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Un feminicidio cada 18 horas es la brutal estadística con la que cerramos el año 2017 en Argentina.  No es grato, para nada, comenzar una reflexión del año con esta frase, pero es urgente ponerla porque nos están matando todos los días.

El año 2017 fue un terremoto. El ajuste económico del gobierno nos está golpeando fuertemente y estamos conociendo la cara más bestial e inhumana de los funcionarios militantes de Cambiemos. El macabro plan de ajuste afecta a todxs, pero a las mujeres y la población LGTTBI nos afecta de una forma especial y nos deja en peores condiciones que a los hombres.

En Argentina una mujer gana en promedio un 27% menos que los varones y esa cifra aumenta a un 39% cuando hablamos del trabajo informal, principal fuente de ingreso de las mujeres empobrecidas y excluidas de políticas públicas que apunten a superar esa brecha. En el año 2017, Argentina quedo ubicada en el lugar 111 de 144 países evaluados por el Foro Económico Mundial con respecto a la igualdad entre varones y mujeres en relación a la participación económica y oportunidades, retrocediendo 10 espacios en comparación con el 2016.

Este retroceso se puede ver fuertemente agravado si se avanza con la reforma laboral que anunciara el gobierno este año después de las elecciones que se realizaron en octubre. Una reforma que tiene como objetivo eliminar las trabas que evitan que las empresas sean unidades productivas y competitivas, cuestión que se traduce en disminuir los llamados costos laborales y apostar a una flexibilización y precarización laboral que elimine la estabilidad y seguridad de lxs trabajadorxs en nuestro país.

Cerramos el año en las calles- igual como lo comenzamos las mujeres con nuestro Paro Internacional de Mujeres el 8 de marzo- protestando contra una reforma previsional que vulnera a quienes tienen el derecho de vivir en tranquilidad después de una vida de trabajo y aportes.

Una de las principales razones que dieron para provocar esta reforma es que un altísimo porcentaje de jubiladxs no habían aportado los 30 años que se requieren, despreciando la política de moratorias jubilatorias llevada adelante por el gobierno del Frente para la Victoria. Dentro de ese porcentaje que tanto le ofende a Cambiemos se encuentran miles de mujeres que trabajaron en sus casas y que en algunas ocasiones tuvieron un trabajo formal, o informal, por fuera del hogar. También estan esas miles de mujeres que fueron trabajadoras domésticas, que durante años limpiaron y cuidaron hijxs ajenos y que hasta antes de la Ley, que reconoció esa tarea como trabajo, se les era negada tal condición. Esto expresa el claro posicionamiento de género y clase que adopta el actual gobierno argentino, lo que se traduce en la quita de derechos adquiridos en los 12 años del gobierno anterior.

Qué podemos decir de la idea que tienen de erradicar los feminicidios en nuestro país. Por un lado en el año 2016 se lanza con bombos y platillos un Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres y somos testigxs de los altos niveles de subejecución y lo que es peor la reducción de presupuesto. Este 2017 ya se anunció que el presupuesto será menor que el año pasado y una de las últimas intervenciones del jefe de gabinete, Marcos Peña, anunciaba una inflación estimada del 15%, mucho más alta que la estimada en el presupuesto aprobado el día anterior a su conferencia de prensa, lo que deja en débil posición a las políticas destinadas a evitar que una mujer sea asesinada cada 18 horas.

Sinceramente yo creo que Cambiemos nos desprecia. Que no se banca a miles de mujeres empoderadas que caminan libres con sus cuerpos frescos y militantes por las calles argentinas. No soportan que exijamos igualdad y equidad porque para ellxs no somos poseedoras de derechos. A pesar de este turbulento año 2017, nosotras hemos estado en las calles, en los barrios, en las escuelas, en la movilizaciones, al pie del cañon con nuestros pañuelos verdes y nuestras consignas y convicciones.

El 8 de marzo de este año que se nos va, fue histórico. No sólo hubo grandes movilizaciones en todas las ciudades, sino que también paramos en nuestros trabajos, las mujeres salieron de sus casas a cacerolear y dejaron de cocinar por una hora. Mostramos que nuestra labor domestica no es por amor, sino que es trabajo y exigimos que se reconozca como tal y que se valore.

También tuvimos golpes durísimos para la militancia feminista como el crimen de Micaela en la Provincia de Entre Rios, una joven militante por los derechos de las mujeres que fue muerta en manos de un hombre que no soportó su libertad. También estuvo Aracelli y Anahí y cada uno de los nombres que fuimos escuchando y que se fueron grabando en nuestros cuerpos.

El 3 de Junio salimos por ellas a una nueva convocatoria #NiUnaMenos y estuvimos públicamente pidiendo justicia y mayor intervención del Estado para evitar que nos maten. Multitudinarias también fueron las movilizaciones por Aborto Seguro, Legal y Gratuito en septiembre y por la Eliminación de todo tipo de Violencia Contra las Mujeres el 25 de noviembre.

Fuimos parte como movimiento de mujeres de toda iniciativa por la aparición con vida de Santiago Maldonado y ahora exigimos que se haga justicia tras la triste noticia de su muerte. Somos mujeres que no nos quedamos en silencio ante el avance neoliberal de este gobierno por eso estamos allí presentes con nuestras identidades de mujeres que buscan la liberación de una sociedad que hoy es ahogada por el heteropatriarcado y el capitalismo.

Fuimos fuertemente reprimidas, perseguidas y hasta retenidas por días en comisarías. Qué decir de la injusta detención de Milagro Sala que hoy ya vive sus segundas fiestas de fin de año encarcelada, con un gobierno que hace oídos sordos de las resoluciones y opiniones de la comunidad internacional y nacional.

No son días fáciles en la vida de nuestro país pero estamos más fortalecidas que nunca, no les tememos y nos organizamos. Se viene un 2018 de lucha, de calle, de profunda militancia feminista. No estamos solas, nos tenemos nosotras, libres, alegres y hermosas. Que nuestros lazos se multipliquen y que nuestros cantos nos inunden.

 

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