*Por Romiña Aquino
Eres tú, eres tú… estaba terminando de tararear un funcionario de la empresa en la cual trabajo. Su tono era de burla, como el de tantos otros. Pero a pesar de eso, el mensaje estaba ahí. Se instaló. Llegó al Mercado 4. A todos los programas de tv abierta. A la radio. A las mesas familiares. “Me dijeron que te vieron en el video, mi hija” le dijo su mamá a una amiga. Estaban hablando de eso en su puesto laboral.

En una semana, Un violador en tu camino, la intervención creada por el grupo LasTesis de las compañeras chilenas, llegó a todo el mundo y resonó en toda internet. Las paraguayas también hicimos nuestra versión, adecuándolo a nuestro contexto, incluyendo el himno de la policía nacional. Cien chicas nos convocamos en el microcentro de Asunción, cerramos una de las calles principales de la capital y cantamos desde el fondo de nuestros sentires.

Muchas de nosotras teníamos miedo de estar ahí. No solo por poner el cuerpo, sino por animarnos a gritar todo eso que nos tiene hartas y que Lastesis lograron resumirlo en un cántico. Porque sabemos que posicionarse feminista en una sociedad conservadora (y que parece que cada día vuelve al medioevo) sigue siendo revolucionario, que criticar el sistema patriarcal y señalar directamente al estado y sus instituciones como culpables, va en contra del orden y la sumisión que esperan siempre de nosotras.

Pero el miedo se disipó cuando nos encontramos todas ahí en la calle, por sobre nuestros feminismos, a pesar de nuestras diferencias y con nuestras disidencias. Como en tantas otras ocasiones, porque no solo marchamos el 25N o el 8M, ya que entendemos también la importancia de salir a las calles no para cambiar directamente el mundo, sino para que quienes nos rodean no se olviden, de que nos están matando. Este año va a terminar con más de 40 feminicidios y todavía faltan los días más duros del mes.

Todo el tiempo están queriéndonos decir cuál es la forma correcta de manifestarnos, esto sí es feminismo, esto no es. Esto sí es válido, esto es muy radical. Esto es comprensible, esto ya es violento. Como si el feminismo fuera un dogma, con reglas a las cuales acatar. Como si todas tuviéramos la misma formación y el mismo contexto. Porque todo bien que reclames, pero por fa na, no lo digas tan fuerte. Hasta nuestra rabia quieren adoctrinar.

Entendemos que la violencia no se soluciona con violencia. Estamos intentando lidiar con nuestras contradicciones. Pero también nos estamos preguntando realmente ¿qué es violencia? ¿Un grupo de chicas realizando una performance en contra de la violación o policías desalojando y violando a compañeras campesinas? ¿Unas chicas que pintan paredes con denuncias o una niña violada por su padrastro?

La preocupación de muchos varones es que supuestamente los ponemos a todos en una misma bolsa, y que “not all men”. Por supuesto que no todos, o sino ya estaríamos gestionándonos nuestra propia isla para vivir como las Amazonas. Aunque la mayoría de las veces el machismo se encarne en los hombres, sabemos también que ninguna de nosotras está exenta de esas prácticas, y que además ellos son víctimas. Según Rita Segato, son la principal víctima del patriarcado porque ellos tienen que lidiar con el mandato de la masculinidad, el mismo que no les permite llorar, ni mostrarse débiles o administrar sus sentimientos, que luego deviene en las violencias ya conocidas.

En vez de preguntarse si en algún momento obligaron a una mujer a tener relaciones sexuales o la hicieron pasar una situación en la cual no había consentimiento, los varones se preocupan más por la forma en la cual nos estamos manifestando. En vez de cuestionarle a su compañero cuando le acosa a una chica en la calle, nos gritan feminazis. En vez de educarle a sus hijos en el respeto, siguen tratando de putas a todas aquellas que no cumplen con los requisitos de mujer de bien.

Algunas personas piensan que el feminismo funciona como una agencia, que tiene que cumplir -para ayer- con todos los pedidos del cliente. Como si alguien nos pagase por militar y educar, como si nosotras no tuviéramos cuestiones internas que resolver, como si fuera nuestra obligación hacernos cargo de todas las violencias que suceden en el mundo. ¡Como si no tuviéramos familias, amigues, trabajo y una vida también!

Y ahí entramos a otro punto, que por el hecho de ser feministas, ya asumen que somos unas aborteras. Sí, muchas de nosotras estamos a favor del aborto legal, seguro y gratuito, lo que no quiere decir que todas lo estemos y que mucho menos seamos unas asesinas. Tampoco quiere decir que porque estemos a favor de decidir sobre nuestros cuerpos, no queramos ser mamás u odiemos a todos los niños. Nada es tan simple y burdo como las conclusiones que quitan. Las personas somos complejas. Y más aún es complejo decidir sobre una situación así. Así que no Juancho, si alguna vez se aprueba el aborto, no vamos a ir a corriendo todas a practicarlo.

Los feminismos también son complejos. Hay tantas mujeres como feminismos en el mundo. Estamos intentando construir más allá de nuestras diferencias, por lo que también tenemos desaciertos. Pero cada vez que volvemos a salir a las calles y vemos más y más caras nuevas, ex compañeras de escuela, vecinas, primas de amigos, ex novias de nuestras parejas, compañeras de trabajo, tías, madres, abuelas, sabemos que estamos haciendo algo bien. Porque más allá de sentirse o no representadas por quienes asumen responsabilidades visibles, el punto es la participación, el diálogo y el debate, desde donde se van construyendo los cimientos de una nueva forma de vida. No sabemos si es la correcta, si la queremos para siempre, pero lo que sabemos es que estamos muy cansadas de esta.

Y sí, el estado opresor, es un macho violador.

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