Ilustración: Feminista Ilustrada

*Por Alejandra Iriarte

A fines de 2017 la Cámara de Diputados/as de la Nación sancionó la Ley de Paridad de Género, mediante la cual se establece que “las listas de candidatos/as que se presenten para la elección de senadores/as nacionales, diputados/as nacionales y parlamentarios/as del Mercosur deben integrarse ubicando de manera intercalada a mujeres y varones desde el/la primer/a candidato/a titular hasta el/la último/a candidato/a suplente.”

El proyecto, que ya había tenido media sanción en el Senado un año antes, fue votado por les diputades en una sesión histórica, que se vivió como un gran triunfo de las alianzas tejidas entre las mujeres diputadas. Alianzas que luego se fortalecieron durante la discusión del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, y que consolidaron el famoso grupo de “les Sorores”.

Durante este año, 2019, por fin, la ley debe ser aplicada. Y lo va a ser  en el marco de una elección crucial para nuestro país. Una elección donde se pone en juego la continuidad del gobierno de Cambiemos, que durante los últimos cuatro años nos condujo a una crisis económica y social sin precedentes. Se trata de poner fin al gobierno de la derecha neoliberal, que a través de sus políticas de ajuste llevó a que un 32% de la población se encuentre debajo de la línea de pobreza, según datos del INDEC.

Lo que se disputa en estas elecciones es trascendental para la vida de todes. Por eso, el objetivo central es construir alianzas que nos permitan reconstruir el país desde un proyecto nacional, popular, democrático y transfeminista.

Sin embargo, no podemos dejar de sorprendernos frente a “los problemas” que está causando al interior de las alianzas políticas la aplicación de la ley de paridad de género, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires.  

Ante el avance del movimiento trans-feminista durante estos últimos años, pareciera ser que, al menos en CABA, no deberíamos encontrar demasiados inconvenientes para la construcción de listas paritarias. La marea verde y  las movilizaciones multitudinarias del “Ni Una Menos” coparon las calles. La Ciudad se erigió como el epicentro de la lucha trans-feminista argentina, e, incluso, latinoamericana.

Sin embargo, a la hora de la disputa por la representación política pareciera ser que habitamos dos mundos paralelos. Por un lado, el mundo “verde, violeta, y multicolor” del movimiento trans-feminista. Por el otro, el mundo gris de los señores de traje y corbata que manejan “la lapicera” y la política hace años. Estos señores que están teniendo “algunos problemas” a la hora de “poner” mujeres en las listas. Porque de eso se trata: “de poner”, no de reconocer lugares de representación política.

“La paridad de género complica el armado de las listas” titulan los diarios. “La vicejefa de gobierno será una mujer” titula otro diario.

De pronto parece como si nada hubiese cambiado en estos años. Pero algo cambió. Cambio la ley, que no es poco. Entonces, los armadores políticos tiene que salir a buscar “mujeres” para cumplir con el mandato legal, porque ya no les alcanza con sus propias esposas, práctica frecuente durante la vigencia de la ley de cupo femenino desde el año 1991.

Pero ¿qué mujeres buscan? ¿donde las encuentran? Nos dicen que es difícil, que no hay muchas que tengan representación política, no hay muchas referencias, no suman votos. Entonces salen a la caza de “las famosas”. Porque las mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries que militan todos los días en los barrios, en las calles, no son suficientes. Son “piantavotos”, dicen, ignorando el trabajo de quienes pelean realmente contra este gobierno que “hambrea y maltrata, hasta lo más sagrado que tenemos que son nuestrxs pibxs, a quienes dejan sin comida, sin salud y sin educación”. Como dice indignada una militante del feminismo popular villero de la CABA.

Entonces se construye una ensalada de mujeres. Donde cualquiera da lo mismo. ¿Cuántos llamados habrán tenidos las “feministas famosas” estos días provenientes de partidos políticos totalmente opuestos ideológicamente?

Pero no son estas feministas a las que queremos en nuestras listas Porque no todas son lo mismo. No existe un movimiento feminista homogéneo. Y, por eso mismo, no nos da igual cualquiera. Quienes construimos un proyecto político popular y colectivo, queremos feministas populares.

Para que los partidos políticos puedas asumir el enorme desafío de garantizar la  igualdad de oportunidades para acceder al poder político, es imprescindible que quienes toman las decisiones comprendan su importancia para la obtención de una sociedad diversa, inclusiva y justa. Para esto no basta la letra de la ley sino que es fundamental que al interior de los partidos políticos se promueva el análisis, la discusión y el pensamiento crítico de sus integrantes. Es fundamental que las compañeras ocupen lugares centrales en las discusiones de cierre de listas y que puedan participar de “las mesas de chicas” de toma de decisiones.

Se trata de garantizar medidas para la igualdad de acceso a los lugares de representación política, y también de  mejorar la capacidad para acceder a estos espacios. Es decir, para poder  construir referencias políticas es fundamental modificar las formas de hacer política. El mandato legal de paridad debe ir acompañado de múltiples cambios que  modifiquen el funcionamiento tradicional -machistas- de la política.  El más obvio, la distribución equitativa de las tareas de cuidado, de modo que permita a las compañeras que tienen hijes participar de instancias de discusión política en igualdad de condiciones con los varones.

Por momentos siento que es demasiado lo que falta.  Pero a pesar de todo vamos por buen camino. Y en este sentido, todavía hay algo más que no podemos dejar de marcar a riesgo de reproducir un esquema binario y esencialista. Se trata del carácter sumamente esencialista del reclamo por la paridad, entendida solo como “mujeres y varones”. Ya que en la medida en que el sexo se transforma en la única categoría relevante a nivel de la política representativa, se excluyen otros factores de discriminación tales como la étnica o la identidad de género. Si solo reclamamos por el lugar de las “mujeres” corremos un riesgo peligroso de terminar en una mirada binaria.

A pesar de su indiscutible avance en pos de construir una democracia representativa, la paridad parte de la base de que la humanidad se compone de dos mitades sexuadas y por tanto sus órganos representativos también deben hacerlo para ser democráticamente legítimos. El argumento central es explicado por las feministas francesas que fueron las impulsoras de este concepto: “la democracia constituye una aspiración universal, la universalidad engloba a las mujeres y a los hombres, no hay, entonces, una democracia representativa si la representación no es paritaria”. El riesgo de esta conceptualización es que no permite trasladar sus postulados a otros grupos sociales marginados de la representación política, ya que las mujeres no son consideradas como una categoría sino como la mitad de la humanidad.

Una verdadera democracia es con todes. La discusión por “las complicaciones” que genera la ley de paridad, es una excelente oportunidad para poner en evidencia los límites reales del sistema de representación política. Si ya se les complica cerrar listas con una ley que les exige garantizar el lugar a las mujeres, imagínense cuando se enteren que, para que la democracia sea real, necesitamos tener en el Congreso a diputadas travestis, lesbianas, no binaries, de pueblos originarios, marronas, afros.

*Alejandra es Abogada. Integrante de la Red de Abogadas Feministas. Escritora y Tucumana.

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