Imagen: thecovenantleague

*Por Noelia Díaz Esquivel

“Voy a apagar la luz para que estés más cómoda”, le dijo y la violó. Mirna va a terapia hace como 5 años, pero confiesa que aún no puede dormir con la luz apagada. Esta es sólo una de las muchísimas secuelas con las que debe luchar todos los días desde aquel 2014.

Tenía 19 años, estaba estudiando filosofía en el Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos – ISHEF, era la única estudiante mujer entre 20 varones. Oscar Javier Britez Figueredo, seminarista de la congregación del Espíritu Santo, era su compañero de clases y también abusó sexualmente de ella.

Pasó un mes, era un secreto que la mantenía como una zombi. No sabe cómo las palabras brotaron de su boca, pero sentía que se asfixiaría si no hablaba de lo que pasó, y se lo contó a su mejor amigo. “Yo no podía pronunciar la palabra violación, entonces le dije que yo creía que Oscar se propasó conmigo. David, mi amigo, enseguida se dio cuenta que fue mucho más que eso, empezó a llorar y me dijo que vaya a una psicóloga”.

Haber hablado la animó y en marzo de 2015 fue hasta las autoridades de la congregación espiritana: “Ilusa yo en esa época creía que ellos por ser religiosos buscan de cierta forma la justicia y todo eso, lo que conseguí fue que me trajeran a una hermana que supuestamente era psicóloga, quien me dijo que me recomendaba que no denunciara, que yo no estaba en posición de denunciar, que a mí nomas me iba hacer daño, que lo mejor era centrarme en mi proceso espiritual y psicológico, recuperarme ahí y después dejar nomás la denuncia”.

A pesar de estar devastada, Mirna no se rindió y unas semanas después recurrió a los directores del ISHEF, no quería que el daño que le causaron quede impune. No terminaba de sorprenderse, porque aunque ella decía la verdad, el director del instituto la quiso someter a un careo con el violador para que en esa charla hablen del tema y puedan perdonarse.

En agosto de 2015, después de sobrevivir a los portazos que recibió por parte de la congregación y de la institución educativa, se animó a denunciarlo ante el Ministerio Público. La fiscal Patricia Calabrese estaba de turno y el caso cayó, desafortunadamente en su escritorio y de ahí al cajón. Casi un año después, en setiembre de 2016 la llamaron a testificar y le dieron un turno con la psicóloga forense. Durante 3 años fue re victimizada una y otra vez. Cada vez que la llamaban las preguntas sobre la noche de la violación eran más explícitas: “La pregunta más dura que me hicieron, en ese momento fue ¿cuánto tiempo duró exactamente el hecho o por qué tardaste tanto en denunciar, qué hice yo en ese tiempo, por qué no guardé la evidencia, por qué me bañé? todas esas preguntas me hacían, cada vez era más específico”.

Pero esto no fue todo, Mirna además tenía que llevar las hojas de citación a los testigos, incluso a la congregación, porque según los ujieres no podían ingresar a un lugar santo, “lo que más me dolió fue la fiscalía, porque decía dentro mío, yo no estoy mintiendo, estoy diciendo la verdad, en algún momento se van a dar cuenta, se va hacer justicia, pero fue como que en todo momento me machaban me hacían sentir mal y dije acá ya no voy a encontrar justicia”.

Un día recibe una carta. La carta fue escrita por su agresor y en ella le pedía perdón. Llevó lo que consideró una confesión del hecho a la fiscalía, creyó que como se trataba de un autor confeso, finalmente lo imputarían pero… “me llamó para ampliatoria y ahí me dijo que con esa carta se podía cerrar el caso. El presentó la carta de disculpas, con eso vos podes continuar con tu vida podes cerrar, me dijo la asistente fiscal”.

Tras casi 5 años, Mirna, presentó una denuncia en contra la fiscala Calabrese, y en diciembre de 2019 se delegó el caso al fiscal Jorge Romero. Desde la nueva designación su carpeta sigue como siempre… en el cajón.

Oscar Javier Brítez hoy es sacerdote, está en el Brasil, porque sigue estudiando. Mirna aumentó 30 kilos porque es la forma que encontró para protegerse de él y del mundo. Está luchando por terminar su tesis. Dejó de bailar, ella es profesora de danza. Casi no sale y se relaciona con muy pocas personas porque aunque está bajo terapia psicológica no siempre puede controlar la ansiedad. El daño es irreparable. Le cuesta confiar.

Aun así dice: “Voy a seguir luchando, necesito que algo avance, la fiscalía se estanca, necesito que todos sepan lo que él hizo, lo que hizo Oscar, necesito que sepan todo”.

 

 

*Mirna fue entrevistada por el programa de radio feminista #LaBuenaYunta y sus palabras sirvieron de insumo para este artículo. Podés acceder a la entrevista completa en: https://www.youtube.com/watch?v=ywDntZZRfc4

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