*Por Laura Morel
@Srta_Lau
Primero fueron las jugadoras de futsal, ahora son las de fútbol de campo. El gremio de futbolistas se hace cada vez más fuerte con acciones y ya no solo sueños y deseos.
The Wall Street Journal publicó en exclusiva el martes que la FIFPRO (Federación Internacional de Futbolistas Profesionales) envió en octubre pasado una carta al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, firmada por jugadoras de 25 selecciones nacionales, entre las que figuran las campeonas del mundo Estados Unidos, Alemania, Japón y Noruega.

En dicha carta piden a la FIFA que promulgue tres propuestas para “establecer un camino para que las futbolistas tengan perspectivas económicas viables a través del alcance, los recursos y los compromisos legales ya declarados de no discriminación de la FIFA”.
Las propuestas son:
1. Establecer un marco equitativo de regulaciones y condiciones como viajes, tamaño de la delegación, lugares de entrenamiento e instalaciones para los Mundiales masculinos y femeninos, incluido el mismo premio económico.
2. Tener garantía de que recibirán al menos el 30% del premio económico del Mundial, “para que nuestro deporte continúe desarrollándose profesionalmente” (esto, porque muchas jugadoras no tienen acuerdo con sus federaciones nacionales, a las que FIFA paga premios por disputar el Mundial).
3. Un convenio colectivo global vinculante con la FIFA que consagre esos compromisos.
La carta, que según The Wall Street Journal está marcada como “Confidencial”, no pone una fecha límite para el cumplimiento de las propuestas, ni amenaza con un boicot u otra sanción si las mismas no se adoptan.
“Usted, como FIFA, ha declarado que ‘el fútbol femenino es la mayor oportunidad de crecimiento del fútbol hoy en día, y sigue siendo una de las principales prioridades de la FIFA. Aunque el juego ha crecido exponencialmente en todos los niveles, la pasión y la creciente popularidad del deporte ofrece un gran potencial sin explotar”, recuerdan las jugadoras a Infantino.
Así como también aseguran que el fútbol sigue siendo “profundamente desigual” para las jugadoras, muchas de las cuales incluso disputan el Mundial “como amateurs o semiprofesionales, lo que socava su preparación y, a su vez, la calidad del fútbol que vemos en la cancha”.
Diferencias económicas
Según su propia proyección, la FIFA gastaría 435 millones de dólares para organizar el Mundial Australia-Nueva Zelanda 2023, lo que representa menos de una cuarta parte de lo que gastó en Qatar 2022.
Sobre los premios económicos a repartir, la diferencia es todavía más grande. En el último Mundial Masculino fue de 440 millones de dólares. Para el Mundial Femenino sólo se sabe que al menos se duplicaría la cantidad de 2019, que fue de 30 millones de dólares.
Es por eso que las futbolistas también aprovechan la carta para mencionarle a Infantino que esas grandes sumas de dinero que se distribuyen en el Mundial Masculino hacen que las federaciones y los países prioricen el apoyo a sus equipos masculinos sobre los femeninos.

En Norteamérica
El Mundial del 2019, realizado en Francia, batió todos los récords en cuanto a asistencia de público y visibilidad (1.100 millones de espectadores en todo el mundo, triplicando los números desde 2011) en la historia del fútbol femenino.
Lo ganó Estados Unidos, que con su cuarto título mundial a cuestas reforzó su campaña con total -y merecido- derecho de pedir a su Federación igualdad de premios y salarios que la selección masculina. Después de una larga y mediática disputa, las jugadoras lo consiguieron.
Canadá, otra referencia en fútbol femenino y campeona olímpica en Tokio 2020, inició una campaña similar en febrero, contando incluso con el apoyo de la selección masculina. Aun así, en principio no tuvo suerte y las jugadoras incluso se vieron obligadas a disputar un torneo (She Believes Cup) bajo amenaza por decidir ir a huelga.
Finalmente las presiones lograron, primero, que el presidente de la federación canadiense de fútbol se viera obligado a renunciar, luego, el tan deseado -y merecido- acuerdo de igualdad económica entre las selecciones femeninas y masculinas en cuanto a premios y recursos.
En Paraguay, vale recordar, las diferencias todavía siguen siendo enormes y probablemente estamos lejos de emular las disputas ganadas por las jugadoras de Estados Unidos y Canadá. Pero en la pasada Copa América ya comenzamos a ver señales con el gesto de nuestras albirrojas durante la entonación del Himno Nacional previo a un partido.

El fútbol femenino está creciendo y merece el mismo trato que tanto promociona la mismísima FIFA.