Del total de personas que quedaron desempleadas durante el período más crítico de la cuarentena, el 70% fueron mujeres.
De acuerdo con datos oficiales tomados de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC), durante el primer trimestre de 2020 había alrededor de 3.321.000 personas con 15 y más años ocupadas en Paraguay. Para el segundo trimestre de 2020, luego de que se aplicaran las medidas sanitarias, el número se redujo a cerca de 3.133.000 personas, vale decir, se registraron casi 188.000 personas ocupadas menos. Alrededor de 131.000 fueron mujeres.
“La pandemia de la desigualdad, mujeres, empleo y respuestas pública para mitigar los efectos de la crisis” se denomina el informe que lanzó la Organización de las Naciones Unidas. El documento analiza el impacto que la crisis sanitaria, económica y social produjo en el área laboral de las mujeres paraguayas. Los resultados del trabajo evidenciaron, nuevamente, que las mujeres son las más afectadas cuando se contrae el mercado laboral.
Se observó que la tasa de fuerza laboral decayó tras la declaración de la pandemia y la adopción de las medidas de restricción. Por otro lado, cuando se inicia la recuperación ellas no logran superar la tasa de la fuerza laboral pre-pandemia. Además el promedio de horas trabajadas también disminuye drásticamente y eso tuvo y tiene un impacto negativo su capacidad de generar ingresos.
Principales hallazgos del estudio
La investigación construida en medio de la crisis sanitaria 2020/2021, inicia con la pregunta ¿Cómo estaban las mujeres antes de la pandemia?
La participación de las mujeres en el mercado de trabajo remunerado ciertamente ha aumentado de modo significativo durante las últimas décadas en Paraguay. Según datos oficiales la tasa de fuerza de trabajo femenina creció un 15,2% en un período de 20 años (2000-2019), pasando de 52,9 a 60,9. La tasa de fuerza laboral masculina, en cambio, se mantuvo más o menos estable durante el mismo período, con una muy ligera variación decreciente (pasó de 86,8 a 84,8 entre 2000 y 2019).
A finales de 2019, antes de las restricciones, la tasa de la fuerza de trabajo de las mujeres de 15 años y más se calculaba en 60,1, mientras que en el caso de los hombres llegaba al 85,0. El motivo principal de este desbalance se vincula con la división sexual del trabajo. Para las mujeres paraguayas que están fuera del mercado laboral, las principales razones que restringen la búsqueda de una actividad remunerada son la dedicación a las labores del hogar y los motivos familiares; algo que no sucede con los hombres, quienes generalmente dejan de buscar trabajo remunerado por motivos de estudio o enfermedad.
Así mismo se comprobó el desplazamiento de trabajadoras, de distintas categorías, que pasaron de una relación de dependencia y a ser cuentapropistas. En Paraguay, esta categoría laboral se encuentra mayormente asociada a actividades económicas caracterizadas por la precariedad y la baja productividad. En el último trimestre de 2020 se contabilizaron aproximadamente 103.000 trabajadoras más en el autoempleo que en el primer trimestre del año, lo que indica un crecimiento del orden del 27%.
La crisis, además, ha generado un deterioro de la calidad del empleo femenino. Entre el primer y el cuarto trimestre de 2020, el promedio de horas trabajadas habitualmente por las mujeres paraguayas pasó de 40 a 37,3, es decir, se redujo casi en un 7%, lo que significa una pérdida en su capacidad para generar ingresos.
La pandemia también provocó un incremento de la carga de trabajo no remunerado que habitualmente se encuentra a cargo de las mujeres debido a estereotipos de género. La promoción del aislamiento físico bajo la consigna “quédate en casa” implicó un retorno a la esfera privada y un aumento de las horas dedicadas al trabajo doméstico, al cuidado de las personas y al apoyo a la enseñanza de niños y niñas que dejaron de asistir a clases presenciales. Una encuesta realizada a familias en situación de vulnerabilidad, por ejemplo, reveló que para el 83,2% de las personas encuestadas aumentó la intensidad de las tareas domésticas y de cuidado en las casas durante la cuarentena (CDIA, 2020).
Al mismo tiempo, la disminución de los ingresos y el confinamiento doméstico trajeron aparejado un aumento de la violencia intrafamiliar. En 2020, la línea gratuita de contención y asistencia del Ministerio de la Mujer recibió 6.875 llamadas relacionadas con hechos de violencia hacia las mujeres, lo que representa 71,4% más llamadas que el año anterior.
“Cuando no se puede resolver, a través del mercado, las condiciones necesarias para acceder a un nivel básico de bienestar son las mujeres, en los hogares, quienes se tienen que ocupar de generar esas condiciones a través de trabajos no remunerados que se realizan en la esfera doméstica o apelando a diversas estrategias de supervivencia que por lo general se inscriben en los márgenes o bien por fuera de los limtites del mercado” señala el consultor e investigador, Patricio Dobrée.
Las trabajadoras domésticas también sufrieron el impacto del desempleo. En relación directa con estas trasformaciones aumentó la sobrecarga del trabajo no remunerado, de cuidado y la migración a actividades agropecuarias.
Acciones del Estado para mitigar el impacto de la pandemia
El Estado implementó una serie de medidas con el propósito de contener la crisis con programas como: el estímulo de la economía y el empleo, la gestión de préstamos para mitigar efectos de la pandemia, el financiamiento de obras públicas como estrategia para la generación de empleo, la asignación de diferentes subsidios o el desarrollo de programas de formación para la reconversión laboral.
Ante estas medidas se brindan una serie de recomendaciones y la principal tiene que ver pensar los programas desde una perspectiva de género para que contribuyan en la mejora de calidad de vida de las mujeres.
“Ahora bien frente a esta situación lo que se puede recomendar son políticas fiscales progresivas y presupuestos con enfoques de género para garantizar politicas sociales que aseguren el ejercicio de derechos”, Patricio Dobrée, consultor e investigador.
En el documento se señala que una de las insuficiencias detectadas fue la ausencia de una perspectiva de género que permita reconocer el efecto diferenciado que tienen las políticas públicas sobre hombres y mujeres. Si bien muchas mujeres han sido beneficiarias directas e indirectas de las medidas implementadas, un análisis más meticuloso de sus necesidades prácticas y estratégicas podría contribuir a transformar las estructuras que históricamente las ubican en una posición de desventaja.
El documento también alerta sobre posibles riesgos que se podrían presentar para avanzar hacia la igualdad de género y sugiere algunas recomendaciones para afrontarlos.
“La pandemia de la desigualdad, mujeres, empleo y respuestas pública para mitigar los efectos de la crisis” forma parte de las acciones de gestión de conocimiento en el marco de la respuesta socioeconómica ante el COVID-19 impulsado desde el PNUD Paraguay. El material fue revisado y validado por las siguientes agencias del Sistema de las Naciones Unidas en Paraguay: OIT, UNICEF, UNFPA y ONU Mujeres, y sus contribuciones han sido muy relevantes para la redacción del mismo.
*Fuente consultada para la realización del artículo
file:///C:/Users/Prensa/Downloads/LA%20PANDEMIA%20DE%20LA%20DESIGUALDAD.pdf