*Por Noelia Díaz Esquivel
En Paraguay hoy se celebra el DIA DE LA/EL PERIODISTA, desde Revista Emancipa extendemos nuestro saludos a todas y todos quienes ejercen la profesión, pero especialmente a las mujeres que revolucionan el periodismo.
La comunicación es una de las herramientas esenciales y más influyentes para extender y consolidar los procesos de cambio, y hacerlo a través de un periodismo con perspectiva de género, respetuoso de los derechos humanos se impone como una necesidad. Porque transversalizar la perspectiva del género en la práctica profesional permite no sólo cumplir con los objetivos de calidad de la profesión, sino también responder a las demandas de la sociedad en este proceso revolucionario. El ejercicio debe darse como declaración de principios, levantando la bandera del periodismo de calidad y crítico, un periodismo digno que trabaja a favor del bien común y en la defensa de los derechos humanos.

Hoy compartimos las reflexiones de varias representantes del periodismo y la comunicación nacional, quienes respondieron a la pregunta ¿Cómo es ser mujer periodista en Paraguay?
Susana Oviedo, dijo: “Ser periodista en Paraguay es una prueba diaria ante la sociedad, ante tus compañeros, ante los empleadores, ante tu familia. Es moverse entre los prejuicios de que esta es una profesión de hombres y el reclamo de condiciones laborales adecuadas a la maternidad (con horarios flexibles y licencias para acudir al pediatra), a la necesidad de actualizarse y procurar una formación continua, sin que por eso te miren mal y te obliguen a utilizar tus vacaciones para participar de un curso. Es tener que afrontar acosos –offline y online- directos o insinuaciones de tipo sexual de parte de algunos personajes en tus coberturas o que te observen tu vestimenta, aspecto físico o expresión, lo que no se considera cuando se trata de colegas hombres. Es tener que explicar a cada paso qué es la igualdad de género y poner en evidencia a tus compañeros, familiares y otros grupos sobre las actitudes sexistas y la misoginia que prevalecen en una sociedad fuertemente machista. Es abrirse paso con redoblado esfuerzo y sacrificio, todos los días”.
Por su parte Mónica Bareiro, hoy, desde su rol de comunicadora institucional señala que por múltiples razones, empezando por la precarización, empujan a las periodistas a desarrollar otro tipo de trabajo: la comunicación institucional. Si bien en las organizaciones la remuneración suele o puede, al menos, ser mejor que en los medios, este trabajo realizado mayoritariamente por mujeres es bastante bastardeado.
Mónica relata que las organizaciones, varias de ellas por no tener “fines de lucro” y alguna que otra laguna legal, establecen vínculos esclavizantes sin seguridad social, aguinaldo, vacaciones ni horarios. Se trata de una tarea que a diferencia del trabajo en los medios donde es exclusivamente periodística, tiene un alto componente administrativo, incluso de relaciones públicas donde el mayor valor de la profesional es su agenda de contactos.
“Las comunicadoras deben ser web masters, programadoras, comunity managers, desarrollar proyectos, contenidos, organizar eventos, sacar fotos, grabar videos, completar las listas de asistencia y al mismo tiempo, sonreír para el componente de RRPP. ¿Está mal? No, por supuesto que no. Pero la realidad es que en la mayoría de los casos no está bien pago, no se tiene IPS, e incluso se debe lidiar con directivos que al no venir del mundo del periodismo, esperan maravillas de parte de las profesionales o no respetan los espacios de la vida privada y sus tiempos”, añade Bareiro.
Para Lida Duarte, “ser mujer periodista en Paraguay es una gran oportunidad para incorporar una perspectiva de género en la calidad de los materiales informativos y opinativos, en consonancia con el avance de una comprensión más amplia de los derechos humanos. Sin embargo, esta responsabilidad y compromiso implica un sobreesfuerzo en medio de una falta de paridad en la distribución de cargos, la persistente precarización laboral y la permanencia de una línea editorial que responde al sistema patriarcal”.
Mientras que Cristina Martínez admite que todavía, “lo que más le cuesta a una periodista en nuestro país es ser tenida en cuenta en cargos dentro de los medios de prensa. Son muy pocas quienes logran acceder a un puesto de liderazgo como una dirección o gerencia”.
La periodista Belén Irazusta señala que ser periodista mujer en Paraguay es “lidiar a diario con absurdos estereotipos de belleza, que continúan siendo más importantes que la capacidad y el profesionalismo. Seguir soportando entornos laborales hostiles, por el acoso constante de los pares o superiores masculinos, que por “deporte” perpetúan prácticas machistas que te empujan a someterte por necesidad, hasta que un día simplemente des un paso al costado. Pero también es territorio ganado de muchas colegas, que supieron posicionarse, liderando espacios que antes eran impensados. Por tanto, ser periodista mujer en Paraguay, es seguir dando pelea para lograr la tan ansiada igualdad, esa es la consigna”.
Por último Mónica Bareiro recuerda que la mayor conquista de los y las periodistas en el Paraguay fue el contrato colectivo, pero a pesar de sus años de vigencia, todavía es vulnerado por medios de comunicación firmantes. “¿Pero será imposible soñar con una regulación que proteja realmente a los trabajadores? Tal vez otra característica de los y las periodistas es el idealismo y paso a hablar en primera persona porque sí, yo me animo a soñar con una regularización del trabajo con mínimas garantías que nos ayuden a vivir tranquilas y que la supervivencia deje de ser un padecimiento”.
¡Por todo este esfuerzo tan grande, feliz día a todas!
¡El periodismo será feminista o no será!