#8MArg: Que retumbe nuestro grito hasta que el patriarcado se derrumbe

 

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*Por Pamela Mendez

-¿Vos decís que esto va a cambiar algo?

-No creo…

Comentaron dos mujeres de unos 50 años, mientras veían como subían al tren una decena de jóvenes con pequeños carteles y dibujos que decían “Ni Una Menos”, se dirigían a la Plaza del Congreso para participar de la primera marcha contra la violencia machista, el 3 de junio de 2015. El 8 de marzo, casi tres años más tarde, las mujeres paramos por segunda vez, ampliamos nuestras demandas y las expandimos por todo el mundo. Paramos un día porque queremos parar para siempre la desigualdad que nos hicieron padecer desde hace siglos.

El ruido de nuestras exigencias, de nuestra rebeldía indicaba la cercanía a la Avenida de Mayo, una calle inundada por la marea feminista. Encolumnadxs en distintas organizaciones políticas, sociales, sindicales, barriales, culturales, o simplemente en comunión con amigxs, familiares, compañeras o compañeros, marchamos hacia un mismo horizonte: una sociedad sin distinciones y privilegios de género ni clase. La Avenida que conecta la Casa Rosada con el Congreso se transformó en la única calle de la Ciudad de Buenos Aires dónde 500.000 mujeres y miembros de la comunidad LGTTTIB caminamos libres y segurxs, al menos por un rato.

¿Así qué eso se siente?

De la rabia que da no conseguir trabajo por ser mujer -y peor aún si sos madre- de la bronca que da cobrar menos por ser mujer, del enojo que produce sentirse juzgada, acosada o violada por nuestra vestimenta o nuestros hábitos, de lo aberrante que es no poder decidir sobre nuestros cuerpos, de la impotencia que produce tener menos acceso a cargos jerárquicos, del horror de saber que podemos salir de casa y tal vez no volver; de todas esas calamidades sacamos la fuerza para torcer el rumbo de la humanidad y por eso salimos a la calle. Como hicimos el jueves 8, lo hicimos con cantos, ruido, bailes, intervenciones artísticas, grafitis, pintadas y con todo lo que sea necesario para no pasar desapercibidxs, para que todos y todas nos vean, nos sientan, nos escuchen.

Con la convicción de saber que vamos a transformar todo lo que tenga que ser transformado, con la capacidad de depurar todos los pesares que vivimos y que decanten en una marcha alegre y emocionante, con el compromiso de desarmar cada una de las estructuras y micro-estructuras machistas que aún podemos poseer y con el atrevimiento de deconstruir a quienes nos rodean, con el propósito de ser cada día más aguerridas y no callarnos nunca más. Con todo eso marchamos, pero nuestro andar no terminó en el Congreso de la Nación, sino que hace tiempo lo impregnamos en todos los lugares a donde vaya una feminista, para que no quede ni un solo espacio donde nuestra voz no haya llegado.

Porque así decidimos escribir esta nueva página de la historia.

Después de años de un marketing desbordante que intentó esconder el significado del 8 de marzo, nos volvimos a reconectar con la histórica lucha que venimos librando y nos levantamos, otra vez. Más allá de las decisiones y planificaciones de cada una, en este tiempo gestamos un movimiento colectivo, enorme, diverso y dimos a luz una revolución que no se va a apagar hasta que veamos al feminismo vencer y al patriarcado caer.

Casi tres años después, las dos mujeres que se preguntaron en el tren si cambiaríamos algo tenían razón, no vamos a cambiar algo, vamos a cambiarlo todo.

*Pamela es estudiante de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, militante feminista.
Ph Amanda Huerta Moran y Daniela Poblete Ibañez

Este artículo es parte de nuestro Dossier Marzo 2918 Mes de las Mujeres. Lee más aquí 👇

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