
*Por Clemen Bareiro Gaona
Hace unas semanas leí un artículo de Manuela Bares en Revista Emancipa en el que relataba, a través de una experiencia, la historia de muchas de nosotras. Me caló tan profundo que hizo que reviviera momentos, anécdotas mías. Sin embargo, seguía sin animarme a escribir.
Pasaron los días y Revista Emancipa publicó otro artículo, esta vez de Alejandra Iriarte, en el que nuevamente me vi y reconocí. Pensé, mientras tomaba el café de la mañana, cómo es posible que estas compañeras de territorios tan distintos y lejanos al mío – o no – hayan vivido lo mismo.
Entonces siguieron los días y mi cabeza y mis recuerdos no me dejaban tranquila y otra vez me llevaron a otro artículo, de otra compañera, Verónica Lucía. Así me di cuenta que seguía cuidando a los otros, al otro, porque “la contradicción principal” nunca contempla a las mujeres, porque los temas que tienen que ver con nuestros cuerpos no están dentro de los considerados importantes y si denunciamos o relatamos nuestras experiencias le estamos “haciendo el juego a la derecha”.
Desde entonces me pregunto cada día qué significa que un compañero de lucha, revolucionario y amante te diga “el día que engordes tanto como para que la gente te escuche sin mirarte el culo o por lo linda que sos, será el día en que sepamos si sos o no inteligente”.
Me pregunto si somos capaces de hablar con nuestros compañeros, de interpelarles, de incomodar a ese orden patriarcal que es transversal a las ideologías y organizaciones sociales, político-partidarias, gremiales, etc. Cada día que pasa me afirmo más en mi condición de feminista, porque el feminismo en el que creo combate a todas las opresiones, no sólo a las que vivimos las mujeres.
A medida que pasan los días voy recordando y vuelve a mi mente el relato que me hizo un camarada: “estábamos en el Comité Central y un compañero campesino preguntó por qué estabas alejada del partido. Se levantó el compañero y explicó que ustedes cogían, que cogieron una vez y que vos te confundiste, que te explicó que tenía una relación abierta con su compañera y que entonces, como te confundiste, te alejaste del partido”, ese supuesto único cojo duró en realidad 4 años.
Así puedo relatar muchas historias, mías o de otras compañeras, que también son mis historias. Como la de Manuela, la de Alejandra o la de Vero. Pero no me quiero quedar en esos relatos, quiero cruzar esa línea. Siento, a medida que escribo, que me libero y lo que me gustaría en verdad es hacer una invitación a las compañeras, a los compañeros que revisemos nuestras relaciones, nuestros vínculos, nuestras prácticas y cómo y desde dónde juzgamos, ¿desde dónde nos juzgamos?
Muchos años sentí que era la única responsable del lugar en el que me ubiqué y además, con muchísimo temor de que “la derecha aproveche” mi dolor o mi poca inteligencia o mi debilidad para dar una embestida a la “izquierda revolucionaria”.
¿Cómo hacemos para que la revolución a la que aspiramos nos vea a todas, a todos, a todes, o no nos excluya mientras la hacemos?
¿Cómo hacemos para que las compañeras y compañeros no tomen estos escritos como ataques? Y que, al contrario, se revisen y miren y vean y escuchen y trabajen las contradicciones que son propias de este sistema que oprime en la clase, en el género, en el pueblo de donde somos.
te amo! sos la mejor compañera de vida de la vida!
Yo te amo a vos amiga
This is a good blog, happy every day
Muy interesante!!!
Interesante planteamiento
Gracias Clemen! Súper valioso y necesario tu reflexión, ojalá podamos revisarnos entre compañeros y compañeras, muy necesario
Hermoso texto!