Fotografía redes sociales

*Por Danae Prado C. 

“Llamamos a la rebeldía, al cuidado mutuo, a la solidaridad 

y a participar activamente de las movilizaciones 

convocadas para estos días y, 

como feministas, estaremos allí 

luchando y encarando 

los desafíos que imponen estos tiempos”

Declaración Publica Organizaciones Feministas

“Que se acabe Chile” es una frase que se escucha diariamente cómo chiste frente a distintas situaciones, la frase se volvió parte del vocabulario de chilenas y chilenos para sobrevivir en el paraíso del neoliberalismo. 

Chile completa este miércoles su sexto día de movilizaciones nacionales. Un estallido social que la elite política , social y económica no vio venir, pero que el pueblo hace mucho tiempo venía sintiendo.

Hace solo tres semanas, el Presidente de la República Sebastián Piñera, afirmaba a un medio nacional que Chile era un “oasis” en medio de una América Latina convulsionada y inestable económicamente, mientras “nuestro país es un verdadero oasis con una democracia estable, el país está creciendo, estamos creando 176 mil empleos al año, los salarios están mejorando”. 

Pero ese oasis del que él se vanagloriaba año tras año era más bien un espejismo, considerando que el país no sale de la lista de los 10 países más desiguales del mundo, que el 70% de la población gana un sueldo igual o menor a $550.000 ( U$750) y que el 1% de la población acumula el 25% de la riqueza producida por el país.

La desconexión de la elite política es tal, que el viernes 18 de octubre, cuando el movimiento ya llevaba una semana de evasiones masivas en el tren subterráneo producto del alza en el pasaje y tras un día de álgidas movilizaciones, el Presidente terminó su jornada laboral y se fue a celebrar el cumpleaños de un nieto en una pizzería del barrio alto. Mientras Santiago se incendiaba literalmente, el Presidente comía y celebraba. 

En la misma línea, la Primera Dama le afirmaba a una amiga en un mensaje de audio filtrado, que las manifestaciones son “como una invasión extranjera, alienígena” y que “vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”. Así, tal cual. 

El Presidente de Chile y su esposa son un claro ejemplo de como actúa y piensa la élite política y económica, pues él mismo es una de las cinco personas más ricas del país, de acuerdo con el listado de la revista Forbes, que lo ubica en el puesto 804 a nivel mundial.

La clase política gobernante ha afirmado que este estallido social nadie lo vio venir, que no había cómo prever este cuadro de movilizaciones. Estas aseveraciones solo reafirman la vida de privilegios y las desigualdades sociales sobre las que han cimentado sus fortunas y su forma de Gobernar. 

“Sabíamos que había desigualdad, pero no sabíamos que les molestaba tanto” afirmaba en un canal nacional un periodista rostro de televisión, también un privilegiado. Cómo se iban a dar cuenta de qué molestaba tanto a los pobres si mientras el 10% más rico gana $800.000 per capita, el 10% más pobre gana $20.000 per capita. La distancia es abismal, la desigualdad es exorbitante, la desconexión de las y los privilegiados mantiene a este país herido permanentemente.

Chile fue el laboratorio del modelo Neoliberal. Impuesto en Dictadura en los años 80, el país se volvió el lugar del mundo donde los derechos sociales son dejados al arbitrio del mercado, transformando al Estado en subsidiario y no garante de derechos, reduciendo el poder de los sindicatos al mínimo y reproduciendo la desigualdad de manera interminable. Un país en muchas cosas, más neoliberal que Estados Unidos. 

El estallido se produjo por un alza en los pasajes del metro, que subió $30(U$0,041). Esto puede parecer un alza mínima, pero en los últimos 12 años el pasaje ha subido a la par con el salario mínimo y en promedio los y las trabajadoras que ganan el sueldo mínimo utilizan el 14% de su salario en transporte. 

Rápidamente y de manera natural las y los manifestantes comenzaron a levantar las demandas sociales que llevan 30 años dando vuelta en las calles: fin al Sistema de Pensiones de las AFP, aumento del salario mínimo, fin a las privatizaciones y alzas en luz y agua, resolver la crisis de la salud pública, mejorar la educación, terminar con la desigualdad entre comunas, erradicar las violencias contra las mujeres. 

