Por Aldana Martino*

Me convocaron a escribir sobre mujeres y política en un dossier de una revista feminista y compañera. Pienso, y ojalá no me equivoque, que es una linda oportunidad para debatir entre nosotres: les que nos quemamos las pestañas leyéndonos, debatiendo, tratando de entender y a la vez de construir las claves de este momento hermoso de transformación que nos tiene como protagonistas.

El feminismo hoy adquirió una masividad impensada hace algunos años atrás. Por eso, no buscamos en este aporte extenderlo todavía más, sino hacernos preguntas y aventurar algunas respuestas sobre qué tipo de feminismo tenemos que construir para que sea realmente popular. De quienes hacemos política desde el feminismo depende que nuestro movimiento no sea cooptado por el ideario liberal e incluso discriminador que nos propone el capitalismo y el patriarcado. Nos propongo acá, desde el lugar de una militante política y feminista, algunos debates que creo que son necesarios para sostener nuestro rumbo y nuestro norte.

¿Qué es el feminismo popular, entonces? Hay que empezar por decir que es un feminismo de mayorías, inclusivo, “para el 99%” y con vocación de poder. Pero todo eso lo estamos construyendo y pensando. Sólo con fines prácticos, lo voy a desarrollar en dos planos: lo vincular y subjetivo, y lo político y social propiamente dicho.

Nosotres, pero también les otres


Hay algunas notas sonantes en esta cuarta ola feminista. La primera, como ya dijimos, es su impresionante masividad. Esa masividad hizo que el feminismo se haya colado en todos lados: en la política, en la televisión, en las casas, en las camas. Está transformando los vínculos porque en estos se expresa una parte importante de la opresión del patriarcado. Así, cuando dijimos que lo personal es político, nos pusimos a la cabeza de dar vuelta los más profundos consensos sociales respecto de la forma de relacionarse y el lugar que ocupa cada une de nosotres en esta sociedad.

Cuando nos reconocimos como les sujetes y las sujetas oprimidas, el primer impulso fue el de ponernos en valor y a la vez autocuidarnos de las opresiones patriarcales que empezamos a reconocer, al menos colectivamente, más que antes. De los macro y los micro machismos. Para un primer momento, está bien. Nos dio volumen, nos permitió reconocernos entre nosotres.

Pero crece entre nosotras las ideas del “amor propio” y el “querete como sos” que empiezan a ser problemáticas. Por un lado, porque nos pueden descolectivizar. Nos llevan a poner la atención principalmente en nuestra libertad individual, que es fundamental, pero desde la que es muy difícil construir un nuevo sentido colectivo. Seguro sea más fácil para nosotras atravesar este momento hermoso pero difícil, donde estamos peleando por tirar abajo un paradigma pero sin llegar a alcanzar el otro, si ponemos el foco en la construcción de otra responsabilidad vincular y afectiva.

En el Podcast de Anfibia “El deseo de Pandora”, de Julieta Greco y Leila Mesyngier, Rita Segato nos dice que “antes de feminista ella fue pluralista” y que cree en la idea del “aprender conversado”. Entre las tres desmenuzan esta idea, y aproximan una conclusión que tiene que ver con esto: no hay forma de transformar la realidad desde lo individual. La transformación es colectiva y el feminismo tiene mucho para enseñar de eso. Cuidemos esa tradición colectiva.

Todo esto, además, tiene otro punto de apoyo fundamental: no queremos construir un nuevo mundo que repita las relaciones patriarcales, donde le otre es más un objeto de mi propio placer que un sujeto con el que relacionarme, afectivamente o no, pero desde la responsabilidad y el cuidado.

Por otro lado, la idea del amor propio pone sobre nuestras espaldas toda la responsabilidad de nuestro bienestar: si no estoy contenta conmigo misma pasa a ser mi culpa, por no poder alcanzar los niveles de liberación que el feminismo nos propone, y no por los complejos y los estereotipos que nos impone en patriarcado. Tengamos cuidado con eso, porque por ahí se cuela la meritocracia y el liberalismo, y porque podemos estar reemplazando un mandato por otro.

El patriarcado y el capitalismo, entrelazados e interdependientes, nos relegaron a las mujeres al ámbito privado: no abonemos a eso. Discutamos lo que nos pasa dentro de nuestras casas, con nuestras parejas, familias y amigues. Pero más discutamos cómo hacer para que el feminismo sea definitivamente mayoritario y para que sea parte del ámbito más fundamental de la vida pública, que ordena todos los demás: la disputa por el poder político.

