Las mujeres trabajan de manera comunitaria con las ollas populares para hacer frente al hambre que provoca la inoperancia del Gobierno ante la pandemia 

 

 

 

 

*Por Lida Duarte

El hartazgo ciudadano hacia los partidos tradicionales se agudizó con la crisis sanitaria y  puede contribuir a un cambio en la conducción de Asunción, capital de Paraguay, donde las mujeres,  a través de redes de solidaridad, cobran un visible protagonismo en la pandemia. La ciudad está a puertas de las internas municipales, donde casi 320 mujeres darán pelea por la Concejalía frente a una participación de 65,9% de hombres, mientras que la única mujer para el cargo ejecutivo de la Intendencia, ratificará su candidatura ante 14 representantes masculinos.

Avanzar hacia el mayor acceso de mujeres a espacios de poder es una reivindicación histórica. Si tenemos en cuenta el contexto latinoamericano, encontramos que el promedio de representación femenina en las concejalías es del 29,6%, en tanto que en las alcaldías alcanzó el 15,5%.

Si comparamos con Paraguay, encontramos que en el periodo actual y el cual está culminando, hay una participación de 20,9% de mujeres en los cargos plurinominales y apenas 10,4% en los puestos más importantes de los municipios.

El estudio fue realizado por la socióloga y oficial del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral,  Carmen Echauri, quien entre 1996 y 2015 detectó una poca y lenta evolución en la participación de mujeres en estos espacios, donde las barreras son aún más fuertes en los cargos ejecutivos.

Esta situación podemos notar hasta hoy, pues al observar la lista de precandidaturas a la Municipalidad de Asunción, donde los dos partidos tradicionales, Asociación Nacional Republicana y Partido Liberal Radical Auténtico, acaparan el 53,3% de las propuestas para la Intendencia, mientras que siete agrupaciones más pequeñas pujarán contra toda la estructura de este dúo.

La alianza Asunción para todos se encuentra en este segundo grupo, desde donde no solo desafía a toda la estructura de los partidos tradicionales, sino a una mayoría absoluta de hombres distribuida en las listas que estos presentan.

De acuerdo con los datos proveídos por el Tribunal Superior de Justicia Electoral, la alianza progresista en que participan el Partido País Solidario, Partido de la Participación Ciudadana, Partido de la Unidad Popular, Partido Patriótico Teeté, Partido del Movimiento al Socialismo y Paraguay Tekopyahu, propuso una lista conjunta con 24 candidaturas para la Junta Municipal con una representación de mujeres de 58,3%.

Para la lideresa de esta coalición, Johanna Ortega, quien pugnará por la Intendencia de la capital, esta conformación de listas no es una simple coincidencia, sino el resultado de un trabajo de varios años de articulación femenina en los espacios políticos y partidarios en distintas instancias.  En el caso de País Solidario, explicó que implementa la paridad desde su fundación, mientras que Participación Ciudadana adecuó sus estatutos con el mismo objetivo.

Tampoco es casualidad que este comportamiento se dé en grupo progresistas. Echauri profundiza su análisis sobre este aspecto y comenta que en los partidos no tradicionales hay una mayor tendencia  a reconocer los derechos políticos de las mujeres y hacerlos efectivos con mecanismos de acción positiva, con oportunidades reales de participación en los espacios de conducción de las agrupaciones  y en el acceso a los cargos electivos.

Johanna Ortega reconoce que le hubiese gustado debatir con otras mujeres candidatas.

Sobre las posibilidades de conseguir una victoria final en las elecciones de octubre, luego de los sufragios partidarios de este junio, – y en medio de una indignación ciudadana por la pésima gestión para hacer frente a la pandemia–  la investigadora considera que podríamos ver algún cambio, no solo ahora, sino también en las generales del 2023. Sin embargo  explica que hay una serie de factores que influyen además de la coyuntura actual, ya que también se debe tener en cuenta la estructura con que cuentan los partidos, que se traducen en una gran movilización política para la captura de votos, así como los recursos para afrontar las campañas y la formación cívica de los electores para un voto más reflexivo y maduro.

En ese sentido, Johanna rescata que en medio del impacto económico que causó la pandemia, sobre todo en los sectores más vulnerables de la sociedad, se visibiliza el trabajo de las mujeres. ”Con apoyo de las redes de solidaridad demostraron ser buenas administradoras y perfectas articuladoras en su comunidad”, señala. Se refiere en particular a las ollas populares que desde hace más de un año alimentan a familias en situación de pobreza y que además con la crisis perdieron el poco ingreso que les permitían acceder a los alimentos.