Chile demanda fin al neoliberalismo, tal como plantearon diversas organizaciones feministas como Coordinadora Feminista 8 de Marzo, La Morada, Humanas, OCAC, Hartas, Comisión de Género del Colegio de Periodistas, entre otras, “el Estado Neoliberal no da más y el pueblo de Chile ha dicho basta”

“Nosotras, feministas, somos parte de las luchas anticapitalistas y de las cuales tenemos hoy un episodio ejemplar llevado adelante por una inmensa mayoría de trabajadoras y trabajadores. Conocemos la historia de Latinoamérica y sabemos que esta puede ser una oportunidad para transformar las condiciones actuales. Una chispa que incendie la pradera y que abra caminos para salir del atolladero neoliberal y construir una sociedad justa y solidaria, donde podamos vivir dignamente” afirmaron.

Las mujeres sabemos de desigualdad en Chile. El 54,3% de las personas en pobreza extrema del país, son mujeres, y somos el quinto país de mundo en tener mayor desigualdad salarial entre hombres y mujeres, donde por igual trabajo las mujeres reciben un 30% menos de salario y en términos de pensiones, las jubiladas reciben pensiones 12,4% menores que las de los hombres. La brecha de género también se traslada al mundo educacional, ya que en las carreras tecnológicas, que son las que reciben mayores sueldos, solo un 25% de quienes las estudian son mujeres. 

Asimismo, las mujeres viven proporcionalmente mayor inseguridad física en lugares públicos, donde ellas en un 12% viven más delitos y 1 de cada 3 mujeres esta viviendo o ha vivido violencia de pareja.

También hemos sabido de opresión en este estallido social. Desde el viernes 17 de octubre, han sido detenidas 1.601 personas, entre ellas, 185 niños, niñas y adolescentes, y 331 mujeres. El Instituto Nacional de Derechos Humanos ha informado que “las mujeres han denunciado desnudamientos, maltrato físico y verbal, golpes, demora de la policía en conducir a las personas detenidas a la comisaría, manteniéndolas en los furgones, con mala ventilación y hacinadas durante largas horas”. Incluso, una mujer denunció que los militares tras detenerla tocaron su cuerpo con el fusil y la amenazaron con penetrarla con el arma.

Frente al estallido social, el Gobierno de Piñera ha sido errático en su actuar, entregando las calles a los militares, introduciendo medidas que restringen las libertades civiles que no veíamos desde la Dictadura Militar, declarando la guerra interna, intentando poner al pueblo contra el pueblo y, finalmente, anoche dando a conocer una serie medidas que solo entregan más recursos estatales a los privados y no tocan un pelo al modelo neoliberal que está en el centro de la desigualdad social de Chile. 

Hoy Chile sigue movilizado. Las protestas aumentan en masividad y potencia, se suman sindicatos, organizaciones sociales vivas, comunidades vecinales, familias completas desde los más chicos a las personas más adultas mayores. 

Las feministas seguimos levantando las cacerolas vacías para protestar, activando desde el territorio y organizándonos para que este estallido no pare de sonar. 

En este estallido social, las mujeres hemos estado en la calle, somos parte activa del movimiento social que demanda justicia y enfrentar las desigualdades que mantienen al pueblo sobre endeudado, rehén del mercado y sus designios. 

Las organizaciones feministas y de mujeres nos hemos puesto a disposición para seguir en la lucha, entregando asesorías legales de manera gratuita, difundiendo la real información a través de nuestros medios y redes sociales, demostrando sororidad con el pueblo, organizándonos con nuestras vecinas y vecinos, movilizando a las familias. 

El estallido no para hasta que se inicien cambios de fondo, se avance en un proceso que construya una nueva Constitución realizada en democracia y se profundice en un nuevo trato social. Las ollas no pararán de sonar porque lo que está en juego no son $30 más o menos, lo que está en juego es la dignidad. 

 

*Danae es Editora en Chile de Revista Emancipa, periodista feminista comunista y participante del Circulo de Acción Feminista Akelarre.

Deja un comentario