
*Por Paola Kolher
El día de la Psicología en Paraguay es un buen marco para repensar la hegemonía de la formación académica.
Ayer me preguntaron qué sería la salud mental pensada para las mujeres y después de pensar, de pensarnos, respondí que sería sacarnos de lo privado y lo manicomial, sería pensar a la salud mental como el derecho que tenemos las mujeres de ser cuidadas en nuestras comunidades, en nuestros territorios, de regresar y habitar lo colectivo como zona de contención, de sanación, como alternativa a la salud mental patriarcal y capitalista. Sería recuperar nuestros saberes locales que fueron descartados y negados por el mismo sistema.
La salud mental pensada por y para las mujeres, es la que reconoce la violencia histórica y la opresión entre otros, de la psiquiatría tradicional sobre nuestros cuerpos, que patologiza y adormece nuestro sufrimiento.
Recordé mi formación en la academia y contrasté con mi acompañamiento por fuera de la academia.
Dentro, debíamos aprendernos al dedillo, las nomenclaturas, los diagnósticos, debíamos aprender a interpretar y debíamos saber de problemas y soluciones.
Afuera, ya en mis conversaciones, acompañando a mujeres, no me sirvieron de nada. Hoy escribo pensando en ellas, pensando en mí, no como una única forma de acompañar o de escuchar, sino como otra forma más, pero al mismo tiempo criticando el adentro de la academia y reclamando la despatriarcalización de los diagnósticos.
En ningún lugar nos advirtieron de las consecuencias que tiene el amor romántico en nuestros cuerpos, en el sufrimiento y en la trampa mortal en que puede convertirse.
Pienso en todas las conversaciones con mujeres en el contexto terapéutico, mujeres gigantes, fuertes, valientes, inteligentes, amorosas, donde podían llevar el mundo por delante y a la vez sentirse completamente invalidadas dentro de sus relaciones amorosas.
Todas somos todas las historias, sólo que a veces el sufrimiento nos satura y podría hacernos olvidar de todas esas otras versiones que también somos.
El amor romántico es una de las tantas herramientas del sistema patriarcal, que se viste de depresión, de angustia, de ansiedad, de dependencia, de olvido y nos oprime dolorosamente. Cómo es posible que siga doliendo, cómo es posible que todavía no aprendimos a no “sufrir por amor”
Y en la academia no lo nombran y siguen los informes judiciales, forenses, los resultados de los test, los expedientes judiciales, los diagnósticos psiquiátricos, redactados con una total ausencia del enfoque de género, siguen hablando del SAP, siguen intentando mediar.
Una salud mental que por lo menos tenga incluida el enfoque de género en sus prácticas, podría reconocer que, en el mismo cuerpo de una mujer, víctima de violencia patriarcal -incluyendo al amor romántico- podríamos encontrar todas o algunas de las descripciones de los manuales de psiquiatría.
La salud mental feminista, está afuera, está en las comunidades, en cada reunión de dos o más mujeres que se encuentran y se escuchan.
La ternura y la escucha como revolución que nos recuerda que no estamos solas. Cada vez que nos juntamos, estamos ganando al patriarcado, que nos quiere solas y compitiendo entre nosotras.
Es urgente construir relaciones por fuera del amor romántico que nos enferma y nos mata, pese a que la Universidad no enseñe eso.