*Por Noelia Aceituno

Han pasado dos años desde la pandemia y ahora nos conformamos con sostener la vida. Antes teníamos proyectos, sueños y una confianza inocente, quizá supersticiosa, en que lo mejor estaba por venir. No vino nada. O sí. Pero peor o, con suerte, diferente.

Ahora nos encontramos con lo que somos después de esos dos años. Somos sombras, cansancio y ansiedad. Deambulamos. Somos lo que no fue. Somos lo que quedó tras el encierro. Nos hemos recompuesto y nos hemos levantado sobre unos cimientos que se balancean. Ahí nos sostenemos, casi como una carga, como la piedra que Sísifo levantaba sin alcanzar nunca la cima de la montaña.

Negrín dijo aquello de «resistir es vencer». Resistimos, ¿pero a qué?, ¿de quién es esta lucha?, ¿resistimos a nosotros mismos?, ¿por nosotros mismos?, ¿a pesar de nosotros mismos?, ¿para qué esta resistencia? Y si resistimos y vencemos, ¿cuál será la recompensa por ese aguante?

Sostenemos la vida. Vivir, algo inherente al ser humano, al ser vivo, se nos ha convertido en una tarea titánica. Sostenemos la vida. Se nos ha olvidado que vivir no es sobrevivir.

 

 

 

*Noelia Aceituno, periodista española, nos comparte una reflexión luego de dos años del inicio de la pandemia por COVID-19. ¿Te sentís identificada con el texto?

Ilustración: www.freepik.es/vector-premium/composicion-mujeres-jovenes-alegres-agitando-sus-manos-flores-hojas-primavera-ninas-multiculturales-rien-juntas-celebran-vacaciones-plano-dibujos-animados_11653806.htm

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