medios de comunicación cobran una mayor relevancia ya que actúa en los tiempos de ocio al interior de los hogares informando y entreteniendo. No obstante, las diferentes funciones que cada una de estas instituciones cumple, el objetivo global es socializar al sujeto dentro de las normas y parámetros aceptados por la sociedad en que vive para que se desenvuelva dentro de éstos”.

Al no existir cambios al interior de los medios de comunicación, éstos seguirán reproduciendo ideales de género que no fomentan la autonomía de género menos aún contribuyen a acabar con prejuicios de clase, género, edad y etnia; ni con la violencia simbólica. 

Los relatos sexistas en los medios de comunicación

A pesar de que la violencia contra las mujeres no es un problema nuevo, su prevención de manera visible en los diarios y en los noticiarios es reciente. Sabemos que cada día existen más periodistas comprometidos/s con erradicar discursos sexista en los medios, sin embargo, a menudo las noticias relacionadas con la violencia de género no reciben la rigurosidad ni el tratamiento adecuado, ya que por ejemplo, no hay contraste de fuentes, se expone a la víctima generando una re-victimización, se avalan los relatos del agresor con cuñas de familiares, etc. Por ello, varias instituciones y organismos están editando decálogos y manuales que dan pautas a los profesionales sobre cómo tratar adecuadamente un tema tan complejo, de amanera acorde con la ética periodística.

Cuando los noticieros o la prensa abordan temas referentes a mujeres o a violencia de género, lo que hacen es instalar discursos en el plano de lo simbólico, y en ese sentido, tal como señala la socióloga e integrante de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, Sandra Palestro[2], el sexismo – o por ejemplo, cuando los medios justifican los femicidios- es violencia simbólica contra las mujeres, y está a la base de todas las relaciones sociales ya que se va instalando en el imaginario colectivo desde temprana edad en la cultura androcéntrica en que vivimos.

La filósofa española Victoria Sendón de León[3] señala: “Podemos decir que el imaginario responde a una instancia preverbal e individual, mientras que lo simbólico es estructural, social y vinculado al lenguaje, es decir, al sentido, al valor y a la resonancia que las palabras o conceptos contienen en un determinado código cultural. El imaginario se va formando dentro de una cultura con unas pautas, valores y conceptos determinados que imponen límites y una dirección determinada al desarrollo de ese sujeto. Como vivimos en sociedades en las que impera la estructura de dominación, resulta que ese aprendizaje lo realizamos a través de las “prohibiciones”–que imponen los límites de lo que se puede o no se puede hacer, pensar o querer–, y la “renuncia”, que canaliza los deseos del sujeto hacia objetivos determinados y no hacia otros. En este proceso consiste el paso a un orden simbólico determinado”. 

El sexismo en los medios de comunicación es un factor importante en la transmisión del orden patriarcal y un eficiente mecanismo de reproducción de la violencia contra las mujeres. Desde la farandulización y el sensacionalismo irresponsable con que la violencia es tratada en los medios de comunicación, hasta las reacciones individuales de rostros mediáticos, la violencia hacia las mujeres constituye en la actualidad un componente de la cotidianidad que se expresa en distintas formas. Sus consecuencias afectan gravemente no solo la salud psíquica y mental de quienes directa o indirectamente la padecen, sino que refuerza el imaginario social y cultural que sitúa a las mujeres en la posición de objeto de posesión y deseo masculino.

Qué hacer frente al sexismo en los medios de comunicación

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Protesta en Chile, en el Diario La Cuarta, tras informar sobre femicidio con el titulo: El amor y los celos la mataron.

Buscar estrategias para incidir en los medios no es una labor sencilla. El primero paso es rescatar el derecho a la comunicación como un derecho político y democrático que las mujeres debemos ejercer para exigir a los medios cumplir con su responsabilidad social de acabar con los estereotipos de género y la violencia simbólica a través de una práctica comunicativa con enfoque de género considera a las personas como sujetos antes que como objetos.

Este sexismo mediático se reproduce a su vez en las condiciones laborales que deben enfrentar las trabajadoras de los medios de comunicación quienes se enfrentan a brechas salariales, extensas horas de trabajo bajo el supuesto de que “las noticias no tienen horarios” y precarización contractual. Si bien la carrera de Periodismo es altamente feminizada, la realidad indica que el “techo de cristal” se hace presente en los medios de comunicación ya que son pocas las mujeres que llegan a cargos directivos en sus medios. De ahí la necesidad de que existan espacios de organización de las trabajadoras de las comunicaciones, para hacer frente de manera colectivas a las precarizaciones laborales que las mujeres enfrentan en las comunicaciones.

Otro desafío importante es la instalación de un lenguaje inclusivo y no sexista en los medios, que implica  cambios profundos en prácticas periodísticas y editoriales, no exentas de resistencia, ya que “los estudios de lingüística a través de los años lo avalan: el lenguaje no es una construcción arbitraria de la mente humana, sino un producto social e histórico que condiciona nuestro pensamiento y determina la visión de mundo[4],”.  Hacer cambios para un lenguaje no sexista implica “hablar de violencia contra las mujeres y no violencia intrafamiliar para resituar el verdadero lugar en donde se desarrolla la violencia de género, la que no está exclusivamente adscrita en el ámbito privado o familiar, ya que la violencia también se da en los espacios públicos, en las calles, por el sistema, etc”[5].

Por esta profunda necesidad de incidir respecto a lo que los medios de comunicación transmiten, el Colegio de Periodistas de Chile hace ya dos años tiene en funcionamiento una Comisión de Género que nace por el interés de distintas periodistas quienes venían denunciando una compleja situación: los medios de comunicación en Chile y los/as periodistas no demostraban interés por cambiar prácticas sexistas en la elaboración de las noticias, lo que generaba una agenda noticiosa plagada de violencia simbólica y sexismo.  Desde este espacio, mujeres y hombres, nos articulamos para buscar estrategias de acción para erradicar el sexismo en los medios a través de monitoreo de noticias y de formación para periodistas y estudiantes.

Sabemos que el desafío es mayor, sin embargo, es urgente avanzar en el plano de lo simbólico, para acabar con una cultura de la violencia que pone su foco en el cuerpo de las mujeres. En la medida en que se sumen periodistas, publicistas, comunicadores/as, artistas, entre otros, podremos ir construyendo una nueva realidad mediática donde las expresiones de violencia patriarcal no tengan cabida y los géneros no sean sinónimo de opresión o dolor.

[1] “Género y comunicación”, ponencia presentada en el lanzamiento de la “Guía ilustrada para una comunicación sin estereotipos de género” de la Secretaría de Comunicación (SECOM) del Ministerio Secretaría General de Gobierno con la colaboración del Servicio Nacional de la Mujer, 2016.

[2] Palestro, Sandra. Sexismo en la educación en Chile, en El Continuo de la violencia hacia las mujeres y la creación de nuevos imaginarios, Red Chilena contra la Violencia Hacia las Mujeres, Santiago, 2015. www.nomasviolenciacontralasmujeres.cl

[3] Victoria Sendón de León. Violencia simbólica. Ponencia presentada en el Seminario Internacional de Periodismo No Sexista, Colombia, 2012.

[4] Género y comunicación, Boletín de Genera Encuentros. http://wwwamericalatinagenera.org

[5] Op.Cit.

*Rocio Aorda es periodista y feminista; Secretaria General del Colegio de Periodistas de Chile y parte de la Marcha Mundial de Mujeres-Chile

 

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