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Foto: Carol Sotelo

Para nosotras el feminismo es una propuesta política. Como tal, buscamos la transformación de la sociedad, del modelo capitalista y del sistema patriarcal que lo sustenta. Por eso, en Paraguay, el 2017 nos deja un camino cargado de hermosos encuentros y exigentes desafíos.

En enero de este año, mediante una convocatoria realizada por Redes Sociales, mujeres de distintos sectores ocupamos la Plaza Italia todos los miércoles, un lugar emblemático de las luchas sociales del Paraguay.

En plenarias públicas se gestó la Marcha del 8 marzo, como parte de la convocatoria al “Paro internacional de Mujeres”. Urbanas, rurales, trans, lesbianas, trabajadoras sexuales, estudiantes secundarias y universitarias salimos a las calles. Cerca de 10.000 personas se sumaron a la demanda de una sociedad más justa para las trabajadoras del país y del mundo.

Este hecho tan significativo para la historia de las mujeres del país nos hizo ver y sentir que podemos, que somos muchas, que las luchas de las feministas no fueron en vano y que somos fuertes porque antes estuvieron ellas. Despertó el interés y el miedo de sectores antiderechos, quienes se vienen articulando a nivel regional.

Como respuesta al despertar feminista, a su fortalecimiento y afianzamiento, los antiderechos, en alianza con sectores del gobierno y algunos políticos, empezaron una campaña para institucionalizar una lucha contra la mal llamada “Ideología de Género”.

Lograron que el Ministerio de Educación y Ciencias, por medio del ministro Enrique Riera, emitiera una resolución oficial en la que prohibió la utilización de la palabra GÉNERO en todos los materiales impresos y /o digitales en todas las instituciones educativas públicas del país. Además propusieron: que se derogue el decreto que creó el Ministerio de la Mujer y se elimine la transversalidad del enfoque de género de todas las políticas públicas.

Paraguay es el segundo país en el Cono Sur con más embarazos adolescentes. El 20% de los partos corresponde a mujeres con menos de 19 años. Esto representa aproximadamente 21.900 adolescentes cada año, de las que se registra que 4.380 abandonan sus estudios y quedan condenadas a no poder salir de su situación de pobreza, según datos del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPyBS).

De los 60 embarazos adolescentes que se registran por día, 2 son de niñas de entre 10 y 14 años, víctimas de violación. Registros oficiales del MSPyBS dan cuenta que cada día 4 niñas sufren abuso sexual en el país.

Ante la “Resolución Riera” y la avanzada antiderechos nos unimos a pensar en un 25 de Noviembre diferente, diverso y alegre. Nuevamente en la Plaza Italia, hoy rebautizada Plaza de las Mujeres.

A noviembre, eran 40 las mujeres víctimas de feminicidio. Un mes después se registraron 13 casos más. Cerramos el año con 53 casos de feminicidios en Paraguay. El 40% de estas mujeres realizó una denuncia previa en las comisarías de sus zonas. No obtuvieron respuesta de las instituciones encargadas de proveer soluciones y mecanismos de protección. Hoy ellas ya no están.

A la par que se dio un fuerte debate en torno a las violencias y los altos índices de muertes de mujeres en manos de sus parejas, exparejas o personas vinculadas a estas. Las universitarias, durante todo el año, alzaron sus voces en contra de los docentes acosadores y la necesidad de crear universidades libres de violencia.

Así también, las mujeres campesinas e indígenas, luchan todos los días y desde hace décadas luchan por la soberanía territorial y alimentaria. Productoras de nuestros alimentos, se mantuvieron activas y unidas en la construcción de un movimiento que incluya a todas.

Cerramos un año con un altísimo nivel de denuncias de violencia de género, con cientos de niñas y adolescentes que denunciaron violencia sexual; con un bajo nivel de participación política de las mujeres en los espacios de decisión del gobierno y de los diferentes partidos políticos. Pero es también un año concluido con la noción de que somos sujetas de derecho.

Sabemos que somos miles, que podemos salir a las calles a recordarle a la sociedad quiénes somos, que estamos vivas y que creemos que un mundo feminista es posible.

 

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