El paro internacional que nació en Argentina

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Por Nadia Ahumada*

En 2016 el movimiento feminista de Argentina realizó por primera vez el paro de mujeres, una modalidad de lucha que nació como estrategia en el 31° Encuentro Nacional de Mujeres y al calor de las movilizaciones que crecían en repudio a la violencia patriarcal y a los feminicidios que nos arrebatan la vida de mujeres, travestis y lesbianas. Fue la antesala al paro internacional de mujeres trabajadoras del año 2017 que recuperó una fecha de lucha que había sido diluida por el consumo neoliberal y los estereotipos sexistas. En muchos sindicatos las flores y los bombones que se regalaban a las compañeras el 8 de marzo fue sustituido por volantes, asambleas y  las voces de las compañeras que tomaron cada vez mayor protagonismo. Un paro que traspasó las fronteras, recuperando los orígenes del feminismo y del movimiento obrerx, pero que tiene su impronta y raíz latinoamericana.

En Argentina, aunque muchos lo nieguen, fuimos las primeras en hacer un paro nacional al gobierno de Mauricio Macri, fortaleciendonos como sujetas políticas claves para la resistencia a la luchas de las políticas de ajuste, empobrecimiento y represión. Las trabajadoras sufrimos la feminización de la pobreza, la flexibilización y precarización laboral y el ajuste del macrismo nos tuvo y nos tiene como protagonistas. Ejemplo de esto fue la reciente reforma previsional afectando a quienes se han dedicado al trabajo doméstico (no reconocido social ni salarialemnte) aumentando la brecha de desigualdad económica también en la vejez. Como ejemplificó la periodista Luciana Peker el 62 por ciento del total de jubilados son mujeres. Las mujeres cobran 24,5 por ciento menos de jubilación por ser mujeres. El 86 por ciento de quienes ingresaron a la moratoria son mujeres… dejando entrever quienes fuimos entonces las mayores perjudicadas. Pero también fuimos nosotras las que estuvimos en las calles en el caluroso diciembre; estuvimos junto y en las organizaciones sindicales, sociales, políticas; mientras la burocracia sindical jugaba a hacer un paro que no llegó.

No sólo la reforma previsional nos tuvo como principales perjudicadas en este gobierno de derecha; también fue una mujer, Milagro Sala,  la primera presa política, quien continúa ilegalmente detenida. El desfinanciamiento de los programas y políticas para prevenir, atender y erradicar las violencia hacia nosotras tuvo lugar en la nación, en las provincias y en los municipios; haciendo de la consigna “ni una menos” un discurso vacío sin financiamiento por parte del Estado.

A un mes del día pactado, en muchos países pero particularmente en Argentina, la organización del paro va calentando motores, haciendo praxis la unidad en la diversidad porque nos necesitamos juntas y con fuerza. Enriquecidas con las experiencias que vamos acumulando mujeres, lesbianas y travestis de distintas edades, con diferentes recorridos, pero con el objetivo de seguir interpelando a nuestrxs compañerxs a sumarse a la lucha.

Los interrogantes y los desafíos que se nos presentan son propios de quienes no nos quedamos quietas, de quienes queremos transformarlo todo, de quienes no nos conformamos con las migajas de este sistema que nos quiere sumisas y cómplices de las injusticias. Por eso tenemos el compromiso de convocarnos a todas las trabajadoras: la que changuea, la que está en su casa trabajando sin el reconocimiento de nadie, la que sale del laburo y sigue trabajando en su casa, las que están organizadas, las que no,  las militantes sociales, barriales, las trabajadoras del arte, las perseguidas por ser inmigrantes, las que vive en las zonas rurales, las que sufren el hacinamiento, la que tuvo que dejar de estudiar porque no hay políticas de cuidado.

Este 8 de marzo nos proponemos este desafío mientras nos colamos en espacios que se nos han  sido historicamente vedado. Porque somos y seremos protagonistas de la construcción de un sistema político que no nos invisibilice, porque hoy todavía por ejemplo tenemos el 18% de representatividad en los gremios, porque no estuvimos sentadas en las mesas de negociaciones salariales cuando se trataba de nuestras vidas.

Construyendo nuevas redes de poder, cuestionándolas, despatriarcalizandonos a nosotras mismas y a nuestro entorno, convidando a pensarnos desde prácticas sororas, justas y no por eso menos políticas y potentes vamos caminando este nuevo paro internacional de trabajadoras. Paro y movilización resonará en cada espacio que habitamos, invitando a hacer valer nuestra fuerza porque como dijimos ya… nosotras movemos el mundo, nosotras lo podemos parar.

*Nadia Ahumada es Trabajadora Social y referente de la Corriente Nacional Lohana Berkins

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