*Por Emilia Yugovich

2021: segundo año de pandemia; 11.411 muertes en Paraguay por covid; vacunas que no llegan; el históricamente escuálido sistema de salud pública desbordado. Desaparecidas que el estado no busca; niñas víctimas de abuso sexual que mueren al final de la tarde. Esto y más, es lo que nos desgarra todos los días.

Casi sin darnos cuenta, dentro de un ecosistema que sintoniza la idea de #ANRNuncamás, llegamos al día de las elecciones internas partidarias y simultáneas que se realizan en el marco de las elecciones municipales 2021. De manera subyacente a nuestras actividades cotidianas, se desarrollaron las campañas electorales a las que ni tanta atención hemos puesto. Claro, bien cargada está nuestra agenda de preocupaciones y tristezas diarias, que apenas notamos que vivimos un año electoral.

Lo novedoso es que esta vez están combinados dos factores objetivos; la incorporación de máquinas de votación, aunque no es la primera vez; y la implementación del sistema de listas cerradas y desbloqueadas, que sí es la primera vez. Lo dudoso es el impacto que esta combinación va a tener en la configuración de las fuerzas políticas. Las personas más escépticas dicen que no cambiará nada; otras, que este sistema debilitará la democracia; mientras que las más entusiastas no saben muy bien qué esperar. Lo cierto es que hay un enorme catálogo de candidatas y candidatos de todos los signos políticos que hoy, en el contexto de la “nueva normalidad pandémica”, navegan por el mundo de las redes sociales en busca de su electorado.

Caras de amistades viejas y nuevas, además de otras tantas que no conocemos, inundarán las pantallas de las máquinas de votación. También lo harán las caras de quienes conocemos y sabemos que son representantes de una cultura cuyas formas de gestionar la vida pública y de relacionarse con los demás, nos condujeron a vivir teniendo que soportar una sociedad estructuralmente injusta. En las últimas semanas, hemos visto a varias de esas caras huir de los escraches con los que en señal hastío, los recibían en algunos lugares.

La traducción electoral de ese hastío, de ese agotamiento, aún no la conocemos; pero podemos sospechar al menos que, al interior de las agrupaciones políticas las candidatas y candidatos en disputa terminarán con una suerte de peso específico: los votos que logren obtener. Mientras que en el escenario macro, sea cual fuere el resultado, se estarán sentando las bases sobre las que se planteará el 2023. Ese 2023 que en nuestros calendarios, está marcado como la oportunidad de disputar un proyecto país. Uno que busque la satisfacción de nuestros derechos y otorgue nuevos, allí donde no los hay.

El desafío de las fuerzas políticas que sintonizan esa frecuencia será el de encontrar los caminos de articulación, de poder construir una narrativa aglutinadora; para eso es necesario desarrollar la capacidad de leer en clave de estos tiempos, los códigos de relacionamiento que forman parte de una nueva oleada de la historia, que por cierto, aún está en construcción y requerirá todavía mucho esfuerzo. Por lo pronto, con un ojo en lo inmediato, nos queda decir alea iacta est.

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