Por Pamela Méndez*

Según Amnistía Internacional Argentina, alrededor de 450.000 mujeres al año deciden interrumpir su embarazo, 1233 por día, 51 por hora. De acuerdo a este dato, desde el inicio de las sesiones informativas sobre el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo hasta hoy se produjeron alrededor de 79.000 abortos clandestinos. Quienes nos representan en el congreso de la Nación demostrarán si están a la altura de la historia para acabar con el negocio del aborto clandestino, o si seguirán mirando para el costado mientras la realidad les pasa por encima –y mientras siguen muriendo las mujeres más vulnerables.

Durante los dos meses que duró el debate mantuvimos al tema en agenda, no solo en la agenda de los medios, sino en las conversaciones cotidianas, en el espacio público.

Abortamos al tabú

Anduvimos con los pañuelos por todas partes, inundamos de verde nuestros lugares de estudio, trabajo, hogares, plazas, estaciones, etc. Cualquier insignia verde o alusiva a la legalización del aborto se masificó en las calles como muestra de una arrolladora fuerza que no conoce otro destino que la conquista de derechos, como muestra de una fuerza que ya no se esconde y que a la clandestinidad no vuelve más. Nos destapamos, le hicimos frente a la vetusta normativa que aún intenta criminalizarnos y nos encontramos con muchísimas y muchísimos más de nuestro lado.

Según el Centro de Opinión Pública y Estudios Sociales, alrededor del 60% de la población está a favor de la legalización del aborto, acentuándose el apoyo en las franjas etarias más jóvenes (16-24 y 25-39). Un amplio sector de la sociedad ya habló. Hicimos de ese reclamo un compromiso irrenunciable y esperamos que quienes están dentro del Congreso atiendan a nuestra demanda, de lo contrario cargarán en su conciencia con las muertas por abortar y pesará en su carrera política el haberle dado la espalda a la mayoría.

Porque no declinaremos esta exigencia hasta que el aborto sea legal, seguro y gratuito, porque nos destapamos y hermanamos en el reclamo, porque las generaciones más jóvenes tomaron el protagonismo de una historia que debe cambiar, porque nutrimos a la democracia con el debate, la participación y la posibilidad de ampliar los derechos, porque si esta vez nos vuelven a rechazar el derecho de elegir y no morir en el intento, seguiremos aquí pero con miles más de nuestro lado. Por todo eso, SERÁ LEY.

*Pamela es estudiante de comunicación social de la UBA e integra el equipo de Revista Emancipa de Argentina.

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