Demás está decir que un feminismo popular requiere de la inclusión de todas las identidades que existan, y dejando a cada una hablar con su propia voz. A veces, las mujeres cis nos adjudicamos la representación de todas las identidades oprimidas. A veces nombramos con la “e” a compañeras trans que exigen ser identificadas con el género femenino porque lucharon toda su vida para eso, y tienen el derecho de ser reconocidas como son, como nos reconocen a las mujeres cis como tales sin tener que pedirlo. De la misma forma que aquelles que no se identifican con ningún género de los que “existen hasta hoy” tienen derecho a que el lenguaje no les excluya. Y acá quiero puntualizar algo: no creo que debamos buscar la abolición del género. Más bien, tendremos que nombrar todos los géneros que existan cada vez que hablemos, porque siguiendo con la idea anterior, creo que debemos fortalecer lo que nos identifica como colectivos. Son identidades particulares y también identidades políticas desde las cuales pelear, como nos enseñaron las compañeras travestis que asumieron esa como su bandera política.
Lo que no se nombra, no existe.

En todo caso, lo que tenemos que abolir es el género como categoría cultural y de mandatos opresivos. Camino a eso estamos.

Nosotres y la práctica política

Desde la explosión del feminismo a partir del 2015, cientos de miles de pibas se relacionaron de alguna manera con la política, quizá por primera vez. Yendo a pelear por el aborto legal de a millones a las puertas del Congreso, muchas compañeras que antes no entendían la política como parte de sus vidas, fueron parte de una masiva movilización que dejó dos aprendizajes fundamentales: que los derechos se arrancan y que la organización es la única forma para hacerlo, y que no es lo mismo tener diputades y senadores a favor de este o cualquier otro derecho que no tenerles.

Desde el Estado no se producen todas las transformaciones, pero en Argentina el Estado concentra una parte enorme del poder, y es el más importante vector de organización social, a diferencia de otros países de América Latina. Para disputar la herramienta del Estado hay que involucrarse en política, de la forma y en el espacio que se elija.
Pero ahí surge el problema: las mujeres tenemos menos posibilidades de hacerlo. Porque como todo ámbito de la vida pública, la política también estuvo siempre reservada a los varones. Porque las compañeras cuidan a les hijes, tienen a cargo las tareas de cuidado que son trabajo no remunerado, porque son las más afectadas por el crecimiento de la pobreza, y también porque el machismo subsiste en las organizaciones políticas donde la voz del compañero varón vale más y las estructuras de las mismas dificultan el crecimiento de las compañeras.

Queda claro que el esfuerzo que estamos haciendo es enorme. Queremos gobernar para llevar adelante las políticas públicas desde una perspectiva feminista, que no es lo mismo que que las feministas sólo pensemos políticas públicas para las mujeres. La desigualdad de género atraviesa todos los temas y para garantizar la perspectiva feminista en ellos necesitamos que haya compañeras en todos los espacios. Para eso, tenemos que alcanzarlos. Y si para alcanzarlos tenemos que hacer alianzas con partidos, organizaciones u espacios que no sean todo lo feministas que somos nosotras, habrá que hacerlo y eso no va a querer decir que abandonamos nuestras banderas. Al contrario, ¿por qué no podemos nosotras trazar tácticas y estrategias políticas de acuerdo a la lectura que hagamos, como lo hicieron siempre los compañeros?

Más aún, no sólo tenemos que tejer alianzas: tenemos que protagonizar los espacios políticos masivos y desde ahí transformar la forma de hacer política. En las organizaciones, en los sindicatos y en los partidos. Eso es el feminismo popular. La política popular tiene que estar a disposición del logro de las mejores condiciones de vida posibles para nuestro pueblo, y no hay transformación sin contradicciones. La etapa que se viene va a ser sumamente contradictoria.

Esa es la clave de la construcción de un rumbo popular para el feminismo. El feminismo tiene que asumir la tarea fundamental de la pelea contra el neoliberalismo, con todas las contradicciones que implica construir política en un mundo todavía patriarcal, así como los movimientos populares tienen que asumir que la lucha contra el patriarcado es tan estructural como la lucha contra el capitalismo y que la opresión de clase es la que ordena el mundo pero no es la única. La clase trabajadora mutó, se compone también de desocupados, de trabajadores informales y de la economía popular, y de las mujeres, que componemos una categoría de clase particular que requerirá de políticas públicas específicas para alcanzar la igualdad verdadera.

Si el proyecto neoliberal se impone este año en las elecciones, las más perjudicadas seremos nosotras, al mismo tiempo que si no somos protagonistas del proyecto nacional, popular y democrático, podremos construir un proyecto de país alternativo pero que va a esconder desigualdades estructurales en la construcción de sus políticas públicas.

Si ganamos en Octubre, con Alberto y Cristina, vamos a recibir un país endeudado por 100 años y con los peores indicadores económicos desde el regreso de la democracia. Los primeros años de gobierno serán de transición para recuperar nuestra Argentina. En esa construcción, les militantes populares tenemos que ser protagonistas para que la transición sea hacia la Argentina que soñamos, y les feministas, las mujeres, travestis y trans estaremos ahí, asumiendo todas las contradicciones y ocupando los espacios en la política para que el rumbo sea hacia la igualdad total de derechos. Para que tengamos una Argentina para todos, todas y todes.

 

*Aldi es estudiante de derecho, referente de Futura. Feminista y militante por los Derechos Humanos.

Twitter: @aldi_martino

IG: @aldana.martino

 

 

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