Las princesas no se toman vacaciones

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Por Elisa Mayorana*

Es verano y, además de los mosquitos y el calor, resurge el género más popular de la televisión: la telenovela.

Canal 13 lidera el rating con una producción que se emite de lunes a viernes y dice ser “para toda la familia”: Simona va. La nueva apuesta de Pol-Ka para este 2018 nos trae recuerdos de historias antiquísimas como Cenicienta, la desdichada chica que se enamora del príncipe al bailar con él en una fiesta. Para los de treinta y pico no resultará difícil compararla con novelas como Muñeca Brava o Cabecita, donde las protagonistas eran mujeres de barrio, en apariencia fuertes, pero que se derretían cuando se encontraban con su amor imposible: el hijo del patrón.

De trama simplona y predecible, Simona va, se centra en el amor estereotipado de dos jóvenes de esferas sociales diferentes. La protagonista trabaja como empleada en una mansión donde vive “Romeo”, el fachero y rebelde joven del que se enamora.

Pero, ¿por qué analizar hoy una telenovela con un guion poco original? Si bien es cierto que la oferta televisiva es vasta (aunque no por ello diversificada), y que las suscripciones a Netflix van en aumento, el horario del prime-time (entre las 21 y las 22) sigue siendo de la televisión abierta.

En este sentido, la productora de Suar, es un claro ejemplo de apuesta al tipo de ficciones en las que las problemáticas sociales no aparecen, las diferencias económicas no implican ningún impedimento y las diversidades sexuales son, generalmente, invisibilizadas.

A su vez, el resto de la oferta televisiva se debate entre los enlatados extranjeros, las repeticiones y los programas de entretenimiento.

Pensar qué hay en la TV sirve para reflexionar acerca de cómo se buscan configurar las subjetividades de las y los jóvenes desde los medios de comunicación. La pregunta que surge es si se puede hacer algo diferente para ese público, ante la constante repetición de relatos con argumentos frívolos y miradas lineales sobre la juventud argentina.

No parece simple, pero tampoco imposible: Andrew Staton, guionista de Pixar, en una charla TED cuenta que cuando comenzaron con su proyecto, en 1993 querían hacer algo diferente, y tenían una lista de cómo eran las historias que buscaban: sin canciones, sin historia de amor, sin aldea feliz, sin villanos y sin momentos “yo quiero”, algo por completo innovador. De esas ideas, surgieron algunas de las más entrañables películas de animación de todos los tiempos.

No se trata de eliminar las telenovelas estilo “Simona”, sino de pensar qué otras posibilidades tienen las y los jóvenes ante una programación que cae una y otra vez en las mismas fórmulas: el amor heterosexual, la esperanza romántica como leitmotiv y una encubierta ilusión femenina de ascenso social.

Finalmente, resta preguntarse cuánto falta para tener una televisión en la que se pueda ver algo más que Romeos y princesas.

*Comunicadora social y docente de la ciudad de La Plata. Apasionada por la escritura y coordinadora del taller de creación literaria Abrapalabra

Este artículo es parte de nuestro Dossier Febrero 2018 “Verano sin estereotipos”. Lee más aquí 👇

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