Estas mujeres recurren al trabajo comunitario, principalmente en las zonas ribereñas, para suplir la asistencia que debió brindarles tanto el Gobierno Central como el Municipal, ambos administrados por colorados. En el primer caso, el presidente de la República, Mario Abdo Benítez, dirige toda su atención a la inestabilidad de su Gobierno, marcado por una pésima reacción ante la crisis y por una histórica corrupción que caracteriza a su partido; en tanto que el segundo, Óscar Rodríguez, concentra sus esfuerzos en la campaña electoral.

Listas desbloqueadas y voto preferente

Estas serán las primeras elecciones con listas desbloqueadas que permitirán a los electores y electoras votar a un partido, disponiendo un voto preferencial para un candidato o candidata, lo que determinará el orden de la lista del partido o agrupación política.

En principio puede entenderse como una ventaja para el mayor acceso de  las mujeres a los cargos de poder, no obstante Carmen Echauri advierte que no todo depende del diseño electoral, sino del apoyo de las agrupaciones y del reconocimiento de la ciudadanía  a sus candidaturas. En este sentido, juega un importante papel la mirada de la sociedad hacia las candidatas como actoras políticas con autonomía en sus decisiones y con capacidad para gobernar.

Otro aspecto a tener en cuenta es que con las listas desbloqueadas se multiplicarán las campañas, debido a que los candidatos y candidatas de un mismo partido o agrupación, deberán competir primeramente entre sí para liderar las propuestas y luego ir a la instancia final, contra otros partidos.

Durante este proceso aparece otro riesgo para quienes se atrevan a enfrentar un sistema elaborado por y para hombres. Es la violencia política de género hacia las mujeres, que se activa como un mecanismo para desalentar su participación en las elecciones. Para Johanna, el camino para evitarlo son las campañas de educación, pero sobre todo que los partidos den una participación paritaria a sus miembros.

Si bien hubo varios intentos para contar con una Ley de Paridad para estos comicios, el Congreso Nacional, conformado en más de un 80% por hombres, primero se encargó de cercenar los artículos que apuntaban a corregir la desigualdad en el acceso de mujeres a cargos públicos y después se aseguró de que la propuesta sea archivada.

Consciente del privilegio de ser una mujer con una situación económica estable y disponibilidad de tiempo para sortear todos estos obstáculos y  presentarse en unas elecciones, Johanna siente una carga importante de la responsabilidad que implica su candidatura, además del compromiso que asume en nombre de todas las mujeres que no logran acceder a este tipo de espacios en sus respectivos partidos. Reconoce que en unas disputas electorales justas, ella debería confrontar sus propuestas también con las de otras mujeres.

Pero todo el trabajo que significa enfrentarse desde un partido minoritario ante la estructura manejada por una mayoría de hombres, no lo enfrenta sola, Johanna reconoce los esfuerzos de sus compañeras y compañeros, entre quienes se encuentran la secretaria general del Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Marciana Santander, y la ex secretaria general del Sindicato de Periodistas del Paraguay, Noelia Díaz.

Contribución a la agenda de las mujeres

Hace 26 años los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas acordaron en la Declaración y Plataforma de Acción Beijing en 1995, abogar por la promoción de los derechos de la mujer para llegar a la igualdad de género, el desarrollo y la paz en el mundo. Desde entonces varios países llevaron adelante proyectos para hacer efectivo este compromiso, pero de acuerdo a los datos estadísticos, como se evidencia más arriba, todavía faltan importantes avances para acercarse al objetivo.

Las mujeres que acceden a espacios de poder no necesariamente se sienten identificadas con las reivindicaciones de género, pero sin dudas, al salir de sus roles tradicionalmente asignados ayudan a visibilizar la agenda de las mujeres que buscan la igualdad y mejores resultados aún se pueden lograr con la participación de militantes feministas en la toma de decisiones.

Sobre este punto, Johanna primero aclara que si luchar por la igualdad entre hombres y mujeres es ser feminista, pues entonces lo es. En cuanto al contenido del programa de la alianza respecto a las necesidades de las mujeres, afirma que una de sus prioridades atender el derecho de las mujeres a la ciudad y de forma segura, que además implica trabajar en el mejoramiento del servicio de transporte público, en la utilización de espacios públicos y en el sistema de cuidados.

La posición de la candidata concuerda con los hallazgos de la cientista política Mala Htun, quien en su investigación Mujeres y poder político en Latinoamérica, encontró que mediante alianzas políticas femeninas se atendieron en la región proyectos sobre violencia doméstica, reproducción y el derecho de familia.

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