El amor que nos gusta

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Descubrir el feminismo nos libera de muchas imposiciones que nos llevan a tomar actitudes amargadas, celosas, posesivas de un otro en una relación de pareja. Nos libera también de perseguir ese ideal amoroso que nunca se alcanza porque es eso, un ideal. Y nos permite también poder dejar una relación cuando es necesario sin sentir la culpa de no mantener un amor para siempre.

Las feministas amamos. No piensen lo contrario. Nuestro amor se construye cada día que rompemos con los estereotipos del amor romántico. Muchas veces queremos estar solas, porque ese amor necesita volcarse hacia una persona que siempre olvidamos cuando no deconstruímos  los designios del capitalismo heteropatriarcal. Esa persona somos nosotras mismas.

En mi experiencia puedo contar que es difícil romper, es una decisión, pero una vez que se toma sientes que tienes el mundo a tus pies. Se acaban temores que tenemos arraigados pero que no son nuestros, son impuestos. Tenía 36 años cuando abandoné mi lugar de comodidad, después de la mejor relación que tuve, pero ya la había construido con esos designios.

La idea de familia monógama, con horarios y obligaciones, comenzó a romperme la cabeza y dió  vueltas como un carrusel. Pensé en que todo mi tiempo de mujer busqué ese ideal de amor para siempre que no es tal. Entonces me di cuenta que tenía un mundo para descubrir y que se me había negado porque desde niñas se piensa nuestro futuro con un otro y eso es lo que una busca consciente o inconscientemente y decidí abandonar el amor ¿Podemos todxs vivir el amor sin ataduras? Creo que sí. El proceso es doloroso, no lo puedo negar. Abandonar, deconstruir, decolonizar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestros cuerpos es, muchas veces, un golpe contra una pared, que se llama sociedad, que en todo momento busca disciplinarte para que vuelvas al riel.

No se trata de no estar con un otrx. Se trata de disfrutar con ese otrx un amor ajeno al amor. Y que ese amor no se transforme en la justificación de la discriminación, exclusión y doble explotación de nosotras.

Nos pueden llamar locas. Y si eso es locura, me parece perfecto. Pero me parece más loco vivir toda una vida reprimiendo el deseo de ser libre. Muchas veces nos preguntamos ¿libres de qué? porque no podemos identificar entre ese todo qué nos aprisiona.

Hoy es el día del amor o de los enamorados, o algo así. Es inevitable no enojarnos con este día lleno de clichés que nos hace esperar un saludo, un llamado, un regalo o un príncipe azul. Nos preguntan si ya nos saludaron y si estás sola te dicen “¡oh! pobrecita, ya te va a llegar el amor”, porque la creencia es que una mujer sin un hombre no está completa, carece y está condenada a la tristeza y la soledad.

Pero la verdad- quisiera contarles si me lo permiten, amar desde este lugar es maravilloso, la libertad que te da la emancipación feminista te cambia, te permite decidir la mujer que quieres ser, cuidarte y estar con esas personas que te cuidan.

El amor es revolucionario. Es compañero. Una vez me hablaron de esa libertad indómita y dulce a la vez de las mujeres emancipadas y me quede con eso. Amé libremente también desde ese día y puedo decirles que es inconmensurable ese amor.

Hay que atreverse, saltar al vacío y vivir el amor. No sólo un 14 de febrero. Para las feministas todos los días son de amor porque la solidaridad, sororidad y compañerismo con el que te encuentras entre tus pares nos convierte en mujeres de verdad, por decisión y por amor.

Imagen de:
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