- Por Sole Duré
Madonna y Rihanna en este último mes fueron víctimas de un sinnúmero de críticas en las redes sociales, tabloides y portales virtuales de comunicación. Ambas, cantantes y divas del pop, suscitaron una serie de comentarios que nos muestran un factor común: la violencia de género.
Si, esa palabrita tan satanizada pero que ha servido para confirmar que vivimos en una sociedad discriminatoria y desigual y que lo hace basándose en el género asignado social y culturalmente a las personas.
En una sociedad como la nuestra, capitalista y patriarcal, existen ciertas normas que deben ser cumplidas para “merecer” respeto y ser considerada una “mujer de bien” o una mujer realizada. Estas normas están presentes en diferentes ámbitos en los cuales las mujeres nos desenvolvemos, muchas veces con mucho esfuerzo. El show business, es uno de ellos y podemos ver que para ser una artista consagrada hay que ser mujer cis, blanca, heterosexual, joven, sin hijos/as (al menos sin mostrarlos mucho) y nunca de los nunca, aparecer embarazada.
La industria musical es fiel reflejo de la cultura imperante y una de las herramientas poderosas para reafirmar desigualdades y discriminaciones. Por esto, íconos del pop tampoco pudieron escapar de esta máquina que todo lo traga.
Madonna de un tiempo a esta parte, y sobre todo en la última entrega de los Grammys, fue objeto de miles de comentarios y de titulares en los cuales se habla de su aspecto, de lo que debe o no hacer artísticamente según su edad, en cómo debe vestirse y si cuanto botox usó o no, comparándola con otras colegas que, según estos comentarios, envejecieron con más “dignidad” (sería interesante saber qué entienden por dignidad). Ella no se quedó callada y respondió en sus redes acusando a estos comentarios como edadistas, término que refiere a los prejuicios basados en la edad.
Por su parte, Rihanna después de varios años de ausencia en los escenarios volvió con un show en el half-time del Super Bowl que fue muy esperado por la fanaticada. Pero la lluvia de comentarios negativos invadió nuevamente las redes sociales ya que la sorpresa de la performance fue que apareció embarazada y lo mostró al mundo entero. Que no bailó, que se movía poco, “que no le puso onda”, que para qué volvió si está embarazada de nuevo, que su oufit no estaba bueno, que por qué mostraba así la panza, etc.
En fin, otra vez, un público y los medios masivos indignados y ofendidos por lo que consideraron un descaro o una afrenta al tipo de shows que están acostumbrados a ver (cuerpos jóvenes, capacitados, sexys y todo lo que más arriba señalábamos). La sociedad espera que las mujeres embarazadas permanezcan encerradas y considera que sus cuerpos no son sensuales ni deseables, sino más bien grotescos y que no deben ser exhibidos con orgullo como lo hizo Rihanna.
Si nos fijamos en estas críticas nos damos cuenta que no se mide con la misma vara a los hombres del mundo de pop. Podemos ver a Mick Jagger, a Steven Tyler y a Iggy Pop, por ejemplo, dando piruetas en el escenario mostrándose como quieren y son alabados. O bien observando que en los shows de los hombres no hay exigencias de que bailen y canten para ser bien calificados.
Estos dos casos son notorios ya que fueron ampliamente difundidos, pero es lo que nos pasa de manera exponencial a millones de mujeres en cada espacio en el cual intentamos convivir. Si les pasa esto a las divas del pop imaginen lo que nos pasa a las simples mortales. Cada espacio es un campo de batalla y aunque la realidad de las estrellas del pop esté lejos de nosotras, muchas veces sirve como catalizadora y como develadora de lo que nos pasa día a día.
Ojalá Madonna y Rihanna vengan algún día a Paraguay. Que así sea.