*Por Noelia Díaz Esquivel

Norita Rodríguez, bailarina, actriz y conductora de televisión relató en su programa, en un canal de cable, el intento de feminicidio del que fue víctima. El testimonio fue desgarrador.

Visiblemente vulnerable decidió exponerse públicamente porque su agresor y ex pareja fue beneficiado con un espacio en un canal de aire. No fue suficiente haber intentado lanzarla por una ventana, además la difamó para justificar la violencia machista de la que fue protagonista.

Recordemos que la violencia mediática, según la ley de protección integral para las mujeres, es la acción ejercida por los medios de comunicación social, a través de publicaciones u otras formas de difusión o reproducción de mensajes, contenidos e imágenes estereotipadas que promuevan la cosificación, sumisión o explotación de mujeres.

La violencia contra las mujeres es en parte efecto y resultado de la desigualdad de género, porque los hombres creen que tienen el derecho y el poder para hacer lo que quieran; no solo ven a la mujer como una propiedad que pueden manejar y a la que dar órdenes, sino que creen que es su derecho como hombres.
Las cifras oficiales revelan una pequeña parte de la realidad porque son muchas las que no acuden a las instituciones. Ahora, con las redes sociales, ese muro de contención se ha roto y mucha gente empezó a darse cuenta del problema. Pero aunque cada vez se habla más del delito, y más ahora que muchos casos están saliendo a la luz porque las víctimas se apoyan unas a otras, aún existen muchas actitudes que culpan a la mujer, a la víctima, que creen que ella de alguna manera se lo buscó. Las violencias contra las mujeres no tienen ningún tipo de justificación.

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