*Por Gaby Aguinaga

Recordando el 8 de Marzo del 2020, Quito

Marchar en esta fecha significa salir: por nuestros hijos e hijas, porque queremos detener los distintos tipos de violencia que vivimos día a día, por el trabajo, la salud y la educación. Históricamente se han quebrantado nuestros derechos y este día en especial miles de mujeres nos acompañamos con todas esas fuerzas que salen de la tristeza de las pérdidas de mujeres violentadas, asesinadas, por las niñas que son madres, por las mujeres con discapacidad, por su voz, nuestra voz, nuestros derechos y por la precarización del trabajo en la que muchas mujeres viven cada día.

Mientras la marcha continuaba no todos los gritos sonaban igual, algunos eran nuevos -pues recién sonaban sus voces-, sin embargo, habían gritos muy especiales que pertenecían a incansables luchas. En medio de tantos y tantas, a mi derecha una mujer adulta reflejaba en su rostro un duro camino recorrido, su grito me llamó la atención, “Mi hija está desaparecida – su voz se quebró y con ella la mía – hoy vine para representarla pues estoy convencida de que la lucha en las calles es lo que vale”, me decía Valeria Campos, madre de Michelle Montenegro, desaparecida el 05 de Junio de 2018. Conocía esta historia, de hecho, Quito está llena de esta historia, no existe un poste, pared, parque, calle, lugar, rincón de la ciudad que no sepa de esta historia. La búsqueda de Michelle, de Lucía, de María, sigue sin respuestas.

Suenan los tambores, hemos estado demasiado tiempo en silencio y en ese mismo silencio levantando la voz en lengua de señas, el Colectivo de Mujeres Sordas Feministas expresaban “Queremos interpretes sordes en la escuela, en el colegio y en las universidades”. Los derechos deben ser inclusivos, las mujeres con discapacidad siguen siendo un sector de la población que no es atendido; me silencié para escucharlas, ¿cansado de escuchar? nosotras de vivirlo. Todavía queda mucho trabajo que hacer, las estadísticas del Consejo de Discapacidad nos muestran que el 3% de la población ecuatoriana representa a las personas con discapacidad, del cuál, el 43% es mujer.

El Estado tiene una deuda muy grande con las mujeres, especialmente con las niñas, cada día hay un promedio de 42 denuncias por violación, abuso y acoso a mujeres y menores, 20 mil niñas que sufrieron una violación fueron obligadas a ser madres; en el Ecuador 6 de cada 10 mujeres son violentadas a nivel nacional. Por esta y por más razones salimos el 8M miles de mujeres a exigir al estado la implementación de medidas que nos protejan; ser mujer sigue siendo un factor de riesgo, “Queremos que las niñas crezcan niñas no madres” y que las mujeres se sientan protegidas no solo en las calles, en sus casas, sino que también a partir de los derechos constitucionales.

 Soy Mujer de paz pero si quieren afectar nuestros derechos somos como tigres”, con fuerte voz y presencia fue el mensaje de las mujeres amazónicas, grandes defensoras de la selva. “Por el agua y por la vida nadie se cansa”, gritaban juntas, incansables en su lucha histórica en contra de la explotación petrolera, minera y maderera. Su presencia y su voz en las comunidades ha sido de gran importancia para sostener el cuidado de la vida y de la tierra. Sin mama no hay Pacha, ni la tierra ni las mujeres somos territorios de conquista y explotación.

 Varios colectivos de mujeres con discapacidad, negras, indígenas, estudiantes, mestizas, trabajadoras, madres, mujeres campesinas, abuelas, niñas y migrantes, marcharon por la protección de igualdad de derechos en el territorio ecuatoriano. Los tambores seguían sonando y en un cartel rojo “Tierra para las mujeres de campo”. Las campesinas,  indígenas, mestizas, afrodescendientes y montubias producen el 60% de nuestra comida, ganan 3 veces menos que los hombres y son dueñas solo del 25% de la Tierra.

La marcha llegó a la Plaza de Santo Domingo, miles de mujeres fueron, miles de mujeres fuimos, quienes gritamos, reímos, bailamos y lloramos, miles de mujeres seremos. Me pregunto si todavía podremos regalar a las siguientes generaciones un mundo más justo. 

Mientras exista desigualdad

“Por nosotras y los pueblos, juntas, diversas y completas”.[1]



[1] Este texto fue escrito desde el sentir, la voz, el texto y las consignas de miles de mujeres que marcharon el 8M en Ecuador.

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