Por Lucía Mazzotta*

Dejamos atrás una semana con mucha historia. El domingo celebramos el Día Internacional del Orgullo LGBTI+  recordando a les disidentes que en 1969 se defendieron de la represión y violencia policial en  Stonewall Inn. ¿Y por qué? Por escaparse de la “norma”, por negarse a los estereotipos y por defender su derecho a ser diferentes. A la violencia le respondieron con “orgullo” y lucha.  

Para que las nuevas generaciones no sufran lo que sufrieron elles, para que no crezcan en un closet, para frenar los femicidios, los travesticidios, los transfemicidios, para cuestionar el modelo de masculinidad hegemónica que también oprime a los varones, para proponer vínculos afectivos saludables y amorosos, para prevenir el abuso sexual en la infancia, para criar niñeces libres de estereotipos sólo hay una salida: que la Educación Sexual Integral (ESI) se aplique de manera efectiva.

La mayoría de les docentes que realizamos este trabajo lo hacemos de manera artesanal, apoyándonos en las redes: donde no hay recursos didácticos, los inventamos. Traficamos información entre colegas, circulamos las dinámicas más exitosas, esas que “la pegaron”, compartimos actividades, propuestas, novelas, cuentos, juegos. Vamos copiando, vamos transformando. 

Pero en tiempos de pandemia, cuarentena y clases virtuales. ¿Cómo hacemos para sostener las actividades y propuestas que garanticen el derecho a la ESI? ¿Qué hacemos en la distancia? ¿Podemos virtualizar nuestros recursos? ¿Aún serán efectivos a través de las pantallas? ¿Cómo repensamos los vínculos, la afectividad, el respeto a la diversidad o los límites con niñes que están soles en sus casas y que no pueden encontrarse? ¿Y la desigualdad? ¿Qué hacemos cuando les niñes apenas pueden conectarse a sus computadoras? Si antes era difícil, hoy se vuelve una tarea casi quimérica. Quimérica sí, pero también urgente. 

En una capacitación para docentes (un vivo de IG) Diana Maffia -feminista, filósofa y profesora en la Universidad de Buenos Aires– sintetizó algunas de las preocupaciones, desafíos y oportunidades que la cuarentena nos presenta. 

Entre las principales preocupaciones Diana señala la pérdida del aula como espacio “exterior” al ámbito doméstico, a la privacidad del hogar y a las condiciones familiares de riesgos que sufren algunes niñes (como la violencia o el abuso). Ya no es el niñe el que “sale” y va a la escuela sino la escuela la que se mete en casa. Con sus limitaciones, el aula siempre se ofreció como un espacio que buscaba igualar en oportunidades. Un “refugio” donde se desnaturaliza lo que está naturalizado en las casas.  Aquí la filósofa nos plantea el primer desafío ¿Cómo enseñamos a reconocer las formas sutiles de la violencia?  Y de la mano con esto ¿Cómo disputar la privacidad en un ámbito donde no hay privacidad: la casa?

Otro desafío que se nos presenta es sostener la transversalidad de la ESI. ¿Cómo es la transversalidad cuando no nos estamos encontrando en los pasillos para intercambiar estrategias? Gran parte de nuestra formación dependía de las charlas entre colegas, y los encuentros cara a cara, en los que planeábamos actividades y coordinábamos el modo de abordar las situaciones de riesgo. Estos espacios servían, también, para que les más convencides invitáramos a les más dudoses a trabajar la ESI y a pensar la educación, toda, desde esta perspectiva ¿Es posible recuperar estas redes en la virtualidad? 

A continuación, Diana Maffia ofrece algunas puntas para disparar la creatividad. Sin romantizar la cuarentena, ni la ardua tarea de les docentes que, en este contexto, hacemos lo que podemos, propongo un repaso por sus ideas más interesantes. 

  • Valoración de la palabra

Limitados los encuentros corporales surge la importancia de la palabra como recurso principal para comunicarnos. El uso de las redes permite compartir mensajes escritos donde les niñes y adolescentes pueden decir cosas que de otra forma no se animarían. ¿Y si recuperamos la escritura, desde un enfoque lúdico, para proponer formas de expresar y procesar lo que está pasando? ¿Podemos, por ejemplo, desafiar a les estudiantes a poner palabras a un emoticón y desde allí trabajar con las emociones que esta situación les despierta?

  • Trabajo con las familias

Trabajar con las familias es uno de lineamientos de la ESI, de sus propósitos centrales y de los más difíciles. En pandemia, el trabajo con las familias se nos impone. Sobre todo en el nivel inicial, aunque aplica a todos los niveles. La familia está al lado, en la misma casa o habitación, compartiendo con les niñes celulares, compus o tablets (cuando las hay). Es una oportunidad para proponer actividades que convoquen al diálogo: preguntas, entrevistas o dibujos, compartir un relato de un momento en familia “que me guste”, “que no me guste”, “que extrañe”. 

  • Pensar las tareas de cuidado

La panacea del feminismo. La cuarentena nos da el pie para repensar las tareas de cuidado y los roles de género. Y cuestionarlos. Hacerlos estallar. Mirar hacia adentro de las casas y preguntarse ¿Cuáles son las tareas domésticas? ¿Cuánto tiempo se les dedica? ¿Cómo se distribuyen estas tareas entre los miembros del hogar? ¿Las realizan todes en igual medida? ¿Por qué creen que sucede esto?  

  • Pluraliad en los modos de ser niñe

Finalmente, una de las aristas más interesantes es utilizar la pandemia para pensar en la infancia como globalidad. Ver la pluralidad de modos de ser niñe a través de propuestas que inviten a investigar otras niñeces, otras experiencias y formas. Navegar en internet o intercambiar dentro de los propios grupos buscando ver lo que hacen otres niñes para gestionar la realidad ante lo que les resulta penoso, doloroso. Pensarse como un modo de ser entre otros.

Como buena filósofa, Diana nos deja más preguntas que respuestas. Y como buena feminista, nos invita a pensar nuestra práctica para transformarlo todo. La ESI es urgente. Y si oímos y miramos a las niñeces que nos rodean y que nos interpelan en su diversidad, comprendemos que también es urgente una ESI situada en los contextos socio-culturales específicos. No es lo mismo ser une niñe en la ciudad que serlo en el campo. En América Latina que en Europa. En las villas y barrios populares no se viven las niñeces igual que en las zonas más pudientes. Pensar la ESI en clave interseccional y decolonial es el desafío.  

 

*Lu es antropóloga, feminista y parte del equipo de Emancipa Argentina
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